Susana Lorenzo, Eduardo Briones, Carola Orrego, Alberto Romero, Eva Frigola
En este apartado se describen algunas claves para potenciar el papel de grupo elaborador de la GPC (GEG) en el establecimiento de prioridades que faciliten el uso de la guía. Aunque se ofrece información sobre barreras, factores facilitadores y estrategias que favorecen la utilización de GPC, en él no se aborda el diseño de un plan de implementación.
En el apartado también se ofrece información sobre la prueba piloto de la GPC y se aportan algunas estrategias para la difusión general de la guía.
En muchos casos el esfuerzo y los recursos invertidos en la elaboración de guías no se ven reflejados en su utilización por parte de los profesionales sanitarios o en cambios sustanciales en la calidad asistencial y en los resultados en salud de la población diana1,2. Esta situación se pone de manifiesto cuando la elaboración de una guía no va acompañada de un proceso simultáneo que facilite la utilización y la aplicación de las recomendaciones.
En las publicaciones originales sobre metodología para la elaboración de guías, Field y Lohr ya destacaban que las "guías de práctica clínica no se implantan solas" y que si se quiere que una guía sea efectiva, el proceso de implantación debe ser consistente y planificado3. Por ello, en los últimos años ha habido un gran interés por avanzar en el conocimiento de la efectividad de los métodos de introducir en la práctica clínica las recomendaciones emanadas de la GPC. Así, diversos agentes del entorno sanitario científico, político y de gestión han promovido líneas de trabajo para evaluar los factores que determinan el uso de las guías, desde el enfoque clínico adecuado hasta sus métodos de desarrollo, de difusión y de implementación4,5.
El término implementación es el más aceptado para referirse a la introducción de la evidencia científica en la práctica en un entorno clínico. Según Grol y cols., la implementación corresponde a un proceso planificado para la introducción de manera sistemática de una innovación o de cambios de valor probado, para ser llevados a cabo en un entorno concreto a distintos niveles de decisión (servicio clínico, organización o sistema sanitario). Un proceso adecuado para favorecer el uso de las guías pasa por la identificación de barreras y de factores facilitadores, el planteamiento de objetivos y el establecimiento de métodos o estrategias idóneos al entorno y a los problemas identificados6.
En este manual se ha considerado pertinente incluir este apartado no con un enfoque dirigido a dar claves para la elaboración de un plan de implementación, sino para que en él se valoren aquellos aspectos que pueden ser interesantes de analizar durante el proceso de elaboración de la guía, para mejorar su calidad y facilitar su uso.
También se pretende potenciar el papel del grupo elaborador en el establecimiento de prioridades de implementación y en la identificación de posibles barreras en su aplicación, de forma que el grupo elaborador de una GPC se plantee desde el inicio las potenciales barreras y factores facilitadores que pueden influir en la utilización de la guía por parte de los profesionales sanitarios.
Si bien puede ser objeto de un apartado independiente, se ha considerado conveniente abordar también en este apartado la prueba piloto de la GPC, ya que se asume que probar la guía con sus usuarios finales antes de su publicación contribuye a mejorar la calidad de la guía y por lo tanto puede facilitar su uso.
Muchos de los aspectos que el grupo elaborador debe considerar para garantizar la calidad de la GPC ya se han descrito en cada uno de los apartados previos de este manual. Sin embargo, dado que las propiedades de una GPC pueden influir en la adhesión de los profesionales a su utilización, en este punto se presenta un breve resumen con los principales aspectos del diseño que pueden influir en la implementación de estas guías. En la tabla 8.1 se recogen algunos aspectos que se deben tener en cuenta al plantear la implementación de las GPC:
Tabla 8.1. Aspectos del diseño de las GPC que se deben considerar para minimizar las barreas internas en la implementación de estas guías
Existe evidencia científica que confirma la importancia del formato de la guía en la implementación7,8. Tiene gran relevancia tanto el lenguaje utilizado como la forma de redacción (recomendaciones claras y precisas). Directamente relacionado con esto están también estos factores:
Los miembros del grupo elaborador, como conocedores a fondo del problema objeto de la GPC y de las posibles barreras para su adopción en un determinado medio, deben colaborar desde el inicio en el diseño de estrategias para la implementación. Para ello, es importante considerar aquellas estrategias que se han mostrado eficaces y la efectividad de cada forma de abordarlas. En el anexo 15 (versión pdf, 62 kb)se presenta un esquema de las estrategias disponibles para la implementación de una GPC, en el que se describen con más detalle las intervenciones sobre profesionales. Se puede obtener más información sobre el resto de intervenciones en la página web del grupo de práctica efectiva de la colaboración Cochrane10 (EPOC: Effective Practice and Organization of Care), y también en español en el manual del proyecto CPP11 (Cambiar la Práctica de los Profesionales).
Los expertos plantean que la elección de una intervención u otra se debe realizar tras analizar las barreras y los facilitadores para aplicar la guía. Esta tarea no es fácil, ya que actualmente la investigación es incompleta en este terreno para poder saber qué estrategia es especialmente útil ante determinadas situaciones, y en nuestro medio no hay mucha información sobre qué intervenciones pueden ayudar a implementar una guía en cada escenario concreto6,12. En cambio, sí se puede revisar la bibliografía sobre efectividad general de las técnicas de implementación para aspectos concretos, y existen excelentes revisiones disponibles sobre la efectividad de estas estrategias4,6. En una de ellas, en la cual se revisaron 235 estudios sobre la efectividad de los métodos de implementación, se muestra que las intervenciones más eficaces son los sistemas de recordatorio, los materiales educativos, la auditoria y la retroalimentación o feedback a los clínicos4.
En la tabla 8.2 se presentan las estrategias que más se han evaluado en estudios y su efectividad. Por ejemplo: se sabe que son útiles los recordatorios a profesionales y a pacientes o las campañas sanitarias dirigidas al público para actividades de prevención4,13. Como se puede observar en la tabla, el efecto de las diversas estrategias es habitualmente moderado, y en la práctica clínica se consiguen mejoras de un 10% por término medio. Estas mejoras, aunque en términos absolutos pueden considerarse escasas, están en el rango habitual de mejoría que puede producir cualquier medicamento porque van dirigidas a muchas personas14.
Tabla 8.2. Efectividad de algunas estrategias de diseminación e implementación de guías4.
| Estrategia de Diseminación e Implementación | Mejora Absoluta (mediana de las comparaciones) |
|---|---|
| Materiales Educativos | +8.1%, rango: +3.6% a +17% |
| Auditoría y Retroalimentación | +7.0%, rango: +1.3% a +16% |
| Recordatorios | +14.1%, rango: –1% a +34% |
| Multifactoriales (incluyen visitas educativas) | +6%, rango: –4% a +17,4% |
Es importante recalcar que no hay una estrategia de mejora que vaya a funcionar en todos los casos, sino que la utilidad de cada una de ellas vendrá dada por la interacción de diversos factores: el tipo de cambio que se pretende conseguir, el lugar donde se quiere implantar, y las barreras y los facilitadores existentes. A continuación se recogen otros elementos que deben tenerse en cuenta en la elaboración de una guía.
En general, las guías de práctica clínica comprenden grandes áreas clínicas y por este motivo a menudo contienen un número de recomendaciones considerable, lo cual es necesario para responder a muchas de las preguntas que se pueden plantear los profesionales en el manejo de un proceso clínico. Sin embargo, quienes usan las guías necesitan organizar y priorizar las recomendaciones que se pretenden implementar.
Para ayudar a tomar estas decisiones, los profesionales que participan en la elaboración de guías deberían identificar las recomendaciones que probablemente tendrán más alto impacto en la atención y en los resultados de salud de los pacientes. Existen diferentes criterios que deberían ser utilizados para seleccionar estas recomendaciones clave, aunque pueden variar en función del proceso clínico de que se trate, los más importantes son:
Por tanto, en la redacción de la guía las recomendaciones más relevantes deben ser identificables y contener claves para la evaluación posterior de su cumplimiento, tal como recoge el Instrumento AGREE15.
Las recomendaciones deben ir matizadas por un profundo conocimiento del contexto donde se van a aplicar y de los recursos disponibles. La representatividad geográfica de los miembros de la guía, de los colaboradores expertos y de quienes realizan la revisión externa puede ayudar. No se puede recomendar el uso de una técnica o de un tratamiento que realmente no esté disponible en la práctica habitual, a no ser que se establezca de forma explícita una recomendación expresa de derivar pacientes al centro regional o nacional de manejo de dicha patología o que se realice una aclaración sobre su disponibilidad.
De forma general y sin perjuicio de lo que en el ámbito local posteriormente sea factible, sería recomendable establecer de forma realista qué papel debe realizar cada profesional en la atención de cada paciente. Fundamentalmente debe definirse el papel de los profesionales de atención primaria y de atención especializada, y la relación entre ambos niveles. Esto puede facilitar la asignación de responsabilidades en el nivel local, aunque es importante la participación de los distintos niveles asistenciales en el desarrollo de la guía para que los profesionales se sientan representados y su trabajo se vea reflejado en el documento, y evitar así posibles resistencias posteriores.
También se deben definir escenarios o circunstancias que requieran la coordinación o la actuación secuencial en los diferentes niveles asistenciales. Por ejemplo, el paciente con demencia además de ser tratado en atención primaria, es seguido por el servicio de neurología hasta que en fases avanzadas es remitido a medicina interna o geriatría, o a servicios y sistemas de cuidados paliativos.
El manual del Instrumento AGREE recoge la importancia de la elaboración de indicadores y señala que medir la adhesión a la guía puede mejorar su uso. Esto requiere definir claramente los criterios que se deben tener en cuenta derivados de las recomendaciones principales de la guía. La guía deberá ofrecer un listado de criterios sobre los que la implementación de las recomendaciones pueda ser auditada y monitorizada. Estos criterios deberán estar unidos a una recogida rutinaria mínima de datos en hospitales o en asistencia primaria.
Los criterios representan aquello que se desea o que se propone lograr como fruto de la intervención de forma objetiva. Deben basarse en información contrastable, han de ser comprensibles y fácilmente cuantificables. Habitualmente se enuncian en positivo.
Un indicador es una medida cuantitativa que puede usarse como guía para controlar y valorar la calidad de las actividades16, es decir, la forma particular (normalmente numérica) en la que se mide o evalúa una recomendación, y hasta qué punto se cumple, pero teniendo en cuenta que puede haber más de un indicador para cada recomendación.
Los indicadores se pueden clasificar de muchas formas, pero si se acude a la clasificación más conocida de Donabedian17, se pueden agrupar en: estructura, proceso y resultado.
El desarrollo y el uso de indicadores es un tema complejo. Aunque existen infinidad de posibles indicadores para evaluar cada una de las recomendaciones que incluye una guía, interesa acotar un grupo de indicadores que permita la evaluación a lo largo del tiempo y la comparación con otros centros118.
Es importante tener presente que, en la práctica, los indicadores disponibles no son perfectos y constituyen una aproximación de una situación real19. Su objetivo es proporcionar información útil para facilitar la toma de decisiones. El conjunto de indicadores no es más que la representación explícita o implícita de las expectativas de funcionamiento de cualquier sistema20.
Para que un indicador sea útil debe ser21:
La elaboración de un indicador requiere la definición precisa de todos sus términos:
El término estándar hace referencia al grado de cumplimiento exigible a una recomendación y se define como el rango en el que resulta aceptable el nivel de calidad. Dado que determina el nivel mínimo que comprometería la calidad, también puede entenderse como el conjunto de maniobras diagnósticas y terapéuticas indicadas sobre su proceso en cada situación22,23. Por ejemplo, el 100% de los pacientes intervenidos deben tener el consentimiento informado en la historia clínica antes de iniciarse la intervención. La verdadera utilidad del estándar es, por tanto, la posibilidad de comparación con un valor mínimo aceptable. En algunos casos como el del ejemplo, el estándar es el 100%.
Teniendo en cuenta que el indicador ideal no existe, los métodos para la selección de criterios y de indicadores deben combinar las mejores evidencias científicas con la opinión de los expertos. Desde este punto de vista se pueden considerar tres grupos de criterios/indicadores:
Así pues, la GPC debe desarrollar los principales indicadores para medir su uso. Para ello se elegirán las intervenciones basadas en la evidencia científica y el mejor resultado de coste-efectividad o aspectos clave organizativos que a juicio del grupo elaborador deban ser monitorizados. El indicador debería salir redactado y con su fórmula definitiva, y no sólo esbozado para evitar interpretaciones en su utilización y garantizar la homogeneidad en su uso. También se mencionará la forma de tomar las muestras para su cálculo y la periodicidad de medición del indicador, así como los datos poblacionales para los denominadores que se usarán (prevalencia de enfermedades, etc.).
Una guía de práctica clínica, como cualquier otro instrumento que sirva para transmitir información, debe ser comprensible por otras personas. Por ello las GPC antes de su publicación deben haber sido probadas por sus usuarios finales.
Para poder obtener información válida, es aconsejable que se inicie la prueba piloto a pequeña escala, y paso a paso. Se pueden seguir varias estrategias, por ejemplo escoger una población especialmente motivada para el cambio, definir una línea de actuación y evaluar el proceso. Esto es decisivo para desarrollar una implementación a gran escala, y facilitará información sobre como adaptar esas estrategias que la evidencia científica nos dice que son efectivas a la situación real de nuestro entorno.
Al mismo tiempo implica activamente en el cambio al sujeto sobre quien recae la acción de adaptar la nueva información, pues no se percibe el cambio de una forma invasiva, sino como algo que se va incorporando poco a poco y probando su funcionalidad.
En ocasiones puede resultar de utilidad la técnica de los ciclos de mejora de Shewhart, conocido por el acrónimo en inglés como PDCA, que corresponde a las iniciales en inglés de Planificar, Hacer, Evaluar y Ajustar. El punto de partida de esta técnica es concebir la prueba piloto de una idea en ciclos (no todo a la vez), e ir modelando la idea basándose en los resultados obtenidos. A continuación se describe cada uno de sus elementos:
Finalmente, se podrá recopilar la información obtenida en la prueba piloto y valorar los cambios que sea necesario introducir, tanto en la guía como en el esquema de implantación.
Las guías deberían ser presentadas en un formato y con un estilo adecuados a la población diana. Cuando la población de una guía es variada, su formato debería adaptarse a todos los grupos de usuarios (niveles asistenciales y especialidades).
Es importante que durante el desarrollo de una GPC, la población diana sea consciente de que se está desarrollando la elaboración de una guía o revisando una ya existente.
Se puede utilizar gran variedad de métodos para informar a profesionales y a pacientes sobre la disponibilidad de la GPC: medios de comunicación locales, regionales o nacionales, a través de asociaciones profesionales y sus publicaciones, presentación en reuniones y en congresos científicos, contacto con asociaciones de pacientes, inclusión de publicidad en revistas científicas, contacto con profesorado o con estudiantes de pre y post-grado, líderes o autoridades locales que promuevan la guía o entrevistas en medios de comunicación.
Actualmente en España, a través del Catálogo de GuíaSalud se puede realizar difusión de GPC que cumplen unos criterios de calidad, y llegar a los profesionales del Sistema Nacional de Salud. En concreto en España y en el marco general de GuíaSalud convendría realizar:
Todos estos aspectos han de considerarse a priori, y por ello resulta imprescindible la coordinación entre el Ministerio de Sanidad y Consumo y las Organizaciones de servicios de las distintas CCAA implicadas.
La GPC debe aportar los principales indicadores de implementación. Para ello se elegirán las intervenciones basadas en evidencia científica de calidad y el mejor resultado de coste-efectividad, o aspectos clave organizativos que a juicio del grupo elaborador deban ser monitorizados. El indicador debería salir redactado y con su fórmula definitiva y no simplemente esbozado.
El grupo elaborador de la GPC debe tener presente los siguientes criterios del Instrumento AGREE sobre implementación, incluidos en el área de aplicabilidad:
Tabla 8.1. Aspectos del diseño de las GPC que se deben considerar para minimizar las barreas internas en la implementación de estas guías (27 kb)
Tabla 8.2. Efectividad de algunas estrategias de diseminación e implementación de guías (18 kb)
Anexo 15. Estrategias de implementación de una guía de práctica clínica. (pdf, 62 kb)
Última actualización: 10 de noviembre de 2008

