En la población infantil y adolescente con SP y en la mayoría de los que tienen OB, el mantenimiento del peso se considera un objetivo aceptable hasta que el IMC esté por debajo del P85 (de las tablas del CDC78), a no ser que presenten comorbilidades o estén por encima del P99, en cuyo caso se requiere una pérdida de peso gradual que no debería exceder de 400 g al mes en menores de 2 a 5 años y de 800 g a la semana en menores y adolescentes de 6 a 18 años213. El seguimiento del perímetro de la cintura, estimador indirecto del contenido graso visceral, también debería considerarse en el tratamiento de la OB infantojuvenil, aunque no todos los estudios proporcionan datos al respecto. En España existen referencias nacionales publicadas214.
Se han evaluado distintas intervenciones en el estilo de vida para el control del peso en niños y niñas y adolescentes, como son: consejo sobre nutrición y actividad física, tratamientos conductuales, disminución de las actividades sedentarias y apoyo social o psicológico. Hasta la fecha las intervenciones combinadas (dieta, ejercicio y modificación conductual) son las que se han mostrado más efectivas, especialmente si los padres y las madres están involucrados en el tratamiento43,44,53,88. Muchos de los estudios se han llevado a cabo en consultas externas especializadas, dependientes de hospitales universitarios, siendo, en líneas generales, de baja calidad metodológica.
En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad:
En la población pediátrica se han estudiado varias propuestas dietéticas para promover la pérdida de peso entre las que se incluyen: dietas bajas en calorías y otras que modifican alguno de los macronutrientes (dietas ricas en proteínas, ricas en fibra, con índice glucémico bajo o pobres en grasas). La dieta más utilizada dentro de los programas con intervenciones combinadas es la Traffic Light Diet (TLD)215. Los alimentos se clasifican en tres categorías que se corresponden con los colores del semáforo: los alimentos «verdes» contienen 0-1,9 g de grasas por plato, los «amarillos» 2,0-4,9 g y los «rojos» 5 g o más. El objetivo es promover el consumo de alimentos «verdes» y disminuir la de los «rojos», de acuerdo con la pirámide alimentaria216-218 (ver anexo 3). Hasta la fecha no se han realizado estudios que comparen esta dieta con otra, aunque las intervenciones combinadas (con actividad física y terapia conductual) que han utilizado esta dieta han mostrado mejorías moderadas en el SP a los cinco y diez años postintervención219-221.
Se han identificado varias RS con estudios que evalúan la eficacia de la intervención nutricional para el SP y la OB pediátricas, aunque la mayoría también incluyen otras intervenciones. En este apartado se evalúan, por tanto, intervenciones en las cuales el principal componente es el nutricional.
Una RS (37 ECA, 51 estudios observacionales) evaluó intervenciones con un componente dietético para tratar a niños y niñas y adolescentes con SP u OB222. La mayoría de los estudios incluían actividad física, terapia conductual, terapia cognitivo-conductual o disminución de la actividad sedentaria como componentes de la intervención y las dietas evaluadas fueron hipocalóricas, traffic light diet, dietas con restricción de grasas y ligeras variantes de éstas. Las edades de los participantes fueron de 3 a 18 años. Tanto los ECA (2.200 pacientes) como los estudios observacionales (6.000 pacientes) mostraron un alto grado de heterogeneidad y baja calidad metodológica, aunque en las intervenciones dietéticas se obtuvo una pérdida de peso relativa a corto plazo en comparación con control o varias combinaciones de tratamientos. Los autores concluyeron que no existe suficiente información para determinar la efectividad de las intervenciones dietéticas a largo plazo o para recomendar una dieta específica. A pesar de que se realizó un metanálisis con ocho ECA que mostró una disminución significativa en el peso después de la intervención en comparación con la no intervención (DME -1,82, IC 95%, -2,4 a -1,23), sus resultados podrían no ser fiables por la baja calidad de los estudios incluidos.
Otra RS incluyó estudios (aleatorizados o no) que evaluasen intervenciones dietéticas en niños y niñas o adolescentes con obesidad con un grupo de comparación42. Se incluyeron intervenciones dietéticas, junto con actividad física o terapia conductual, siempre que los grupos de tratamiento se diferenciasen solamente en las intervenciones dietéticas, que fueron divididas en cuatro categorías: dieta pobre en hidratos de carbono (≤20 g o ≤10% del total de calorías), dieta con nivel medio de hidratos de carbono (45% a 50% de calorías), dieta con índice glucémico bajo y dieta pobre en calorías. Finalmente sólo se incluyeron nueve estudios, de baja calidad y de corta duración. Las dietas pobres en hidratos de carbono y con índice glucémico bajo fueron tan efectivas como las hipocalóricas para la pérdida de peso a corto plazo, pero ningún estudio proporcionó información sobre el control de peso a largo plazo. A esta misma conclusión llegó otra RS que incluyó también estudios realizados en personas adultas y solamente un ECA en adolescentes223.
Las intervenciones nutricionales fueron evaluadas en una GPC53, aunque el número reducido de estudios, su baja calidad y sus limitaciones metodológicas dificultan la extracción de conclusiones válidas sobre las distintas dietas, por lo que esta guía remarca la necesidad de llevar a cabo ECA de larga duración en la población pediátrica con OB evaluando las distintas dietas. La GPC de NICE43 concluyó que el requisito principal para un abordaje dietético para el control del peso consiste en una reducción en la ingesta total energética. Cualquier dieta recomendada debería ser consistente con otros consejos sobre comida sana.
Se ha sugerido una asociación entre las dietas y el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, aunque no se ha podido establecer una relación causal directa. Esta asociación parece común en grupos con restricciones dietéticas moderadas o graves224 o entre aquellos con conductas dietéticas poco saludables225, según refiere la guía de la Canadian Medical Association53. Algunos estudios indican que intervenciones para la pérdida de peso administradas profesionalmente plantean un riesgo insignificante de precipitar trastornos de la conducta alimentaria225-227.
| 1- | Los estudios identificados de intervención nutricional en niños y niñas y adolescentes con SP u OB son de corta duración, escasa calidad y no evalúan la pérdida de peso a largo plazo, por lo que se desconoce qué dieta es la más efectiva para el tratamiento del SP y la OB pediátricas42,222,223. |
| 1- | Las dietas pobres en hidratos de carbono y con índice glucémico bajo se han mostrado tan efectivas como las hipocalóricas para la pérdida de peso a corto plazo42. |
| √ | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, se recomienda realizar una dieta sana y equilibrada siguiendo la pirámide de la alimentación saludable. |
| √ | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, la intervención dietética no debe ser una actuación aislada, sino que debe llevarse a cabo en el contexto de un cambio en el estilo de vida, que incluya ejercicio físico, tratamiento conductual y abordaje familiar. |
| √ | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, la ingesta energética debería ser inferior al gasto energético, teniendo en cuenta que los cambios en la dieta deben ser consistentes con la alimentación saludable e individualizados. Se recomienda no utilizar dietas restrictivas y desequilibradas porque no son efectivas a largo plazo y pueden ser peligrosas. |
| √ | Los consejos en los cambios dietéticos deberían ser llevados por profesionales de la salud que habitualmente atienden a la población infantil y juvenil. |
| D | Los profesionales encargados del cuidado de menores y adolescentes con sobrepeso u obesidad deberían prestar especial atención a la presencia de factores de riesgo o signos de trastornos de la conducta alimentaria. |
En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad:
La realización de ejercicio físico en personas con SP u OB es beneficiosa para reducir el peso y para el control de otros factores de riesgo vascular especialmente si se asocia a intervenciones para la modificación de la dieta228.
Una RS (14 ECA, 481 participantes) mostró que un ejercicio aeróbico (de 155 a 180 min/semana) de moderada-alta intensidad es efectivo para reducir la grasa corporal en niños y niñas y adolescentes (media de edad 12 años) con SP u OB (DME del % de grasa corporal de -0,4, IC 95%, -0,7 a -0,1), favoreciendo la práctica de actividad física229. No obstante, no se observaron cambios significativos en el peso corporal (diferencia media ponderada -2,7kg, IC 95%, -6,1 a 0,8) ni en variables relacionadas con la OB central (DME -0,2, IC 95%, -0,6 a 0,1). Los estudios incluidos evaluaron la efectividad de la actividad física sola o en combinación con otras intervenciones.
Un ECA aleatorizó 53 menores de 12 años con IMC>P95 de una misma escuela a clases de gimnasia orientadas a mejorar el estilo de vida y la forma física (14 estudiantes en cada clase) o bien a las clases de gimnasia habituales (con 35 a 40 estudiantes)230. A los nueve meses se observaron disminuciones significativas en el porcentaje de grasa en el grupo de tratamiento, en comparación con el inicio del estudio y con el grupo control. A pesar de que también hubo mejorías en la forma física cardiovascular (VO2 máx) y en los niveles de insulina en ayunas en el grupo de tratamiento, no se observaron cambios significativos en el IMC. Diecisiete de estos 53 menores fueron aleatorizados a un año más de tratamiento y evaluados después del paréntesis del verano231. Los resultados obtenidos en comparación con los de junio del año anterior mostraron que los beneficios obtenidos con la intervención durante el curso escolar se perdieron durante el paréntesis escolar.
El IMC de 28 adolescentes (de 11 a 16 años) con OB tampoco se redujo después de un programa de ejercicio físico con el apoyo de técnicas cognitivo-conductuales. Este ECA (81 participantes) tenía como objetivo principal valorar el efecto del ejercicio físico en variables psicológicas y, secundariamente, en el IMC y otras variables, como el aumento del ejercicio físico232. Los participantes fueron aleatorizados al grupo de terapia con ejercicio físico (con ejercicios aeróbicos de intensidad moderada), al grupo placebo con ejercicio físico más suave o bien al tratamiento habitual. A las 28 semanas hubo diferencias significativas en las puntuaciones medias ajustadas en la escala de autovaloración física (physical self worth) entre el grupo de terapia de ejercicio y los otros dos grupos (diferencia media 0,23, p=0,04) pero no hubo cambios significativos en el IMC en ninguno de los grupos.
Algunos estudios muestran que el ejercicio físico puede mejorar el estado de salud y comorbilidades asociadas en los menores con OB233,234, como por ejemplo, sus niveles de insulina, de forma que la realización de ejercicio físico disminuye los factores de riesgo cardiovascular. Para alcanzar la forma cardiovascular y aeróbica adecuadas, el entrenamiento debería ser en intervalos de intensidad variable235.
| 1+ | Los programas de actividad física en niños y niñas y adolescentes para el tratamiento del SP u OB no se han mostrado efectivos para la disminución del IMC en comparación con la actividad habitual232. No obstante, los estudios disponibles muestran que la actividad física puede disminuir temporalmente el porcentaje de grasa corporal229,230 y factores de riesgo cardiovascular233,234. |
| √ | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, se recomienda aumentar la actividad física espontánea más de una hora al día para la pérdida de peso y la salud cardiovascular (jugar al aire libre, participar en las tareas domésticas, ir al colegio o instituto caminando, subir y bajar escaleras en lugar de utilizar el ascensor, etc.). |
| √ | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, se recomienda la realización de ejercicio físico adecuado a la edad y al interés del menor o adolescente, empezando lentamente y aumentando de forma progresiva la intensidad y su duración. |
El sedentarismo, especialmente el tiempo dedicado a la televisión y los videojuegos, así como el uso del ordenador se han asociado con la OB en niños y niñas y adolescentes236,237. El tiempo dedicado a la televisión favorece la ingesta calórica por dos factores: el aumento del consumo de comida durante el mismo y la exposición a los anuncios que favorecen su consumo238-243. En este apartado se revisa la eficacia de la disminución de la actividad sedentaria para el tratamiento de la OB infantojuvenil, aunque la información identificada con únicamente esta intervención es escasa.
Una RS (12 estudios) valoró la eficacia de las intervenciones dirigidas a limitar la conducta sedentaria en niños y niñas y adolescentes (de 8 a 12 años) para conseguir un cambio de conducta y un control del peso244. Seis de los estudios se realizaron en un entorno clínico y seis de ellos fueron estudios preventivos de base poblacional. La duración de las intervenciones fue muy variable, la mayoría de entre seis semanas y dos años y el seguimiento, entre cuatro semanas y un año. Los resultados muestran que estas intervenciones redujeron la conducta sedentaria y mejoraron el peso de forma modesta. Puesto que los mensajes dirigidos a disminuir la conducta sedentaria se combinaron con otras intervenciones, no es posible estimar la magnitud del cambio de peso debida a estos mensajes.
Treinta menores de 8 a 12 años con IMC>P85 fueron aleatorizados a una intervención que consistió en monitorizar la actividad física realizada y premiarla con tiempo de televisión o bien al grupo control, al que solamente se monitorizaba la actividad física245. A las ocho semanas se observó un aumento significativo del tiempo de actividad física y una disminución de la conducta sedentaria en el grupo de intervención en comparación con el grupo control. Además, la reducción del sedentarismo se asoció con disminuciones en el peso (r=0,70, p<0,001), en el IMC (r=0,54, p<0,05) y en las calorías procedentes de una dieta grasa (r=0,68, p<0,001).
La guía de NICE43 concluye, a partir de estudios llevados a cabo en los EE.UU., que el manejo de la conducta sedentaria es tan efectivo como la promoción de la actividad física en el control del peso de menores con OB de edades entre 8 y 12 años, dentro de un programa especializado de control del peso.
| 2- | El tiempo dedicado a la televisión y los videojuegos se ha asociado con la presencia de obesidad en niños y niñas y adolescentes236,237. |
| 1+ | Las intervenciones para disminuir la actividad sedentaria en menores (de 8 a 12 años) son efectivas, reduciendo de forma modesta el IMC y el sedentarismo244,245. |
| 1- | La disminución del sedentarismo es efectiva para reducir la ingesta calórica245. |
| D | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, se aconseja limitar las horas de televisión o videojuegos a un máximo de 1,5h al día con el objetivo de reducir el sedentarismo. |
| B | En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad, se recomienda reducir el sedentarismo para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad infantojuvenil. |
| √ | Se recomienda retirar la televisión, las videoconsolas y los ordenadores de las habitaciones de niños y niñas y adolescentes con sobrepeso u obesidad. |
En este apartado se describen algunos estudios con intervenciones psicológicas aisladas, aunque la mayor parte de los estudios identificados con intervenciones psicológicas forman parte de intervenciones combinadas y por ello se evalúan en el siguiente apartado.
El tratamiento dietético habitual fue comparado con una intervención consistente en ocho citas con una dietista formada en técnicas conductuales para que el menor y la familia llevasen a cabo cambios en el estilo de vida246. En este ECA fueron aleatorizados 134 menores de 5 a 11 años con un IMC≥P98. El IMCz, que fue la variable principal, no mostró diferencias significativas entre ambos grupos desde el inicio a los seis o doce meses, aunque se observaron beneficios significativos en la actividad física y la disminución de la conducta sedentaria a favor del grupo de intervención.
La efectividad de la terapia cognitiva-conductual fue evaluada en un ECA en el que 47 adolescentes (media de edad 14,5±1,6 años, IMC 30,9±4,2) fueron aleatorizados al grupo de intervención (diez sesiones semanales de terapia cognitiva- conductual y cinco sesiones telefónicas quincenales) o al grupo control (sin tratamiento)247. En comparación con el grupo control, en el de intervención se observaron cambios significativos en el IMC (intervención -1,3±0,4, control 0,3±0,3), el peso (-1,9±1,0 kg y 3,8±0,9, respectivamente), la grasa corporal (- 1,5±0,9 kg y 2,3±0,9) y una disminución en el consumo de bebidas azucaradas.
Un programa de tratamiento grupal, con promoción de un estilo de vida sano y la implicación de la familia, fue comparado con el tratamiento habitual (dos consultas individuales con personal de enfermería) en 70 menores de 7 a 9 años con OB (con un peso para la talla del 120% al 200%)248. La intervención consistía en 15 sesiones de 90 minutos para progenitores e hijos separadamente, en las que se aconsejaba la dieta sana, el ejercicio físico y se ofrecían técnicas conductuales, sin control específico del peso. A los seis meses se observó un cambio en el peso para la talla de -6,8 (IC 95%, -8,9 a -4,7) en el grupo del programa grupal en comparación con el grupo de tratamiento habitual (-1,8, -3,9 a 0,4).
Un ECA249 evaluó la eficacia de añadir una «terapia de aventura» a un programa cognitivo-conductual de control de peso en adolescentes con SP. La terapia de aventura se dirige a aumentar la autoestima apoyándose en los compañeros para promover el cambio que permita desarrollar un mayor nivel de agilidad y coordinación física. Se aleatorizaron 76 adolescentes de 13 a 16 años (con SP del 20% al 80%). Ambos grupos atendieron 16 sesiones semanales y 4 mensuales de la misma intervención cognitivo-conductual, se les prescribió una dieta hipocalórica y se les animó a aumentar la actividad física. Además, el grupo control realizaba una sesión semanal de ejercicio aeróbico y el grupo de intervención, una sesión de «terapia de aventura», con actividades de grupo consistentes en retos mentales y físicos con el objetivo de desarrollar habilidades sociales y autoconfianza. A los diez meses, el 35% del grupo de tratamiento presentó una pérdida de peso de ≥4,5 kg en comparación con el 12% del grupo control.
En relación al tratamiento psicológico, la GPC de NICE43 concluyó que la terapia conductual puede ser más efectiva que el tratamiento convencional y puede tener mejores resultados en menores y adolescentes de 6 a 16 años si padres y madres tienen la responsabilidad para el cambio de conducta. Por lo que respecta a la comparación de esta terapia con la resolución de problemas, NICE concluyó que la información es contradictoria. Tampoco mostraron resultados consistentes los estudios de terapia cognitivo-conductual evaluados en NICE ni otras técnicas psicológicas como el refuerzo contingente o el control de estímulos.
| 1- | La terapia cognitivo-conductual ha mostrado disminuciones moderadas en el IMC en adolescentes con OB a corto plazo247,249. En niños y niñas, un programa de tratamiento grupal con técnicas conductuales también redujo de forma moderada del peso a los seis meses248 pero la consulta con una dietista con formación conductual no produjo cambios en el IMC246. |
| B | Se recomienda el tratamiento de apoyo psicológico (con terapia conductual o cognitivo- conductual) para el sobrepeso y la obesidad en menores y adolescentes. |
| √ | Se recomienda el empleo de terapia dirigida al estrés y otras técnicas psicológicas (formulación de objetivos, automonitorización, etc.) para el tratamiento de la obesidad en menores y adolescentes. |
| √ | Se debería incluir el tratamiento psicológico individual o grupal en los programas de intervenciones combinadas para menores y adolescentes con obesidad. |
Los estudios recientes con programas multidisciplinares (dieta, ejercicio físico con o sin modificación conductual) han tenido mejores resultados en el tratamiento de la OB infantil que los programas consistentes en una única intervención. Así mismo, la implicación de la familia es importante y se asocia con la pérdida de peso sostenida en niñas y niños con OB53.
Tres RS evaluaron la efectividad de las intervenciones en el estilo de vida (dieta, actividad física y/o tratamiento conductual) para la pérdida de peso en niños y niñas y adolescentes41,250,251. Las tres RS remarcaron que la evidencia identificada presentaba limitaciones metodológicas importantes y aunque las intervenciones produjeron efectos significativos a corto plazo en comparación con la ausencia de tratamiento, la lista de espera o el consejo estándar sobre dieta y ejercicio como grupo control, no se evaluaron los efectos de las intervenciones a largo plazo.
En el siguiente apartado se describen los estudios identificados en la búsqueda bibliográfica clasificados según los diferentes ámbitos en los que se han llevado a cabo.
Un ECA que comparó un programa con ejercicio, modificación conductual y nutricional (Bright Bodies) con un control en 209 menores (de 9 a 16 años) con IMC>P95 mostró una disminución significativa en las variables relativas al peso a los seis meses y al año252. La intervención se llevó a cabo en una clínica pediátrica de OB y consistió en dos sesiones semanales durante seis meses y una sesión semanal durante seis meses más, en las que se dedicaban 50 minutos al ejercicio y otros 40 minutos a la educación nutricional y conductual y a las que las familias también asistían. Por su parte, los participantes del grupo control asistían a una consulta cada seis meses y recibían consejo sobre dieta y ejercicio físico. Al año de la intervención, el IMC del grupo de tratamiento mostró una disminución del -1,7 (IC 95%, -2,3 a -1,1) en comparación con un aumento de +1,6 (0,8 a 2,3) en el grupo control. El peso aumentó mucho menos en el grupo de intervención (+0,3 kg, IC 95%, -1,4 a 2,0) que en el de control (+7,7 kg, 5,3 a 10,0) y el porcentaje de grasa corporal disminuyó (-4,0, -5,2 a -2,8 y +2,0, 0,5 a 3,5, respectivamente).
La reducción en el IMC era el objetivo de un ECA desarrollado en 29 centros de atención primaria de Australia253. Se aleatorizaron 163 menores de 5 a 12 años con SP u OB leve (definidos según el criterio de la IOTF (International Obesity Task Force) a la intervención o bien al control. Ésta consistía en cuatro consultas en 12 semanas, atendidas por el niño o la niña y la familia, en las que se incidía en aspectos de nutrición, actividad física y conducta sedentaria y se proporcionaba material de apoyo para la familia para facilitar el cambio conductual. A los 15 meses no hubo diferencia en el IMC ajustado en comparación con el grupo control. Sin embargo, en comparación con el grupo control, el grupo intervención mostró una mejoría significativa en la dieta, mantenida a los 15 meses, debida principalmente a un aumento en el consumo de leche desnatada y agua en las familias de este grupo.
Un ECA de tres meses de duración valoró una intervención combinada consistente en varias sesiones de educación nutricional, una dieta hipocalórica y dos horas semanales de actividad física en 46 escolares y adolescentes con OB (con IMC>P95 y edades de 6 a 16 años) en comparación con control (una consulta nutricional con promoción de la actividad física)254. A los tres meses se observaron disminuciones significativas en el IMC del grupo intervención (-1,7±1,1 kg/m2 frente a -0,2±1,0 kg/m2 del grupo control) y en el porcentaje de grasa (-3,3±2,6% frente a 1,4±4,7%) en el grupo de tratamiento, así como un aumento significativo en el índice de actividad habitual. Un año después de la intervención persistían estos cambios.
El seguimiento ambulatorio individual (con consejo dietético y promoción de la actividad física) se comparó con un programa educativo grupal con implicación de la familia en un estudio con 38 preadolescentes con OB (de 7 a 13 años). A los seis meses se observaron diferencias significativas en la realización de deporte en el grupo del programa educativo y aunque ambas estrategias provocaron cambios en los hábitos dietéticos y de actividad física, no se mostraron cambios en el IMC en ninguno de los grupos255.
Un estudio antes-después realizado en España evaluó un programa dirigido a modificar los hábitos alimentarios, los estilos de vida y los trastornos emocionales en 81 menores (de 6 a 12 años) con OB, mediante 11 sesiones grupales (progenitores y menores separadamente) de 90 minutos256. Al final del tratamiento en 72 menores (88,9%) el IMC disminuyó de una media (DE) de 27,8 (3,8) a 26,5 (3,6) (p<0,001) y de 3,3 (1,4) a 2,6 (1,2) (p<0,001), y en 9 no se modificó o empeoró. Aumentó el porcentaje de menores que consumían diariamente fruta (del 63,3% al 82,7%, p<0,001) y verdura (del 45,6% al 88,2%, p<0,001) y disminuyó el porcentaje de menores que consumían bollería (del 17,7 al 1,3%, p<0,001) o se saltaban el desayuno (del 36,7% al 11,7%, p<0,001). Disminuyeron las puntuaciones en las escalas de ansiedad y depresión, desde una media de 53,46 (27,69) a 47,22 (26,3) (p=0,03), y de 29,68 a 16,88 (p<0,001), respectivamente, así como el número de menores con riesgo de presentar trastornos de ansiedad y depresión (del 38,8% al 22,5%, p<0,001, y del 15% al 8,2%, p=0,01, respectivamente).
Un estudio antes-después evaluó una intervención con dieta, ejercicio físico y terapia conductual que se llevó a cabo en 170 escolares (media de edad 10 años) con OB definida según criterios de la IOTF que participaron en un programa realizado en consulta externa, de un año de duración257. Al final de la intervención se mostraron reducciones significativas en el IMC-DE en comparación con el inicio, que se mantuvieron hasta el final del seguimiento a los tres años.
El IMC y los hábitos dietéticos no se modificaron después de un estudio piloto de seis meses de duración realizado en 27 menores de 7 a 16 años con un IMC>P90258. La intervención, llevada a cabo por el médico de familia, consistía en dar dos charlas sobre dieta sana y ejercicio a ambos grupos. El grupo de intervención debía registrar en un diario la comida ingerida y el ejercicio llevados a cabo diariamente y se les llamaba semanalmente para mejorar la adherencia al plan de tratamiento.
Un ECA evaluó la calidad de vida de 80 escolares y adolescentes (media de edad 12,1 años, IMC>P85) sometidos a una intervención escolar con clases de nutrición, actividad física y estrategias conductuales, en comparación con un grupo control al que se facilitó un libro de autoayuda259. A los seis meses se observó una disminución significativa del IMCz en el grupo participante en el programa (-0,13±0,14), así como un ligero aumento del mismo en el grupo control (+0,04±0,12). No se facilitan datos de comparación entre ambos grupos. La calidad de vida (medida con un cuestionario pediátrico) aumentó considerablemente en el grupo del programa, especialmente en el bienestar físico.
Sesenta menores con un IMC≥P95 presentaron una disminución del peso (-1,5 kg±3,2 en el grupo de intervención frente a 2,3 kg±4,7 en el grupo control), del IMC (-1,1±1,3 frente a 0,4±1,5) y de la grasa corporal (-1,6%±1,8 frente a 1,2% ± 2,6) en comparación con otros 60 menores del grupo control, después de un programa educativo con sesiones de actividad física, llevado a cabo en una escuela de Taiwán. Este ECA260, de tres meses de duración, tenía el objetivo de evaluar la efectividad de esta intervención educativa en el peso corporal y en los factores de riesgo para la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular en menores de 10 a 13 años.
Un programa postescolar con la participación de la familia, consistente en educación nutricional, actividad física y terapia conductual mostró un menor aumento del IMC en el grupo de intervención en comparación con el grupo control261. Este estudio clínico no controlado, de ocho meses de duración, tenía el objetivo de reducir el IMC y mejorar las habilidades motoras. Se invitó a 276 menores con SP u OB a participar, aunque sólo 185 completaron el programa.
Una RS (16 estudios, 44 grupos de tratamiento o control) comparó el efecto de las intervenciones conductuales familiares con otros tratamientos o controles para la pérdida de peso de menores de 5 a 12 años de edad262. Los tratamientos familiares-conductuales mostraron una media del tamaño del efecto significativo (-0,89 [DE 0,68], IC 95%, -1,06 a -0,73), en comparación con otros tratamientos o controles, aunque con una importante heterogeneidad. La implicación de las familias varió en los diferentes estudios, siendo tratados para la OB en algunos de ellos o entrenados para promover el ejercicio y la dieta sana en sus hijos en otros.
Otras dos RS han mostrado mejorías significativas en las variables relativas al peso en la mayoría de los estudios incluidos, aunque no se extrajeron conclusiones globales por la escasa calidad de los mismos263,264. Los estudios incluidos evaluaron intervenciones para tratar la OB infantil que utilizaron la nutrición, el ejercicio y los métodos conductuales y en los que por lo menos uno de los progenitores estuvo implicado en mayor o menor grado. Sin embargo, existe una notable incertidumbre sobre cuál es la mejor fórmula para involucrar a los familiares en el tratamiento de la OB infantil.
Un ECA evaluó la efectividad del «entrenamiento» de las familias como estrategia clave en el tratamiento de los menores con SP265. Este programa está basado en el aprendizaje social y pretende dar habilidades a las familias para manejar la conducta de sus hijos. Se aleatorizaron 111 menores de 6 a 9 años con SP (según la definición de la IOTF) a un grupo de entrenamiento de las familias y de educación sobre el estilo de vida, a un grupo de solamente entrenamiento de las familias o bien a un grupo control. Los menores no acudían a ninguna de las sesiones de entrenamiento o educativas. En todos los grupos el IMCz disminuyó significativamente desde el inicio del estudio, pero no hubo diferencias significativas entre ellos.
Un ECA evaluó la eficacia de un programa de educación de las familias con menores con SP en comparación con un grupo en lista de espera266. Se incluyeron 43 niños y niñas (media de edad 7 años) con IMC≥P85. La intervención consistió en una sesión inicial a la que acudían un progenitor y su hijo y cuatro sesiones de grupo semanales recibidas por el progenitor en los que los distintos componentes eran facilitados por un pediatra, una dietista, un fisioterapeuta y un psicólogo. A los tres meses se observó una disminución en el IMC del grupo de intervención (el IMC pasó de 26,4 [DE 2,1] a 24,8 [3,2] en el grupo de tratamiento y de 26,4 [2,3] a 26,5 [4,0] en el grupo control), aunque no hubo diferencias entre grupos en relación con la actividad física, la disminución de la conducta sedentaria ni en las conductas de las familias.
Otra intervención en el ámbito familiar, que comparó sesiones educativas con familias solamente o bien con familias y menores, fue evaluada en un ECA con la participación de 32 familias267. Las sesiones promovían la dieta sana, el aumento de la actividad física y la disminución de la conducta sedentaria, facilitando herramientas a las familias para mejorar su autoridad. Los menores tenían una media de edad de 8,7 años y un IMC>P85. A los seis meses el IMCz del grupo con asistencia de familias pasó de 2,0 a 1,6 (p<0,05), a diferencia del grupo con asistencia de familias e hijos, cuyo IMCz pasó de 2,1 a 2,0. También se observaron diferencias significativas entre grupos con respecto al porcentaje de SP y al IMCz. Ambos grupos aumentaron su actividad física y disminuyeron el tiempo de sedentarismo, y hubo una reducción significativa del 22% de los hábitos obesogénicos globales en el grupo de familias (desde el inicio) y del 15% en el grupo de familias y menores.
Un programa de tratamiento conductual en el ámbito familiar mostró una disminución significativa en el IMC a los dos años (-2,6 [DE 1,6] frente a -0,1 [1,1]) en el grupo control, según muestra un estudio llevado a cabo en China268. Se aleatorizaron 68 alumnos (media de edad 13 años, IMC>26) de una misma clase a la intervención, consistente en el cambio de dieta y la promoción de la actividad física, que se realizaba en el ámbito familiar con el apoyo y seguimiento de los pediatras, o bien a control.
Un estudio de cohortes históricas269 examinó la eficacia de un programa terapéutico educativo dirigido a menores y adolescentes con OB y sus familias, llevado a cabo por un pediatra mediante tres sesiones en las que se ofrecían técnicas conductuales y se promovía un estilo de vida sano. Posteriormente se realizaba una sesión cada seis meses en el primer año y luego cada año. Se incluyó 190 menores y a los tres años de seguimiento, el 72,9% de los menores que siguieron el programa obtuvieron una reducción significativa del IMC, en comparación con el 42,8% del grupo control, que seguían un tratamiento dietético habitual.
Un ECA incluyó a 147 chicas adolescentes con OB (de 12 a 16 años, con IMC>P90) y las aleatorizó según la iglesia de la que eran miembros a un grupo de «alta intensidad» (con 20-26 sesiones de tratamiento conductual, 30 min de actividad física y preparación y degustación de alimentos sanos) o de «baja intensidad» (con solamente seis sesiones). A los seis meses de seguimiento no se observaron diferencias significativas en el IMC en ninguno de los grupos270.
Un ECA evaluó una intervención conductual-familiar en Internet. Cincuenta y siete chicas afroamericanas con IMC≥P85 fueron aleatorizadas a este programa interactivo, que potenciaba una dieta sana y la actividad física frente a un programa de educación sanitaria, mucho más limitado, sin feedback. En ambos casos, un miembro de la familia debía tener un IMC>30 y participar en la intervención o el control. A los seis meses se observaron disminuciones significativas en el porcentaje de grasa de las chicas del grupo de tratamiento (-1,12±0,47% frente a 0,43±0,47% del grupo control) y en el peso de sus padres y madres, pero estos resultados no se mantuvieron en los dos años que duró la intervención. El uso de la página web disminuyó drásticamente a partir del sexto mes del estudio271.
Un estudio piloto con 30 menores con OB (media de edad 13,5 años, con un mínimo del 40% de SP) que siguieron un programa residencial de diez meses de duración mostró una disminución significativa del peso y del IMC, así como un aumento de la actividad física272. Sin embargo, estas variables regresaron a los niveles iniciales tres meses después de terminar el programa, que consistió en dieta, actividad física regular y apoyo psicológico.
Un estudio piloto con 12 adolescentes con OB que comparó el tratamiento con un programa cognitivo-conductual y actividad física con control273, mostró cambios significativos en el peso y el IMC después de 16 sesiones, aunque el reducido número de participantes limita considerablemente extraer conclusiones de estos resultados.
Una evaluación reciente de una agencia de tecnología sanitaria274 mostró que las intervenciones combinadas en las escuelas o centros especializados pueden lograr mejoras moderadas en el peso a corto plazo, aunque hay una evidencia mucho más limitada de que estas mejoras se puedan mantener hasta 12 meses después de la intervención y de que hay pocos efectos adversos.
La guía de NICE43 concluye también que el tratamiento conductual en combinación con ejercicio físico y/o dieta en programas especializados de tratamiento de la OB es efectivo para tratar a niños y niñas y adolescentes (de 3 a 18 años) con OB y que este resultado puede ser más efectivo si los padres y las madres asumen una mayor responsabilidad en el cambio de conducta.
| Existe una notable heterogeneidad en las intervenciones combinadas llevadas a cabo en los distintos estudios, tanto en el tipo de intervención como en las variables de resultado evaluadas, por lo que es complejo obtener conclusiones de los mismos. | |
| 1- | La mayoría de estudios llevados a cabo en el ámbito clínico con intervenciones combinadas (dieta, ejercicio físico y modificación conductual) muestran disminuciones moderadas en el IMC, el peso y el porcentaje de grasa corporal en niños y niñas y adolescentes de 6 a 16 años a corto plazo252,254. Varios estudios muestran también un aumento de la actividad física y una mejoría en la dieta253-255. |
| 1- | Dos ECA y un estudio de menor calidad realizados en el ámbito escolar con intervenciones combinadas (dieta, ejercicio físico y modificación conductual) muestran disminuciones moderadas en el IMC en niños y niñas de 10 a 13 años a corto plazo259-261. |
| 1- | Tres RS muestran que las intervenciones familiares-conductuales fueron más efectivas que los controles para la pérdida de peso262-264. Y algunos ECA posteriores con estas intervenciones muestran una disminución moderada del IMC a corto plazo en niños y niñas de 6 a 13 años265-268. |
| B | Se recomienda llevar a cabo intervenciones combinadas con dieta, ejercicio físico y modificación conductual para la pérdida de peso en niños y niñas y adolescentes de 6 a 16 años con sobrepeso u obesidad, con la implicación de la familia. |
| √ | El ámbito clínico y el familiar son los más apropiados para implementar intervenciones combinadas para la pérdida de peso en población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad. |
En la población infantil y adolescente con sobrepeso u obesidad
La mayoría de los estudios sobre el tratamiento farmacológico de la OB se han realizado en población adulta, por lo que la mayor parte de la evidencia disponible es indirecta. Ni siquiera estos estudios en personas adultas proporcionan datos sobre morbimortalidad y seguridad a largo plazo.
La información disponible sobre los tratamientos con fármacos antiobesidad en la adolescencia es muy limitada y no se dispone de datos en niños y niñas. En los adolescentes con OB, el tratamiento farmacológico es uno de los últimos recursos que se deben utilizar y solamente debe valorarse en circunstancias excepcionales, como en caso de comorbilidades graves, después del fracaso de intervenciones en el estilo de vida.
Se ha identificado una RS reciente en adolescentes que pone de manifiesto que el tratamiento farmacológico, asociado con intervenciones sobre el estilo de vida, tiene un efecto reductor modesto sobre el peso corporal a corto plazo275. No se proporcionan datos sobre los efectos a largo plazo.
En esta RS, un metanálisis de tres ECA con sibutramina mostró una diferencia media estandarizada de -1,01 (IC 95%, -1,28 a -0,73), consistente con una disminución del IMC de 2,4 kg/m2 (IC 95%, 1,8 a 3,1 kg/m2), después de seis meses de tratamiento. El metanálisis de tres ECA con orlistat mostró un efecto pequeño y moderado (-0,29, IC 95%, -0,46 a -0,12), consistente con una disminución del IMC de 0,7 kg/m2 (IC 95%, 0,3 a 1,2) a los seis meses de tratamiento. El metanálisis de tres ECA con metformina mostró un efecto no significativo en las variables relacionadas con la OB.
En los siguientes apartados se valoran los ECA que formaron parte de esta RS.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios suspendió la comercialización de sibutramina en España el 21 de enero de 2010, por un riesgo mayor en su uso que el beneficio esperado.(+)
La sibutramina es un inhibidor central de la recaptación de monoaminas y está comercializada como coadyuvante en el tratamiento de la OB en personas adultas (>18años). Una RS reciente que evaluó la eficacia de los tratamientos farmacológicos antiobesidad en personas adultas276 incluyó diez ECA con sibutramina (2.623 pacientes) mostrando una pérdida de peso de 4,2 kg (IC 95%, 3,6 a 4,7) en el grupo de tratamiento en comparación con el grupo placebo. La sibutramina también disminuyó de forma significativa el IMC, el perímetro de la cintura y la concentración de triglicéridos y aumentó el HDL-c. En comparación con placebo, la sibutramina aumentó la presión arterial sistólica en 1,7 mmHg (0,1 a 3,3) y la diastólica en 2,4 mmHg (1,5 a 3,3), así como la frecuencia cardíaca en 5,6 latidos/min (3,5 a 5,6). Los pacientes que recibieron sibutramina presentaron insomnio, náuseas, sequedad de boca y estreñimiento con una frecuencia del 7% al 20%.
Se localizaron cinco ECA que evaluaron la eficacia de la sibutramina en adolescentes, todos ellos financiados por la industria farmacéutica y de calidad moderada.
Un ECA multicéntrico con 498 participantes (de 12 a 16 años) de 12 meses de duración mostró una disminución en el peso de -6,7 kg±0,5 en el grupo de tratamiento con sibutramina 10 mg/día en comparación con 1,8±0,9 en el grupo placebo (p<0,001)277,278. Sin embargo, la presión arterial y la frecuencia cardíaca difirieron significativamente entre ambos grupos durante todo el estudio. La media de las diferencias fue de 1,0 mmHg (0,1 a 1,9) para la presión sistólica, 1,7 mmHg (1,0 a 2,5) para la presión diastólica y 2,5 pulsaciones/min (1,6 a 3,3) para la frecuencia cardíaca. Un 6,3% (23 participantes) del grupo de sibutramina abandonaron el estudio a causa de los efectos adversos, mientras que los abandonos en el grupo placebo fueron de un 5,4% (siete participantes).
El segundo ECA comparó el tratamiento con 10 mg de sibutramina con placebo en un grupo de 46 adolescentes con OB (de 14 a 18 años) que seguían una dieta hipocalórica y realizaban 30 minutos de ejercicio aeróbico al día279. A los seis meses de tratamiento no hubo diferencias significativas entre ambos grupos en cuanto al peso. No hubo pérdidas secundarias a efectos adversos ni aumento significativo de la presión arterial o de la frecuencia cardíaca.
Otros dos ECA con un número parecido de participantes mostraron también disminuciones significativas en el peso y el IMC. En un ECA de seis meses de duración280, en el que los adolescentes (60 participantes, de 14 a 17 años) con comorbilidades importantes como diabetes mellitus tipo 2 fueron excluidos, hubo una disminución media de -10,3 kg±6,6 en el grupo tratado con sibutramina 10 mg/día en comparación con una pérdida de -2,4 kg±2,5 en el grupo placebo (p<0,001). Aunque los autores no obtuvieron ninguna diferencia significativa a favor de la sibutramina en la mayoría de parámetros bioquímicos, su uso se asoció con un descenso significativo de triglicéridos y VLDL-c. El HDL-c aumentó un 15% en el grupo de tratamiento.
En otro ECA también realizado en adolescentes (de 13 a 17 años) y de mayor duración (12 meses)281, la pérdida de peso media fue de -7,8 kg±6,3 en el grupo de sibutramina (15mg/día) y de -3,2 kg±6,1 en el grupo placebo (p=0,001). La media de la presión arterial disminuyó al tercer mes 3,6 mmHg (DE 8,6 mmHg) en el grupo placebo en comparación con un aumento significativo en el grupo sibutramina: 1,8 mmHg (10,7 mmHg) (tamaño del efecto 0,55, IC 95% 0,1 a 1,0, p=0,02) pero a los seis meses la diferencia entre ambos grupos no fue significativa. La medicación fue disminuida o suspendida en el grupo de tratamiento en 19 de los 43 pacientes en respuesta a elevaciones de la presión arterial, la frecuencia cardíaca o de ambas.
Otro ECA aleatorizó a 24 adolescentes con obesidad (11 chicos, de 12 a 17 años) a una dieta de restricción energética, ejercicio y sibutramina (10 mg) o bien al mismo plan de dieta y ejercicio con placebo durante 12 semanas282. El seguimiento, de 12 semanas de duración, consistió en la misma intervención sin medicación. Al final del estudio no se observaron diferencias entre los grupos.
Nota: la sibutramina no está financiada por la Seguridad Social
El orlistat es un inhibidor de la lipasa pancreática y gástrica que está aprobado para el tratamiento de la OB en personas adultas. Por su mecanismo de acción puede producir una deficiencia de vitaminas liposolubles.
Una RS (16 ECA, 10.631 personas adultas)276 objetivó una reducción de peso de 2,9 kg (IC 95%, 2,5kg a 3,2kg) en el grupo tratado con orlistat en comparación con el grupo placebo. Orlistat se asoció también con una disminución de la incidencia de diabetes de 9,0% a 6,2% (hazard ratio [HR] 0,63, IC 95%, 0,46 a 0,86), una mejoría en el colesterol total y LDL-c, con una ligera reducción de la concentración de HDL y una mejoría en la presión arterial y en el control glucémico en los pacientes con diabetes. Sin embargo, se objetivó un aumento de efectos adversos gastrointestinales. La esteatorrea, el tenesmo y la incontinencia se presentaron con unas tasas del 15% al 30% en la mayoría de los estudios. Así mismo, casi todos los estudios incluidos en el metanálisis estuvieron financiados por la industria farmacéutica.
En adolescentes se han identificado únicamente dos ECA (573 participantes) que evalúan la eficacia de orlistat. El primero de ellos, de seis meses de duración, comparó el tratamiento con 120 mg de orlistat tres veces al día con placebo en 40 adolescentes con OB (de 14 a 18 años) y mostró un cambio significativo en el IMC del principio al final del estudio, aunque sin diferencias significativas entre los grupos de tratamiento y placebo (-1,3±1,6 frente a -0,8±3,0, respectivamente)283. Ambos grupos seguían una dieta pobre en grasas, realizaban ejercicio físico tres veces por semana y tomaban un suplemento vitamínico. El descenso en el peso no fue significativo en ningún grupo (del principio al final del estudio) ni entre ambos grupos. Los efectos adversos de predominio gastrointestinal aparecieron solamente en el grupo de tratamiento con orlistat.
El segundo ECA mostró una disminución del IMC significativamente mayor en el grupo de tratamiento284. A los 12 meses, el 26,5% del grupo de tratamiento perdió ≥5% del IMC inicial en comparación con el 15,7% del grupo placebo (p=0,005). En este estudio se administró orlistat 120 mg tres veces al día o placebo, junto con dieta, directrices para realizar actividad física y disminuir el sedentarismo y consejos para conseguir una modificación conductual, así como un suplemento vitamínico. A pesar de que se incluyó una población amplia (533 adolescentes con OB de 12 a 16 años), se trata de un estudio financiado por una compañía farmacéutica que se involucró en el diseño, el desarrollo y el análisis y la interpretación de los resultados. Además, el porcentaje de pérdidas (35% en total, 12% en el grupo placebo y 23% en el grupo orlistat) compromete la validez del estudio.
Los efectos adversos más frecuentes producidos por orlistat estuvieron relacionados con el tracto gastrointestinal y fueron mayoritariamente de intensidad leve o moderada, obligando a suspender el ensayo en el 2% de los que recibieron el tratamiento. En la ficha técnica del fármaco se añade que durante el desarrollo de este ECA hubo un incremento inexplicable en la incidencia de fracturas de hueso (6% frente al 2,8% en los grupos de orlistat y placebo, respectivamente).
Un estudio cuasi aleatorizado con 42 adolescentes con obesidad (de 10 a 16 años) que realizaban también ejercicio y seguían una dieta con un 20% de reducción calórica285, presentó una disminución significativa en todas las variables evaluadas en el grupo de tratamiento en comparación con el grupo control. Sin embargo, los grupos no eran similares al inicio del tratamiento, puesto que el IMC era significativamente mayor en el grupo tratado con orlistat. También se observó una disminución significativa en las variables analizadas en dos estudios piloto en niños y niñas (de 7 a 12 años) y adolescentes (de 12 a 17 años) respectivamente286-288, aunque sus problemas de diseño y ejecución limitan la validez y utilidad de estos resultados.
Una evaluación reciente de la Agency for Healthcare Research and Quality de los EE.UU.274 concluyó que tanto sibutramina como orlistat, en combinación con intervenciones conductuales, pueden producir pérdidas de peso (de pequeñas a moderadas) con efectos adversos potenciales que varían en gravedad.
Nota: La sibutramina y el orlistat no está financiado por la Seguridad Social

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios suspendió la comercialización de rimonabant en España el 23 de octubre de 2008, por la producción de efectos adversos psiquiátricos graves289.
El rimonabant es un antagonista de los receptores CB1 de los cannabinoides comercializado en diversos países como tratamiento adyuvante de la dieta y el ejercicio en pacientes con OB o SP y algún factor de riesgo (como la diabetes o la dislipemia). En dos metanálisis recientes276, 290, rimonabant mostró una pérdida de peso de 4,7 kg más (de 4,1 a 5,3) en el grupo de tratamiento en comparación con el grupo placebo al año de tratamiento, disminuyendo el perímetro de la cintura, la presión arterial y la concentración de triglicéridos, y aumentando la concentración de HDL-c. No obstante, se observó un aumento de la incidencia de trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, irritabilidad, agresión) que ocurrieron en el 6% de los participantes que recibieron rimonabant (3% más probable en el grupo de tratamiento en comparación con placebo). Este fármaco causó significativamente más efectos adversos graves que el placebo (OR 1,4, IC 95% 1,0 a 2,0, p=0,03); número necesario para dañar=59 (27 a 830). La ansiedad causó más pérdidas en el grupo de tratamiento que en el placebo (OR 3,0, IC 95%, 1,1 a 8,4, p=0,03); número necesario para dañar=166 (47 a 3.716).
No se han identificado estudios de rimonabant en adolescentes.
La metformina es una biguanida oral que se utiliza en el tratamiento de la diabetes tipo 2, que ha demostrado ser efectiva para la pérdida de peso, así como para la hiperinsulinemia y la hiperglucemia en diabetes tipo 2 en personas adultas291. En mujeres con síndrome de ovario poliquístico o poliquistosis ovárica, la metformina reduce el hiperandrogenismo y el colesterol total, además de mejorar la sintomatología292.
Se han identificado cuatro ECA que evalúan la efectividad de la metformina en adolescentes. Freemark et al.293 comparó el tratamiento con metformina a 500 mg /12h con placebo en un grupo de 32 adolescentes con OB (de 12 a 19 años) con hiperinsulinemia y antecedentes familiares de diabetes tipo 2. A los seis meses de tratamiento hubo una disminución de -0,12 desviaciones estándar (DE) en el IMC del grupo tratado con metformina, en comparación con un aumento de +0,23 DE en el IMC del grupo placebo. Otros dos ECA (52 participantes) de baja calidad también mostraron disminuciones en las variables relativas al peso en adolescentes (de 9 a 18 años) después del tratamiento con metformina a una dosis de 1 g/12 h294o 850 mg/12 h295 en comparación con placebo.
Un ECA296 evaluó el tratamiento con 850 mg/12h de metformina en 39 adolescentes (de 10 a 17 años) con aumento de peso secundario al tratamiento con antipsicóticos atípicos (olanzapina, risperidona, quetiapina). A las 16 semanas se observó una disminución en el peso medio del grupo de tratamiento de -0,13 kg (2,88) en comparación con un aumento de 4,01 kg (6,23) en el grupo placebo.
Finalmente dos estudios pilotos en adolescentes (de 10 a 18 años) mostraron disminuciones significativas en el IMC después del tratamiento con metformina durante tres meses. Uno de ellos se realizó en un subgrupo de pacientes con síndrome metabólico297 y el otro en pacientes en tratamiento con psicotropos (olanzapina, risperidona, quetapina y valproato)298.
Los efectos adversos más documentados en todos estos estudios fueron las náuseas y la diarrea, que se resolvieron con la reducción de la dosis.
Un nuevo fármaco, tesofensina, inhibidor de la recaptación de noradrenalina, dopamina y serotonina, ha sido evaluado en un ECA fase II con 203 personas adultas con OB y ha mostrado una disminución moderada del peso después de 24 semanas de tratamiento junto con dieta299. Por ahora no se dispone de ECA fase III ni ha sido evaluado en población infantil o adolescente.
Las GPC recientes sobre el tratamiento de la OB en niños y niñas y adolescentes abordan también el posible uso de los fármacos en este grupo de pacientes. Así, la guía de Canadá53 sugiere considerar orlistat como una ayuda para la reducción y el mantenimiento del peso en adolescentes, en el marco de una intervención global en el estilo de vida. Por lo que respecta a los menores prepuberales, el uso de agentes farmacológicos debería considerarse solamente en el contexto de un ensayo clínico.
Por su parte, la guía de NICE43 sostiene que en adolescentes orlistat (120 mg tres veces al día) en combinación con una dieta hipocalórica y actividad física es más efectivo para la pérdida de peso que solamente la combinación de dieta y actividad, al cabo de 10-11 meses. En cuanto a sibutramina (a una dosis de 10 mg/día), NICE mantiene que en la atención especializada y en combinación con dieta y actividad física puede provocar una pérdida de peso mayor que en los controles a los seis meses de tratamiento. Sin embargo, esta guía solamente recomienda el tratamiento farmacológico para la OB en los adolescentes en circunstancias excepcionales (si existen comorbilidades graves).
Resumen de la evidencia
Sibutramina |
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| 1- | En adolescentes con OB la sibutramina ha demostrado disminuciones significativas en las variables relativas al peso a una dosis de 10 mg/día en comparación con el placebo (disminución aproximada de 7 kg)277,278,280,281. Sin embargo, la sibutramina se asocia a efectos adversos como aumentos en la presión arterial, la frecuencia cardíaca o ambas. No se dispone de datos a largo plazo. Actualmente se ha suspendido su comercialización por un riesgo mayor en su uso que el beneficio esperado. |
| 1+ | En personas adultas, la sibutramina produce una disminución significativa del peso (-4,2 kg), del IMC, el perímetro de la cintura y la concentración de triglicéridos. También se asocia a un aumento de la presión arterial, así como a taquicardia y otros efectos adversos como náuseas y sequedad de boca276. Actualmente se ha suspendido su comercialización por un riesgo mayor en su uso que el beneficio esperado. |
Orlistat |
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| 1- | El orlistat no ha presentado resultados consistentes en adolescentes. Dos ECA han evaluado su eficacia (120 mg/8h) en adolescentes283,284. Los efectos adversos de tipo gastrointestinal solamente se dieron en los grupos de tratamiento con orlistat y provocaron el abandono del 2% de los participantes284. |
Rimonabant |
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| 1+ | No se dispone de estudios de rimonabant en adolescentes. Dos metanálisis en personas adultas276,290 mostraron una disminución significativa del peso al año de tratamiento pero también un aumento de la incidencia de trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, irritabilidad, agresión) que ocurrieron en el 6% de los participantes que recibieron rimonabant (3% más probable en el grupo de tratamiento en comparación con placebo). Actualmente se ha suspendido su comercialización por efectos adversos psiquiátricos graves. |
Metformina |
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| 1- | Se han observado disminuciones de las variables relativas al peso en adolescentes con obesidad tratados con metformina (con distintas dosis) en comparación con placebo293-296. También se han observado efectos adversos (náuseas, diarrea) que se han resuelto con la disminución de la dosis. |
| C | En adolescentes (de 12 a 18 años) con obesidad y comorbilidades graves que no han respondido al tratamiento con dieta y cambios en el estilo de vida, puede valorarse el tratamiento con sibutramina* (10 mg/día), dentro de un programa de modificación del estilo de vida supervisado por especialistas en endocrinología y nutrición, medicina de familia o pediatría con formación en el tratamiento de la obesidad. Actualmente se ha suspendido su comercialización por un riesgo mayor en su uso que el beneficio esperado. |
| C | En adolescentes (de 12 a 18 años) con obesidad y comorbilidades graves que no han respondido al tratamiento con dieta y cambios en el estilo de vida, puede valorarse el tratamiento con orlistat* (120 mg con el desayuno, la comida y la cena), dentro de un programa de modificación del estilo de vida supervisado por especialistas en endocrinología y nutrición, medicina de familia o pediatría con formación en el tratamiento de la obesidad. |
| √ | El tratamiento con orlistat debe suplementarse con un complejo de vitaminas liposolubles (A, D, E y K) que debe de administrarse antes de acostarse o dos horas después de la ingesta del fármaco. |
| C | En adolescentes (de 12 a 18 años) con obesidad y resistencia a la insulina o intolerancia a la glucosa que no han respondido al tratamiento con dieta y cambios en el estilo de vida, puede valorarse el tratamiento con metformina (500-850 mg/12h), dentro de un programa de modificación del estilo de vida supervisado por especialistas en endocrinología y nutrición, medicina de familia o pediatría con formación en el tratamiento de la obesidad. |
| √ | Dado que tanto el orlistat* como la sibutramina* no están aprobados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) y la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) para su uso en menores de 18 años y la metformina carece de indicación para el tratamiento de la obesidad en población adulta y pediátrica, se debe obtener el consentimiento informado de los familiares, tutores y del adolescente, en caso de proceder a su prescripción. Actualmente se ha suspendido su comercialización por un riesgo mayor en su uso que el beneficio esperado. |
| D | La decisión de iniciar un tratamiento farmacológico debe individualizarse en función de la presencia de comorbilidades graves y tratamientos asociados. |
| √ | Los tratamientos y su indicación deben ser reevaluados periódicamente y no utilizarse como tratamientos indefinidos. |
| √ | Se recomienda comentar siempre los beneficios y riesgos de los tratamientos farmacológicos con los familiares o tutores así como con el adolescente. |
| * La sibutramina y el orlistat no están financiados por la Seguridad Social | |
La cirugía para la OB solamente debe considerarse en los adolescentes en circunstancias excepcionales, como es la OB grave con comorbilidades graves y el fracaso de todas las medidas terapéuticas anteriormente evaluadas300. Además solamente se dispone de información proveniente de series de casos y de consensos de expertos y se desconocen sus efectos a largo plazo, por lo que su puesta en práctica debe evaluarse de forma muy cuidadosa.
El balón intragástrico consiste en una esfera de silicona que se coloca en el estómago mediante control endoscópico y se rellena posteriormente con 600 ml de suero fisiológico. Al ocupar parcialmente el estómago, produce una disminución de la sensación de hambre y una mayor saciedad al comer. La colocación del balón debe acompañarse de una dieta específica para perder peso y al cabo de seis meses se retira301.
Una RS Cochrane (9 ECA, 395 pacientes)301 analizó la efectividad y la seguridad del balón intragástrico.
Los autores señalan que entre los pacientes incluidos en su revisión había personas de edades entre 14 y 64 años, pero no proporcionan información diferenciada sobre los pacientes entre 14 y 18 años, ni en las tablas resumen de los estudios queda claro en qué estudio han incluido adolescentes, ni cuántos eran.
En los estudios que comparan balón intragástrico con dieta se observó que hay pocos beneficios en relación a la pérdida de peso o IMC del tratamiento con un balón intragástrico, y tasas más altas de complicaciones menores y graves (principalmente vaciamiento espontáneo del balón de Garren-Edwards)302-305. Además se observó una tendencia al aumento de peso después de la extracción del balón, mientras que el grupo con dieta tendió a continuar con la pérdida de peso.
No se ha encontrado ningún ensayo clínico ni estudio de cohorte que evalúe específicamente la efectividad y la seguridad del balón intragástrico en la población infantil o adolescente con OB. Una serie clínica con cinco adolescentes (de 11 a 17 años) con OB extrema a los que se les introdujo un balón intragástrico mostró un aumento significativo del IMC a los seis meses en todos ellos306. Así mismo, también se incluyeron pacientes adolescentes (rango de edad de 12 a 71 años) en otra serie clínica, pero no se detallan los resultados por grupos de edad307.
Los procedimientos quirúrgicos para la OB incluyen la derivación biliopancreática, la derivación gástrica, la gastroplastia y el empleo de bandas gástricas. La mayor parte de estos procedimientos puede realizarse por laparoscopia y deben acompañarse de cambios en el estilo de vida para que produzcan la pérdida de peso adecuada.
Una RS Cochrane308 identificó dos ECA y tres estudios de cohorte prospectivos que compararon la cirugía con el tratamiento no quirúrgico. Incluyeron también 21 ECA que compararon diferentes procedimientos quirúrgicos entre sí.
Esta RS concluyó que la cirugía produjo una mayor pérdida de peso en comparación con el tratamiento convencional (21 kg de pérdida de peso a los ocho años frente al aumento de peso) con mejorías en la calidad de vida y en las comorbilidades. Se presentaron algunas complicaciones de la cirugía, como infección de la herida.
La derivación gástrica se asoció con una mayor pérdida de peso, mejor calidad de vida y menos revisiones, reintervenciones o conversiones que la gastroplastia, pero tuvo más efectos secundarios.
Se observó una mayor pérdida de peso y menos efectos secundarios y reintervenciones al aplicar bandas gástricas ajustables en comparación con la gastroplastia vertical con banda, pero la gastroplastia vertical con banda laparoscópica produjo más pacientes con excelente o buen resultado y menos complicaciones tardías que la banda gástrica de silicona ajustable laparoscópica. La gastroplastia vertical con banda se asoció con una mayor pérdida de peso, pero con más vómitos que la gastroplastia horizontal. En los estudios ocurrieron algunas muertes postoperatorias.
La pérdida de peso resultó similar entre los procedimientos abiertos y laparoscópicos. Ocurrieron menos complicaciones graves con la cirugía laparoscópica, aunque a veces se necesitó pasar a cirugía abierta. La mayoría de los estudios mostraron que la cirugía laparoscópica tuvo un tiempo operatorio más largo, pero con una menor pérdida sanguínea y una recuperación más rápida.
Un ECA posterior que analizó el efecto de la banda gástrica implantada por vía laparoscópica en 80 personas adultas con OB moderada (IMC 30 a 35) frente a tratamiento no quirúrgico mostró que el grupo de cirugía tuvo una pérdida de peso mayor (media del 21,6% del peso inicial, IC 95%, 19,3 a 23,9%) en comparación con el grupo no quirúrgico (5,5%, IC 95%, 3,2% a 7,9%)309.
La evidencia directa disponible sobre la eficacia y la seguridad de la cirugía bariátrica en la población infantil y adolescente está basada mayormente en series clínicas y análisis de registros hospitalarios. Son raros los casos de operaciones de cirugía bariátrica en menores de 12 años. Sólo se ha publicado un caso de una niña, diagnosticada de Síndrome de Prader-Willi a los dos años, operada cuando tenía ocho años de edad310.
La información disponible, proveniente de series clínicas con números bajos de pacientes311-325, es consistente en que la cirugía bariátrica es efectiva para conseguir descensos relevantes de peso (entre el 33% y el 87% del exceso de peso) en adolescentes con OB extrema (IMC≥40 kg/m2), que en una mayoría de pacientes se mantienen a medio plazo y largo plazo.
Un estudio, cuyo objetivo era analizar las tendencias en el uso de la cirugía bariátrica en la adolescencia en EE.UU.326, realizó un análisis de 771 casos (algo menos del 0,7% del total de operaciones de cirugía bariátrica) y observó que el 69,9% eran mujeres; el más joven tenía 12 años (el 96,4% tenía de 15 a 19 años); el 89,4% no tenía comorbilidades y en el 87,1% se había practicado un by-pass gástrico. No se registró en adolescentes operados ninguna muerte durante la estancia hospitalaria, en cambio la incidencia de muerte es del 2 por mil en el total de operados. Las tasas de complicaciones de la cirugía fueron similares a las de las personas adultas, y la estancia media en los adolescentes, significativamente menor. Sufrieron complicaciones mayores el 4,2% de los pacientes, las más frecuentes de tipo respiratorio (en torno al 80%).
Una RS que evaluó la mortalidad después de la cirugía bariátrica327 realizó un análisis de subgrupos con cinco estudios en adolescentes (132 pacientes operados) y no encontraron ninguna muerte en los primeros 30 días tras la operación. Los estudios no proporcionaban información sobre mortalidad posterior a ese período.
Un estudio mostró un aumento considerable en la calidad de vida tras la cirugía bariátrica por medio del cuestionario SF-36 (Short Form 36) en nueve jóvenes de una media de edad de 19 años325. La puntuación del componente físico de ese cuestionario pasó de 34,7±10 a 55,5±5, y el componente mental de 40,6±13,5 a 55,2±8,6 (p<0,0001). Las puntuaciones en el Adolescent Impact of Weight on Quality of Life-Lite tras la cirugía fueron similares a las medias de personas adultas con peso normal (93%±7% frente al 96%±7%, p=0,15).
Existen recomendaciones específicas elaboradas por la Academia Americana de Pediatría y por la Sociedad Americana de Endocrinología sobre los requisitos que debe reunir la población adolescente candidata a cirugía bariátrica58,88,328: 1) La cirugía solamente debería considerarse después de >seis meses del fracaso del tratamiento en adolescentes con OB grave (IMC≥40 kg/m2) y comorbilidad grave asociada o con OB extrema (IMC≥50 kg/m2). 2) Cuando se haya obtenido la mayor parte de la madurez esquelética (generalmente >13 años en mujeres y >15 años en hombres. 3) Los potenciales candidatos deberían ser derivados a centros con equipos multidisciplinares y sobrada experiencia. 4) La cirugía debería llevarse a cabo en instituciones terciarias con equipos que puedan cubrir las necesidades de estos pacientes y que permitan recoger datos a largo plazo de sus variables clínicas.
Una evaluación reciente de una agencia de tecnología sanitaria274 concluyó que se observó una pérdida de peso sustancial con la cirugía bariátrica en adolescentes con OB extrema. Sin embargo, puesto que se desconocen cuáles son los riesgos a largo plazo de la intervención y los riesgos a corto plazo según el tipo de cirugía, los candidatos deberían ser cuidadosamente evaluados.
Resumen de la evidencia
| No se ha identificado información sobre la eficacia del balón intragástrico en adolescentes para el tratamiento de la OB. | |
| 3 | La información sobre la cirugía bariátrica para la OB en adolescentes proveniente de series de casos310-325, muestra que podría resultar efectiva para conseguir descensos relevantes de peso (entre el 33% y el 87% del exceso de peso), con tasas de complicaciones similares a las de personas adultas y mejoras en la calidad de vida. Sin embargo, no se dispone de información sobre los efectos del tratamiento quirúrgico en el desarrollo, el metabolismo y los aspectos psicológicos en la infancia y la adolescencia. |
| C | La cirugía bariátrica solamente debería utilizarse en adolescentes con obesidad grave (IMC≥40 kg/m2) y comorbilidad grave o con obesidad extrema (IMC≥50 kg/m2), cuando se haya constatado el fracaso en el control del peso mediante actuaciones intensivas para la modificación del estilo de vida, asociadas o no con tratamiento farmacológico, durante un período mínimo de seis meses. |
| √ | Los candidatos a cirugía bariátrica deberían ser seleccionados tras una evaluación cuidadosa por un equipo multidisciplinar con pericia médica, quirúrgica, psiquiátrica y nutricional en el tratamiento quirúrgico de la obesidad en adolescentes. La cirugía bariátrica solamente debería llevarse a cabo en adolescentes con madurez física y psicológica, conscientes de los riesgos y beneficios de la cirugía y que tengan el apoyo de la familia. |
| √ | La cirugía bariátrica solamente debería ser llevada a cabo por cirujanos altamente especializados. El seguimiento de los pacientes sometidos a cirugía bariátrica debería ser de por vida, para asegurar una pérdida de peso óptima y un buen estado de salud. |
| √ | Se deben controlar los posibles déficits de vitaminas (B12, B6, B1, B2, D y folatos) y minerales (hierro, calcio y zinc) tras una cirugía bariátrica y proceder a su suplementación en caso necesario. |
Una RS evaluó la efectividad de las terapias complementarias para reducir el peso en personas adultas con OB329. Se evaluaron seis revisiones sistemáticas y 25 ECA, que demuestran que no hay información suficiente sobre la efectividad de ninguna de las terapias complementarias evaluadas (acupuntura, acupresión, suplementos dietéticos y homeopatía).
Una RS (15 ECA, 1.219 pacientes) evaluó la efectividad del quitosán, un suplemento dietético, para reducir el peso en personas adultas con SP u OB330. Los autores objetivaron que el quitosán produce una pérdida de peso significativamente mayor que el placebo (diferencia de medias ponderada (DMP) -1,7 kg, IC 95%, -2,1 a -1,3 kg).
No obstante, la mayoría de los estudios fueron de baja calidad metodológica y al hacer un análisis con sólo los estudios de mayor calidad, éstos mostraron una reducción menor, sin alcanzar significación estadística (DMP -0,58 kg, IC 95%, -1,26 a 0,10).
Otro suplemento dietético, el ácido linoleico conjugado, ha sido evaluado en una RS (18 ECA) y mostró que éste fue efectivo y produjo una reducción modesta de la masa grasa331. No se han identificado estudios en niños y niñas y adolescentes con este suplemento.
Solamente se han identificado dos estudios que evalúan terapias alternativas en adolescentes. La información es muy escasa y de baja calidad.
El primero de ellos es un ECA que evaluó la efectividad y la seguridad de un preparado con efedrina y cafeína332, en 32 adolescentes con obesidad, de una media de edad de 16 años y peso medio de 104 kg. Todos ellos fueron sometidos durante 20 semanas a una dieta de 500 kcal menos del requerimiento calórico diario calculado, y aleatorizados a tomar una mezcla de cafeína (100 mg) y efedrina (10 mg) o placebo.
En el grupo de cafeína/efedrina se produjo un descenso medio mayor del peso, estadísticamente significativo (14,4 frente a 2,2 kg), del IMC (2,9 frente a 0,5 kg/m2) y de la grasa corporal (6,6 frente a 0,5 kg). Los efectos adversos fueron poco relevantes y similares en ambos grupos. Los síntomas de abstinencia al retirar el tratamiento fueron leves, pasajeros y similares en frecuencia y gravedad entre los dos grupos.
Se ha identificado un estudio clínico sin grupo control que evalúa la eficacia y la seguridad de un preparado coreano tradicional de hierbas (basado en una hierba llamada Taeumjowi-tang) en menores con OB hospitalizados, de una media de edad de 11 años333. Les administraron el preparado de hierbas durante 30 días, sin modificar la dieta o el ejercicio físico. De los 31 participantes iniciales, nueve abandonaron el estudio.
Los resultados mostraron una reducción del IMC de 24,34±3,10 a 23,26±3,00 kg/m2 y del porcentaje de grasa corporal del 34,16±3,75 a 32,08±3,15%. Con respecto a la seguridad del preparado, no se observaron alteraciones en la frecuencia cardíaca, la presión arterial ni en la función hepática o renal.
| 1- | Se dispone de muy poca información sobre la eficacia de las terapias alternativas para la OB en niños y niñas y adolescentes. El tratamiento con efedrina y cafeína mostró descensos moderados del peso y de la grasa corporal en un ECA de corta duración y con un número reducido de participantes332. |
| 2- | Un estudio piloto con un preparado de hierbas mostró leves cambios en el IMC y la grasa corporal333. |
| C | Se recomienda no utilizar terapias alternativas para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad en la población infantil y adolescente. |
+ Fuente: Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Nota informativa de la AEMPS sobre sibutramina (Reductil®) [sitio web]. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2010 [citado 21 ene 2010]. Disponible en: http://www.aemps.es/actividad/alertas/usoHumano/seguridad/2010/NI_2010-01_sibutramina_reductil.htm

Última actualización: mayo de 2010


