Javier Gracia, Carola Orrego, Juan Antonio Blasco
En este capítulo se explica la necesidad de evaluar la implementación de las GPC y se exponen algunas claves para dicha evaluación. Preguntas que pretende responder el capítulo:
Presentamos aquí una revisión breve de la evaluación de la implementación de las GPC. Esta evaluación es necesaria para todos los grupos de interés de la GPC (grupo elaborador, implementadores, profesionales y pacientes) porque permite conocer si las estrategias puestas en marcha para implementar la GPC han tenido éxito.
Se debe identificar desde el principio, en el plan de implementación, qué es lo que debe ser evaluado, qué información debe recogerse, las fuentes de información y los instrumentos para recogerla, así como el diseño más apropiado para la realización de esta evaluación.
En la fase de elaboración de la GPC, un elemento importante a considerar es la factibilidad de las recomendaciones y los indicadores clave que nos ayudarán a monitorizarlas para evaluar su implementación. De esta forma se dispone de un punto de partida común en el que el grupo implementador puede basarse para iniciar la evaluación, con posibilidad de evaluar aquello que queremos medir, en lugar de evaluar únicamente lo que podemos medir, “dadas las circunstancias”. Por otro lado, para apoyar este proceso es útil contar con profesionales familiarizados con la metodología de investigación y evaluación que nos ayuden en el diseño.
Las evaluaciones a nivel local son importantes para determinar las próximas fases en los esfuerzos por implementar las GPC, creándose un proceso cíclico. En dichas evaluaciones es también necesario considerar si queremos que los resultados se mantengan a lo largo del tiempo. Esto se relaciona con la fase final de Graham et al.(1):“manteniendo el uso del conocimiento en marcha”, y señala la necesidad de crear una cultura organizacional que alimente la adherencia a las GPC(2).
La implementación de una GPC puede afectar tanto al proceso asistencial como a los resultados alcanzados con dicho proceso. Cuando se está diseñando la evaluación, debe decidirse qué componentes se quiere medir. Hakkennes y Green(3) revisaron la efectividad de intervenciones basadas en GPC, para identificar los tipos de resultados presentados y los métodos utilizados para medir los cambios logrados. Los resultados encontrados fueron agrupados en cinco categorías: dos a nivel de paciente, dos a nivel de los profesionales de salud y una a nivel de la organización o del proceso. Estas categorías se presentan en la tabla 5.1.
Tabla 5.1. Categorización de los resultados a evaluar(3)
Nivel de paciente
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Investigaciones posteriores en la medición de resultados en relación con la implementación de GPC nos permitirán entender qué tipo de resultados deben ser evaluados en función de las circunstancias particulares. Por ejemplo, aunque el objetivo último de una GPC sea mejorar los resultados en salud (nivel de paciente), cuando una GPC aborda un comportamiento clínico sobre el cual hay fuerte evidencia de que dicho comportamiento se correlaciona con el o los resultados de salud que interesan, puede ser suficiente con observar si el cambio en la práctica diaria del profesional ocurre. En cualquier caso, se están desarrollando cada vez más, en función de áreas específicas de atención sanitaria, medidas de resultado estandarizadas de utilidad global.
Siempre se ha de considerar una revisión de las medidas que puedan ser utilizadas en nuestra evaluación; existen organizaciones internacionales que se han dedicado a la identificación y creación de repositorios de indicadores. Más adelante se comentan algunos de ellos.
Al ser las GPC parte integral de la mejora de la calidad asistencial, la medición y evaluación de su implementación debe reflejar uno o más de los dominios que definen una asistencia sanitaria de calidad, entendiendo como tal una atención “segura, efectiva, centrada en el paciente, a tiempo, eficiente y equitativa”(4).
Los indicadores son elementos que nos van a permitir la medida de estos dominios. Un indicador es un elemento medible del desarrollo de la práctica para el cual hay evidencia o consenso de que puede ser utilizado para evaluar la calidad de la atención prestada(5).
Los elementos clave a evaluar para determinar el resultado de la implementación de una GPC tienen que ver con la evaluación de la estructura, el proceso y los resultados de su utilización mediante estos indicadores.
Respecto a la evaluación de la estructura, la cuestión clave se refiere a si se han dispuesto los recursos humanos y físicos requeridos o necesarios para implementar las recomendaciones de la GPC. Esto tiene que ver no sólo con los equipos, instrumentos y profesionales requeridos; también con la estructura de la organización, cambios organizativos y cualificación o formación del personal sanitario. Todo ello está relacionado con la forma en que los recursos han sido distribuidos y la manera en que se ha organizado la aplicación de las recomendaciones e intervenciones que se derivan de una GPC.
La evaluación del proceso nos permite conocer cómo está funcionando el plan de implementación, y se centra en saber qué se hace y quién lo hace. Se trata de información fundamental para determinar cómo ha resultado el plan de implementación en cuanto a la mejora de la aplicación de las recomendaciones, y cómo puede mejorarse o qué nuevas estrategias de implementación se pueden plantear.
La evaluación del resultado está dirigida a identificar los cambios que han ocurrido en los pacientes como resultado de la aplicación de la GPC, comparándolos con los resultados que se esperaban. Idealmente los referidos al efecto de la adherencia a las recomendaciones en términos de resultados en salud medibles, sobre todo a corto plazo.
El objetivo de los indicadores clave en este caso es determinar si los beneficios que se derivan de la implementación han merecido la pena respecto a los costes y recursos utilizados, y en cuanto a mejoras en los resultados en salud(6).
A la hora de poner en marcha la evaluación de la implementación de la GPC se debe considerar, por un lado, la necesidad y las posibilidades de recogida de datos; por otro, las herramientas que nos puedan facilitar la ejecución de la evaluación, tal y como veremos más adelante. Es evidente que la utilización de datos que se recogen de forma rutinaria dentro de la práctica sanitaria facilitará todo el proceso de evaluación y minimizará los costes.
Los resultados en salud son una pieza importante en el proceso de evaluación pero no la única. Hay factores estructurales, como los recursos humanos y materiales, y del proceso, como los conocimientos y las habilidades, que pueden ser importantes. Por ejemplo, en la evaluación de una GPC para el manejo del dolor que depende del control analgésico del paciente, puede requerirse una evaluación del número de bombas de infusión disponibles (estructura) y de la formación de las enfermeras para incrementar su conocimiento acerca del manejo del dolor (proceso). De hecho, los datos recogidos para la evaluación de estructura y proceso permiten explicar resultados que se pueden considerar negativos tras la aplicación de la GPC. Siguiendo con el ejemplo anterior, si no se ha conseguido reducir los niveles de dolor, los datos estructurales pueden indicar que no había suficientes bombas en las unidades, que no se llevaron a cabo los programas educativos necesarios, o que fueron inefectivos a la hora de proveer conocimientos sobre el manejo del dolor para enfermería.
Los resultados clave suelen ser fáciles de identificar respecto a las recomendaciones establecidas por la GPC. Los indicadores deben ser un número reducido (dos o tres) y deben ir dirigidos a la valoración clara de los beneficios principales derivados de la implementación de la GPC. Es recomendable utilizar criterios de selección de indicadores relacionados con los datos que ya hayan sido utilizados y probados anteriormente o en estudios similares. Preferiblemente, deben ser indicadores estandarizados, relacionados con la intervención y con los resultados en salud mediante los que se pretende evaluar el impacto de la implementación de las recomendaciones de la GPC.
Los indicadores clave deberían surgir de los objetivos principales que se persiguen al implementar la GPC, considerando la población a la que va dirigida así como los recursos requeridos.
Se deben tener en cuenta los temas relacionados con la recolección de datos e información necesaria para el cálculo de los indicadores propuestos para cada elemento, así como las dificultades que puede plantear la obtención de la información. Entre los participantes (actores) que pueden estar implicados en este proceso está la propia administración sanitaria, gestores y grupos de profesionales de la salud.
La figura 5.1 refleja cómo a la hora de seleccionar los indicadores clave se deben considerar las estrategias de implementación propuestas y pensar en la evaluación que se va a llevar a cabo en función de los objetivos de la GPC, sin olvidar los recursos y actores que serán necesarios para la obtención de la información necesaria para la evaluación.
Figura 5.1. Aspectos a tener en cuenta en la selección de indicadores
De forma general podemos decir que hay cuatro categorías fundamentales dentro de los potenciales indicadores clave para la evaluación de la implementación de una GPC: la organización, el proveedor, los pacientes/familiares y los costes.
La tabla 5.2, que figura a continuación, se puede utilizar como guía para identificar indicadores de estructura, de proceso y de resultado; y contiene algunos ejemplos de los mismos para las categorías citadas.
Tabla 5.2. Guía para la identificación de indicadores clave
Indicadores para evaluación de la implementación de GPC |
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|---|---|---|---|
Categoría |
Estructura (lo que se necesita) |
Proceso (cómo hacemos) |
Resultado (qué ocurre) |
| Organización / Unidad | • Estabilidad organizacional • Cultura y soporte para el cambio • Mecanismos de aseguramiento calidad • Procedimientos • Espacios físicos • Equipamiento |
• Desarrollo/modificación de políticas y procedimientos • Diagramas |
• Logro de objetivos para la mejora de resultados en el paciente • Logro de objetivos para condiciones específicas |
| Proveedor | • Número y cualificación del personal • Ratio personal/paciente • Roles • Programas educativos |
• Actitudes hacia las GPC • Conocimientos/ niveles de habilidades |
• Asistencia a programas educativos • Adherencia a GPC • Número de evaluaciones realizadas • Número de tratamientos adecuados • Satisfacción del profesional |
| Paciente/ Familiar | • Características del paciente (demográficas/nivel de riesgo) • Implicación en toma de decisiones |
• Actitudes hacia las GPC • Aceptación de la fa milia/comunidad • Conocimiento de la familia/comunidad |
• Resultados físicos, psicológicos, sociales • Salud de la familia • Satisfacción con la asistencia recibida • Acceso |
| Costes | • Costes de personal y recursos adicionales re queridos • Nuevo equipamiento |
• Costes de las estrategias de implementación • Educación del personal/ pacientes |
• Costes incrementales de innovación, incluidos productos y fármacos • Crecimiento del Servicio • Estancia • Número de pruebas diagnósticas, intervenciones • Visitas a urgencias, % de reingresos |
Adaptado de: Registered Nurses Association of Ontario. Toolkit: Implementation of clinical practice guidelines. Toronto, Canada: Registered Nurses Association of Ontario; 2002(7).
En los anexos 4 y 5 de este manual se presentan dos modelos de ayuda para el diseño e identificación de indicadores.
Existen indicadores propuestos por la Agencia estadounidense para la investigación en calidad y cuidados de la salud, AHRQ (Agency for Healthcare Research and Quality), que resultan muy útiles en la evaluación (www.qualitymeasures.ahrq.gov).
Otro recurso disponible e interesante es el sistema de monitorización Oryx, iniciativa de la Comisión conjunta para la acreditación de organizaciones sanitarias (Joint Commission on Accreditation of Healthcare Organizations) (http://www.jointcommission.org/). Este sistema, basado en datos de la actuación, incluye indicadores básicos de proceso y resultado de la práctica clínica que pueden facilitar la evaluación de la implementación. En la selección de indicadores han colaborado asociaciones profesionales internacionales, proveedores de servicios de salud, asociaciones profesionales, asociaciones de consumidores y expertos en metodología de la calidad.
Una organización destacada en la elaboración de indicadores en guías de práctica clínica es el Instituto estadounidense para la mejora de los sistemas clínicos, ICSI (Institute for Clinical Systems Improvement) (http://www.icsi.org), que propone una batería de indicadores clave vinculados a unos objetivos priorizados para cada problema clínico asociada a cada guía de práctica clínica.
Otras instituciones en nuestro contexto, como la Fundación Avedis Donabedian (FAD) (http://www.fadq.org/), tienen experiencia en el diseño y definición de indicadores clave para la evaluación de la calidad asistencial que nos pueden ser útiles en la evaluación. Uno de los modelos propuestos por la FAD para definir indicadores se presenta en el anexo 5.
La evaluación de la implementación se basa, como hemos visto, en la evaluación de los resultados obtenidos tras la implementación de las GPC. Otro aspecto que debe tenerse en cuenta son las técnicas de recogida y las fuentes de información que se utilicen para evaluar el impacto de la implementación.
Existe una gran variedad de técnicas de recogida de información para medir los resultados obtenidos con una GPC. Entre ellos, se han descrito los siguientes(3):
Además, es posible recurrir a las siguientes fuentes de datos:
Jennet et al.(8) hacen una descripción útil de algunos de estos métodos. Cuando haya que decidir la técnica de recogida o la fuente de datos, se debe verificar si las medidas permitirán obtener la información deseada.
Se debe tener en cuenta la necesidad de recurrir a un comité de ética en función del tipo de información a recoger, el diseño del estudio, el número de centros participantes y los objetivos de la evaluación.
En general, la información clínica recogida y los datos utilizados para la determinación de los indicadores mediante los que se evalúa la implementación de las GPC deben estar codificados para garantizar la confidencialidad.
Respecto a la recogida de información para la determinación de los indicadores relacionados con medidas de percepción o conocimiento en pacientes o en los profesionales sanitarios, es recomendable disponer de tasas altas de respuesta. Idealmente se debe alcanzar un 75%. Cuanta menor sea la tasa de respuesta, más difícil resultará conocer la representatividad o el sentido de los resultados. Las estrategias para mejorar las tasas de respuesta podrían estar relacionadas con los recursos e incentivos disponibles para la evaluación. En cualquier caso, los cuestionarios o datos a recoger deben ser lo más simples y breves posible para mejorar no sólo la tasa de respuesta, sino la calidad de la información y, por tanto, la utilidad y representatividad del indicador. Durante la recogida y el cálculo de datos para determinar los indicadores es necesario identificar cualquier factor que pueda suponer un sesgo y tratar de tenerlo en cuenta como un factor potencial que puede condicionar los resultados.
Para tomar decisiones basadas en la evidencia acerca de la implementación de guías, los responsables de implementarlas deben estar informados sobre la efectividad y la relación coste efectividad de las distintas intervenciones, sobre los posibles modificadores del efecto esperado y sobre los recursos necesarios para realizar la intervención, cuestiones a tener en cuenta también en la evaluación.
Existe poca literatura en relación al diseño, conducción y análisis de la evaluación de intervenciones tan complejas como las que implican la implementación de guías de práctica clínica(9).
Según los objetivos que se persigan, se pueden utilizar diferentes métodos y diseños para evaluar el efecto de las actividades o intervenciones de implementación. Se debe decidir no sólo qué es factible, sino también qué grado de detalle se requiere. Por ejemplo, una evaluación puede llevarse a cabo para conocer el efecto de una intervención en un proyecto en particular, en un determinado contexto o, a la inversa, podría realizarse para informar sobre cierto conocimiento científico en cuanto a la efectividad de una intervención. Este último abordaje requerirá un estudio con un diseño más complejo(10) que garantice la validez interna del estudio, de tal manera que esa intervención pueda resultar útil en otros entornos.
Por lo tanto, los diferentes diseños de evaluación dependen de si queremos probar el progreso en la implementación de las GPC y cambios en el proceso de atención en un/os centro/s: mejora de la calidad; o si queremos proveer información o conocimiento sobre el valor de una nueva estrategia o intervención para la implementación de una GPC: investigación sobre la efectividad de las intervenciones.
En el primer caso, el principal objetivo es establecer si los cambios deseados han sido alcanzados; en el segundo, lo importante es que los efectos puedan ser atribuidos fiablemente a la intervención. Para el segundo caso podemos decir que para atribuir los efectos de un estudio a una intervención que tiene como objetivo conseguir la aplicación de la evidencia de una GPC, se necesitan evaluaciones que obtengan estimaciones no sesgadas de sus efectos. Estas estimaciones son particularmente necesarias para informar las decisiones políticas mayores y a largo plazo(11).
Sin embargo, los recursos para la realización de estas evaluaciones son limitados y en algunas ocasiones puede resultar imposible su realización.
Muchas decisiones relacionadas con estrategias de implementación se refieren a proyectos más prácticos, programas o proyectos pequeños y concretos, tales como programas de mejora de la calidad en un centro específico o en un servicio clínico en concreto(4), pero también pueden desarrollarse a gran escala, por ejemplo en todos los hospitales o centros de Atención Primaria de una región(11).
Existe un amplio rango de diseños de estudio que podrían ser utilizados para la evaluación de la implementación de GPC, y la elección de uno u otro dependerá del objetivo de la evaluación y del grado de control que los investigadores quieran tener sobre la intervención.
Los diseños de estudio utilizados se clasifican usualmente en función de este control sobre la intervención(6): experimentales (estudios de intervención) y observacionales(12). A continuación se presentan estos diseños.
Estos estudios, en el contexto de la implementación de GPC, permiten ayudar a esclarecer el proceso de modificación del comportamiento de los profesionales(13).
Por definición, los estudios observacionales examinan la variación natural entre los participantes de un estudio para explorar los efectos de las intervenciones en los resultados y en los factores asociados(14).
En los estudios observacionales se pueden distinguir dos grupos de estudios, las evaluaciones descriptivas y las evaluaciones comparativas(14):
Como ejemplo, se presenta un estudio de Varonen et al.(21), que llevaron a cabo un ensayo multicéntrico controlado y aleatorizado en centros sanitarios, para evaluar el impacto del programa de implementación de una GPC en el manejo de la sinusitis maxilar aguda en el contexto de Atención Primaria. Los centros fueron aleatoriamente seleccionados para implementar la GPC, bien de acuerdo a una metodología de aprendizaje basado en problemas (trabajo en grupos, facilitado por un tutor local, basado en escenarios clínicos), bien por un método de visitas educativas facilitadas por los médicos de familia locales; había también controles externos. Los resultados mostraron que la implementación de la GPC contribuyó a cambios menores en las prácticas recomendadas y que no había diferencias significativas entre los dos métodos de implementación. Menos de la mitad de los centros participantes fueron capaces de abordar el proyecto como se dijo, disminuyendo por tanto la validez interna del estudio. Los autores sugirieron que aproximaciones más centradas en los problemas y las prácticas de cada centro de salud podrían haber mejorado los resultados.
Los diseños cuasi experimentales son útiles cuando existen barreras políticas, prácticas o éticas para conducir un ensayo aleatorizado. Bajo estas circunstancias los investigadores tienen menor control sobre la asignación de la intervención y tienen que realizar una evaluación ad hoc para la intervención propuesta(17). Existen diferentes tipos de diseños de estudios cuasi experimentales(12,17), pero los más utilizados para la evaluación en estudios de implementación son los siguientes:
A continuación, el algoritmo 5.1, presenta un árbol de decisión que puede facilitar la selección de los diseños presentados, en función de los objetivos requeridos en la evaluación(12,14,17). Además, en el anexo 2 se presentan ejemplos de algunas experiencias con diseños como los presentados en este capítulo.
Algoritmo 5.1. Alternativas en diseños de estudio para evaluar estrategias de implementación de GPC(13,14,18)

Tradicionalmente, la evaluación de la atención sanitaria se ha realizado considerando a un sujeto individual como la unidad de intervención y análisis, como por ejemplo un ensayo clínico parar evaluar la eficacia de un tratamiento con un medicamento. En las evaluaciones de la implementación de GPC suelen ser unidades de intervención un grupo en un área geográfica o una organización. Los individuos no existen de forma aislada, y los cambios en las políticas sanitarias o en las organizaciones son usualmente implementados dentro de áreas o a nivel de un servicio clínico o centro sanitario. Esto hace que debamos considerar este punto cuando hagamos evaluaciones del efecto de la implementación de GPC(12).
Además, desde el punto de vista práctico (factibilidad de realizar evaluación de este tipo de intervenciones), existen múltiples razones que hacen que la evaluación basada en grupos o clusters puede ser apropiada(25):
Estas razones justifican que las evaluaciones basadas en áreas u organizaciones puedan requerir la asignación de los individuos a diferentes grupos de intervención. Esto necesariamente implicaría reconocer el cluster (organización, área) como la unidad de intervención o asignación, justificar el uso del cluster como unidad de intervención o asignación, incluir un número suficiente de clusters (evitar estudios con menos de cuatro clusters por grupo), aleatorizar los clusters siempre que sea posible y utilizar métodos de análisis que tengan en cuenta las consideraciones comentadas previamente(13,27-31).
Un ejemplo de estudio que considera el cluster como una unidad de análisis es el ensayo de Althabe et al.(32), donde se pone en marcha una estrategia de implementación para la atención del parto y alumbramiento. Se realiza la aleatorización de 19 hospitales (10 para la intervención y 9 para control), y se reconoce el cluster (hospital) como unidad de análisis.
Última actualización: marzo 2010


