En la población infantil y adolescente con normopeso:
En la presente guía las intervenciones preventivas se han clasificado según el ámbito en el que se han llevado a cabo: escolar, sanitario, comunitario y familiar, a pesar de que esta clasificación puede resultar arbitraria, pues a menudo estas intervenciones contemplan acciones en dos o más de estos ámbitos. La mayor parte de los estudios realizados ha tenido lugar en el ámbito escolar, y por este motivo constituye el apartado más extenso.
Existe una gran cantidad de ECA publicados sobre prevención de la OB infantojuvenil en el ámbito escolar, a menudo con limitaciones metodológicas importantes, así como numerosas RS9,44,45,93-103 y algunas GPC43,53,88. Por otra parte, los estudios evaluados muestran una notable heterogeneidad en cuanto a las estrategias llevadas a cabo (dieta, ejercicio físico, disminución del tiempo destinado a ver televisión, etc.), su localización (escuela, campos de trabajo...), la implicación de la familia o incluso las variables de interés consideradas. En este apartado se clasificó la información identificada en intervenciones para prevenir la OB (con variables de resultado para medirla) y en intervenciones para mejorar la dieta, la actividad física y para disminuir la conducta sedentaria. La variable de resultado más corriente para medir la OB en los estudios evaluados es el IMC.
Un ECA realizado en el Reino Unido (644 escolares, de 7 a 11 años) evaluó el efecto de la reducción del consumo de bebidas gaseosas en la disminución del IMC en los menores durante un año escolar. Cada clase del grupo intervención recibió tres sesiones de una hora en las que se promovía la ingesta de agua potable o de zumo de fruta diluido104. En la evaluación a los 12 meses, el consumo de bebidas gaseosas (en número de vasos) disminuyó significativamente en el grupo de intervención (-0,6, IC 95%, - 0,1 a -1) pero no así en el de control (0,2, IC 95%, -0,2 a 0,5). No obstante, el cambio en la puntuación z del IMC (IMCz) no fue significativamente diferente entre las clases de intervención y de control. El porcentaje de SP u OB se incrementó en el grupo control en un 7,5% mientras que se constató un descenso en el grupo de intervención de un 0,2% (diferencia de medias: 7,7%, IC 95%, 2,2% a 13,1%). Los autores reconocen la limitación derivada de una posible contaminación, debido a que se aleatorizaron aulas y no escuelas. Este hecho ha podido minimizar el impacto beneficioso de la intervención y por tanto, refuerza los resultados observados.
Una evaluación posterior105 (434 escolares) analizó los resultados de ese estudio a los dos años después de terminar la intervención, no encontrándose diferencias en la prevalencia de SP, que se había incrementado en ambos grupos.
Preescolares
En un ECA se aleatorizaron 310 preescolares tailandeses de una media de edad de 4,5 años en 10 clases pertenecientes a dos escuelas106. Los grupos de intervención recibieron clases de actividad física adicionales durante 29-30 semanas. En la evaluación inicial a las 29,6 semanas se encontró una reducción de la prevalencia de OB en el grupo de intervención frente al grupo control, que no alcanzó una significación estadística.
Al final del estudio, la prevalencia general de la OB (al utilizar el P95 del espesor del pliegue cutáneo del tríceps como punto de corte) disminuyó significativamente en el grupo de intervención del 12,2% (al inicio) al 8,8%, mientras que en el grupo control pasó del 11,7% al 9,7%, sin significación estadística.
Población infantil
Un ECA realizado en EE.UU. (549 escolares, 9,25 años) evaluó la intervención SPARK (Sports, Play and Active Recreation for Kids), que consistía en tres sesiones de 30 minutos por semana de educación física, en comparación con el programa habitual de actividad física escolar107. Cuatro escuelas fueron aleatorizadas a los grupos de intervención (dos conducidos por especialistas, y dos por profesores) y otras dos al grupo control.
Se evaluó la adiposidad según los pliegues cutáneos en el tríceps y la pantorrilla, y el IMC en intervalos de seis meses durante 18 meses, sin que se encontraran diferencias significativas entre grupos.
En otro ECA reciente realizado en Australia (311 escolares, 10 años) se dividió a los participantes en cuatro grupos: modificación conductual, habilidades de movimiento, combinación de los dos anteriores y grupo control108.
A los 12 meses y después de ajustar por ingesta calórica y actividad física, se observó una disminución significativa del IMC en el grupo de intervención combinada: -1,53 (IC 95%, -2,82 a -0,24). En comparación con el grupo control, los del grupo de intervención combinada tenían una probabilidad <60% de tener SP u OB entre el inicio del estudio y el final de la intervención. Por otra parte, los escolares del grupo de movimiento disfrutaron más con la actividad física y los del grupo conductual presentaron niveles más altos de actividad física, pero también pasaron más tiempo mirando la televisión.
Población infantil
Un ECA realizado en los EE.UU. (198 escolares, de 8 a 10 años) analizó la efectividad de una intervención con el objetivo de reducir el consumo de televisión y videojuegos, que consistió en incorporar 18 lecciones de 30 a 50 minutos en el programa de estudios estándar109. Los resultados se midieron al inicio y a los seis meses. El cambio del IMC desde el inicio hasta los seis meses fue de 18,38 a 18,67 en el grupo de intervención y de 18,10 a 18,81 en el de control; la diferencia promedio ajustada para los valores iniciales, la edad y el sexo fue -0,45 (IC 95%, - 0,73 a -0,17). También hubo diferencias significativas en el cambio del espesor del pliegue cutáneo del tríceps del grupo de intervención en comparación con el grupo control, así como en el perímetro de la cintura.
El ECA Action Schools BC110-113 realizado en Canadá (268 escolares, de 9 a 11 años) evaluó una intervención para aumentar la actividad física, durante nueve meses, y no encontró diferencias en el IMC entre los grupos de intervención y de control. La intervención consistía en la realización de 75 minutos extra a la semana de actividad física intensa, junto con cambios ambientales en la escuela, la familia y la comunidad para promover el concepto de «escuela activa».
El ECA de Martínez et al.114, realizado en España, de 24 semanas de duración (1.044 escolares, 9,4 años) analizó el efecto de una actividad física recreativa, no competitiva, realizada en la escuela en horas extraescolares y no mostró diferencias en el IMC entre los grupos de intervención y de control. No obstante, sí se observaron diferencias significativas en las medidas del grosor de la piel en el tríceps en ambos sexos y en el porcentaje de grasa corporal en las niñas.
El ECA de Jago et al.115, de cuatro semanas de duración realizado en los EE.UU. (30 niñas, 11 años), analizó una intervención de Pilates una hora al día, cinco días a la semana, como actividad en horario extraescolar en el centro. Se observó una reducción significativa de 3,2 puntos en el percentil de IMC en el grupo de intervención, mientras que aumentó 0,8 puntos en el grupo control (con diferencias estadísticamente significativas entre grupos). En otro ECA (425 escolares, 7 años), dos horas de actividad física extra a la semana mejoraron significativamente la composición corporal en comparación con el grupo control a los seis meses, aunque el IMC no se modificó y la magnitud del efecto fue superior en los escolares con OB en comparación con los no obesos116. Tampoco hubo cambios en el IMC en un ECA que evaluó la intervención PLAY117 de 12 semanas de duración (606 escolares, de 9 a 10 años).
Población adolescente
Un ECA (estudio New Moves) realizado en los EE.UU.118 incluyó a 201 chicas de 14 a 18 años a las que se les ofrecía actividad física cuatro veces por semana y apoyo dietético y social en sesiones quincenales. En el seguimiento, a los ocho meses, el IMC no fue significativamente diferente entre las escuelas de intervención y de control. Las participantes en las escuelas donde se realizó la intervención informaron de cambios positivos en las conductas y en factores personales, pero la mayoría no alcanzó significación estadística.
Un ECA de 12 semanas de duración realizado en los EE.UU. (110 adolescentes, de 10 a 13 años) aleatorizó a los participantes a realizar una actividad de baile (tres sesiones semanales de 50 minutos más un programa de educación sanitaria dos veces por semana) o al grupo control, que practicaba la actividad física habitual119. Al final del estudio se observaron reducciones significativas en el IMC de las chicas del grupo de intervención en comparación con las del grupo control (cambio en el IMC: -0,8 y 0,3, respectivamente). En los chicos se observó una tendencia similar sin significación estadística y no hubo diferencias entre grupos.
Un ensayo controlado120, en el que 58 chicas adolescentes fueron aleatorizadas a un grupo de intervención (clases especiales de educación física y apoyo teórico) o control durante cuatro meses, no mostró efectos significativos en el IMC. Tampoco encontró diferencias significativas en el IMC otro ECA121 que incluyó a 2.744 chicas (media de edad 13,6 años) a las que en el grupo de intervención se promovió un ambiente escolar de apoyo a la actividad física.
Preescolares
Un ECA analizó la intervención Hip-Hop to Health para promocionar la actividad física en centros con alto porcentaje de preescolares afroamericanos122, observando aumentos en el IMC significativamente menores en el grupo de intervención en comparación con el de control, tanto al año de seguimiento (- 0,53 [IC 95%, -0,91 a -0,14]) como a los dos años (-0,54 [IC 95%, -0,98 a -0,10]), ajustando por edad e IMC basales. Respecto a cambios positivos en la dieta o la actividad física, sólo fue significativo el porcentaje de calorías de grasas saturadas en la dieta al año de seguimiento (11,6% frente a 12,8%, p=0,002).
Un ECA realizado en centros con alto porcentaje de preescolares latinos123 no mostró diferencias entre el grupo de intervención y el de control, ni al año ni a los dos años de seguimiento respecto al IMC, ni a cambios en la dieta o la actividad física, a pesar de que la intervención fue muy bien aceptada.
Población infantil
El ECA del estudio Pathways124, fue realizado en los EE.UU. con 1.704 menores indígenas estadounidenses (de 8 a 11 años) de 41 escuelas. Pathways fue una intervención de tres años de duración, multicéntrica, multifactorial y basada en la escuela, para reducir el porcentaje de grasa corporal, proporcionada por el personal escolar existente. La intervención tenía cuatro componentes: 1) cambio en la ingesta dietética; 2) aumento de la actividad física; 3) programa de estudios centrado en una alimentación y un estilo de vida saludables, y 4) programa de participación familiar.
Al final de tres años de intervención no se encontraron diferencias significativas en el IMC, los pliegues cutáneos o el porcentaje de grasa corporal. Los almuerzos escolares mostraron una reducción del porcentaje de calorías aportadas por las grasas. Los conocimientos mejoraron en las escuelas de intervención durante los tres años.
El ECA del estudio Planet Health125, realizado en diez escuelas de los EE.UU., incluyó a 1.295 escolares (de 11 a 12 años). La intervención, de dos cursos académicos de duración, era multidisciplinar e incluía la promoción de la actividad física, la modificación de la ingesta dietética y la reducción de las conductas sedentarias.
Los resultados primarios fueron el IMC y el pliegue cutáneo en el tríceps, medido al inicio y a los 18 meses. En niñas, la prevalencia de OB en el grupo control se incrementó (del 21,5% al 23,7%) mientras que en el grupo de intervención descendió (del 23,6% a 20,3%). La evaluación de seguimiento mostró que, con la intervención, el porcentaje de niñas con obesidad en las escuelas se redujo en comparación con los controles, ajustado según la OB inicial (OR ajustado 0,47, IC 95%, 0,24 a 0,93). Entre los varones, la OB descendió tanto en el grupo de control como en el de intervención (del 29,3% al 27,8% en el grupo de intervención y del 34,7% al 31,5% en el de control).
El ECA del Kiel Obesity Prevention Study (KOPS)126, realizado en Kiel (Alemania), ofrece resultados del efecto del programa KOPS en 1.640 escolares de 5 a 7 años (de 2.440 que fueron aleatorizados, 67,2%). Este programa tuvo una duración de ocho años. Las intervenciones educativas y de modificación de la conducta se dirigieron tanto a los escolares como a sus familias (comer frutas y verduras todos los días; reducción de la ingesta de alimentos de gran contenido en grasas; actividad física≥1 h/día; ver televisión <1 h/día).
Al año, no hubo ninguna diferencia en el cambio promedio del IMC entre los menores en los dos grupos. En contraste con el IMC, los cambios al año en el pliegue del tríceps alcanzaron significación estadística a favor del grupo de intervención (escuelas de intervención 11,3 frente a los controles 13,0 mm).
Los resultados a los cuatro años del programa KOPS127 no mostraron diferencias en el IMC medio entre los dos grupos (1.764 escolares, de 6 a 10 años). Las tasas de incidencia acumulada de SP en los grupos de intervención y control eran similares. La intervención mostró un efecto significativo en la prevalencia de OB y SP en niños y niñas de familias de alto estatus socioeconómico (OR ajustado 0,35, IC 95%, 0,14 a 0,91) y más ligeramente en menores de madres con peso normal (OR 0,57, IC 95%, 0,33 a 1,00).
El ECA del estudio APPLES (Active Programme Promoting Lifestyle in Schools), realizado en Inglaterra (634 escolares, de 7 a 11 años), evaluó un programa multidisciplinar de un año, diseñado para influir en las conductas dietéticas y de actividad física, interviniendo sobre toda la comunidad escolar, incluidos las familias, el profesorado y el personal de servicio de comidas128. Los controles recibieron el programa de estudios habitual.
Al año, no hubo diferencias en el cambio del IMC entre los escolares de los dos grupos, ni ninguna diferencia en la conducta respecto de la dieta. Sin embargo, los participantes del grupo de intervención informaron de un consumo mayor de verduras. La conducta sedentaria fue mayor en los escolares con SP en el grupo de intervención en comparación con los controles con SP y la puntuación global del valor personal fue mayor en los escolares con obesidad en el grupo de intervención, en comparación con los controles.
El estudio Be Smart129, ECA realizado en Inglaterra, asignó al azar a 218 escolares (de 5 a 7 años) de tres escuelas a cuatro opciones: 1) grupo de nutrición; 2) grupo de actividad física; 3) grupo de nutrición y actividad física combinadas, y 4) grupo de control. La intervención se realizó durante 20 semanas a lo largo de cuatro ciclos escolares (aproximadamente, 14 meses) y tuvo lugar en los sitios de almuerzo donde el equipo de investigación proporcionó un programa de nutrición o de actividad física interactivos y por edades, que incluía a las familias. El grupo de control recibió un programa de educación que cubría los aspectos no nutricionales de los alimentos y la biología humana.
Al final del estudio no se observaron cambios significativos en las tasas de SP y de OB como resultado de los tres enfoques diferentes, y el número de sujetos era demasiado pequeño para los análisis estadísticos. Se encontraron cambios significativos en los conocimientos informados personalmente y en la ingesta dietética. Este estudio pudo haber estado sujeto a efectos de techo debido a que la población estudiada había recibido una educación relativamente buena y el 39% de los progenitores poseía un título o una calificación de posgrado.
El ECA del estudio Wise Mind Project130, realizado en los EE.UU. en 670 menores de 2º a 6º de primaria de cuatro escuelas, evaluó la eficacia de una intervención ambiental escolar y multidisciplinar durante dos cursos académicos. Se recogieron resultados de los 586 escolares que permanecieron en el estudio (el 87,5% de los que lo iniciaron).
No se encontraron diferencias significativas entre los grupos de tratamiento y de control en relación a cambios en el percentil de IMC, ni tampoco en relación a la prevención del aumento de peso ni en el porcentaje de grasa corporal. Sí se observaron diferencias en la ingesta alimentaria, las elecciones de comidas, y los restos en el plato.
Los del grupo de intervención consumían menos calorías, menos proteínas y menos grasas totales y saturadas. También se encontró una mejora marginalmente significativa en la actividad física, medida por el cuestionario SAPAC (Self Administered Physical Activity Checklist).
El ECA del estudio sobre la School Nutrition Policy Initiative131, realizado en los EE.UU. en 1.349 menores de 4º a 6º curso de escuelas con más del 50% de alumnos de nivel socioeconómico bajo, analizó una intervención multidisciplinar de dos años de duración: autoevaluación de la escuela, educación nutricional, cambios en la política de comidas, marketing social y talleres con las familias.
La intervención resultó en una reducción significativa del 50% en la incidencia de SP en el grupo de intervención frente al grupo control: 7,5% frente a 14,9%, a los dos años (OR ajustada: 0,67, IC 95%, 0,47 a 0,96). No se constataron diferencias significativas en cuanto a la incidencia de OB entre ambos grupos. La prevalencia de SP disminuyó a los dos años en el grupo de intervención (del 16,3% al 14,6%) mientras que aumentó en el grupo control (del 15,9% al 20%) (OR ajustada: 0,65, IC 95%, 0,54 a 0,79). No se constataron diferencias significativas en cuanto a la prevalencia de OB entre ambos grupos. La intervención no fue eficaz para disminuir la prevalencia de SP-OB en menores con dicha patología al inicio del estudio.
Un ensayo no aleatorio con un grupo control132 que se realizó en los EE.UU, con 338 escolares (de 8 a 11 años), analizó una intervención multidisciplinar de dos años de duración con el objetivo de reducir las calorías, las grasas y el sodio de las comidas escolares y realizar reuniones formales con el personal de cocina cinco veces al año. También se llevaron a cabo módulos de educación nutricional, y un programa de actividad física de 30 a 40 minutos de actividades, tres veces por semana, con mayor énfasis en las actividades aeróbicas del estilo de vida que en los juegos competitivos.
En el seguimiento encontraron que si bien había algunos cambios positivos en las conductas objetivo, al final de los dos años no había tenido repercusión alguna sobre la OB.
Población adolescente
El ECA de Haerens133-135 se realizó en Bélgica con 2.840 adolescentes de 7º y 8º en escuelas técnicas y de formación profesional (media de edad 13,0±0,8 años). Completaron el estudio 2.287 adolescentes (80,5%). Se efectuó una intervención de dos años de duración que incluía un programa de comida saludable (el consumo se midió mediante cuestionarios) y ejercicio (medido por cuestionario y acelerómetros), combinando distintos cambios en el medio escolar con un programa informático interactivo. Un grupo incluía, además, una intervención sobre las familias. En las chicas, el IMC y el IMCz aumentaron significativamente menos en el grupo de intervención combinada con apoyo a las familias, comparado con el de control y el grupo sin intervención familiar. En cambio, no se encontraron efectos significativos en los varones.
Preescolares
Un ECA136, con 54 menores en el grupo de intervención y 47 en el de control de 5 a 6 años, analizó una intervención multidisciplinar de 14 semanas de duración con educación para los menores sobre dieta y un plan de ejercicio (45 min/día seis días a la semana), acompañada de intervención educativa a las familias.
Se observaron cambios favorables en el grupo de intervención frente al de control en el peso (0,35±0,08 kg frente a 0,9±0,1 kg, p<0.0005), en el percentil IMC (-3,8±1,3 frente a 2,9±1,5 kg/m2, p<0,001), en el porcentaje de grasa en pliegue cutáneo (-0,65±0,3 frente a 1,64±0,3%, p<0,028) y en su condición física de base, estimada mediante el tiempo en carrera de 600 m. La actividad física fue significativamente mayor en el grupo de intervención comparado con el de control.
Población infantil
Un estudio controlado realizado en Chile137 analizó el efecto de una intervención, de seis meses de duración, consistente en mejorar la educación nutricional y reforzar la actividad física en 2.375 menores de escuelas primarias.
En la evaluación al final de la intervención, el IMC no fue significativamente diferente entre la intervención y los controles: IMC 19,5 (DE 3,7) frente a 18,9 (DE 3,3), ni a los seis meses de seguimiento: 19,5 (DE 3,5) frente a 19,2 (DE 3,1). Las puntuaciones z del perímetro de la cintura y del IMC mejoraron en los menores con la intervención, pero ninguna fue significativamente diferente entre las dos condiciones y no se presentaron hallazgos similares con respecto al pliegue cutáneo del tríceps. Las niñas no mostraron diferencias significativas en las medidas antropométricas pero, al igual que los varones, mejoraron en las mismas pruebas del estado físico con la intervención y hubo diferencias entre las condiciones de intervención y de control.
Un ECA evaluó una intervención educativa por parte del profesorado, con modificación del currículo escolar y aumento de la actividad física aeróbica (1.013 alumnos de primaria)138. Al final del estudio (de un curso escolar de duración) se observó una disminución significativa del 2% de SP (IMC>85%) en el grupo de intervención, así como un aumento del consumo de frutas y verduras (en ambos grupos) y en la actividad física en el grupo de intervención.
El ECA de Amaro139 realizado en Italia (307 menores, de 11 a 14 años) analizó una intervención educativa mediante un juego de mesa educativo entre alumnos, Kaledo, durante 24 semanas, en sesiones de 15-30 minutos semanales. No se encontraron diferencias entre los grupos de intervención y control en el tiempo diario de actividad física ni cambios en el IMCz. Los menores que habían jugado con Kaledo mostraban un aumento significativo de los conocimientos nutricionales y en el consumo semanal de verduras, 3,7 raciones (IC 95%, 3,5 a 4,1) en el grupo de intervención frente a 2,8 raciones (IC 95%, 2,4 a 3,3, p<0,01) en el grupo de control.
Un ECA que evaluó los cambios ambientales en la cantina de la escuela y un programa de promoción de dieta saludable, ejercicio físico y modificación conductual, con cambios en el currículum escolar (1.000 menores, de 12 a 13 años), no mostró diferencias significativas en el IMC entre los grupos de intervención y de control, después de ocho meses140.
Varias RS han evaluado la eficacia de las intervenciones para mejorar la dieta. La RS de Thomas141 tenía como objetivos: evaluar la efectividad de las intervenciones para promover una alimentación saludable y aumentar la ingesta de frutas y verduras, explorar los facilitadores y las barreras para una alimentación saludable en niños y niñas de 4 a 10 años, y recoger información sobre las percepciones de los propios jóvenes.
Casi todos los estudios eran sobre intervenciones multidisciplinares, incluyendo actividades en la clase y en el conjunto del centro. En torno a la mitad incluían también alguna intervención a nivel familiar o en la comunidad. En la mayoría de los estudios eran los profesores del centro quienes realizaban la intervención. Se incluyeron 19 estudios, 11 de ellos eran ECA.
— Consumo de fruta. El metanálisis de diez estudios con intervenciones variadas mostró un aumento, estadísticamente significativo, en el consumo de raciones de frutas, que supondría dos tercios de una ración de fruta al día (diferencia de media estandarizada [DME]) 0,10, IC 95%, 0,03 a 0,17). Tres de los estudios no presentaron diferencias entre intervención y controles.
— Consumo de verduras. El metanálisis de 12 estudios mostró un aumento, estadísticamente significativo, en el consumo de verduras, que supondría un poco menos de un quinto de una ración extra al día (DME 0,23, IC 95%, 0,11 a 0,34). Un estudio no encontró diferencias y otro mostró un menor consumo en el grupo de intervención.
— Consumo combinado de fruta y verduras. El metanálisis de 13 estudios encontró un aumento, estadísticamente significativo, en el consumo combinado de fruta y/o verduras, que supondría un poco menos de media ración extra al día (DME 0,23, IC 95%, 0,11 a 0,35).
— Conocimiento, actitudes y autoeficacia. El metanálisis de siete estudios mostró una mejora significativa en el conocimiento (tamaño del efecto 0,67, IC 95%, 0,54 a 0,79), equivalente a un aumento de un grado en asignaturas obligatorias. El metanálisis de los tres estudios que analizaron las actitudes encontró una mejora significativa (tamaño del efecto 0,65, IC 95%, 0,38 a 0,91). El metanálisis de siete estudios que analizaron la autoeficacia mostró una mejora pequeña (tamaño del efecto 0,09, IC 95%, 0,00 a 0,17).
Los autores concluyeron que distintas intervenciones tienen efecto positivo, aunque pequeño, en el consumo de frutas y verduras en niños y niñas. Las que producen mayores efectos positivos son las asociadas a intervenciones con progenitores con factores de riesgo cardiovascular y las que se centran expresamente en el consumo de frutas o verduras, sin incluir otros aspectos como el ejercicio o la reducción de consumo de sal o grasas. Las intervenciones unicomponentes por separado, por ejemplo lecciones en clase, o tiendas de sólo fruta, no son efectivas.
Fueron más efectivas las intervenciones que no se centraban en los aspectos de salud, sino en el gusto o el placer por la comida y consideran necesario implicar a los menores en el diseño de las intervenciones y los mensajes. Resulta más fácil aumentar el consumo de frutas que el de verduras. Para lograr una implementación eficaz de las intervenciones en las escuelas se requieren habilidades, tiempo y apoyo de personas diversas.
La RS de Shepherd142 tenía como objetivos: hacer un mapa sistematizado sobre los facilitadores y las barreras para una alimentación saludable en jóvenes de 11 a 16 años, especialmente en grupos «socialmente excluidos» (de bajo nivel económico y minorías étnicas); evaluar la efectividad de las intervenciones para mejorar la alimentación en esos grupos en áreas priorizadas; y recoger información sobre las percepciones de los propios jóvenes.
Cumplieron sus criterios de inclusión cuatro ECA y dos ensayos controlados no aleatorizados, casi todos eran estudios sobre intervenciones multidisciplinares incluyendo actividades en clase, en el conjunto del centro, y en el hogar y, a veces, en la comunidad.
Dos ECA demostraron la efectividad de aumentar la accesibilidad al consumo de frutas y verduras143,144. Otros dos ECA143,145 y otro estudio controlado no aleatorizado146 mostraron que los profesores, el personal escolar y otros alumnos son medios efectivos para intervenciones relacionadas con la nutrición en el medio escolar, para aumentar el consumo de frutas y verduras y los conocimientos y las actitudes.
Esta RS concluyó que hay alguna evidencia de que las intervenciones multidisciplinares pueden ser efectivas, aunque el efecto tiende a variar según la edad y el sexo. Los autores de esta RS consideran que las intervenciones que diseñen mensajes a medida de cada grupo son prometedoras y merecen ser evaluadas. Un tema clave es el valor que los jóvenes dan a la posibilidad de elegir y su autonomía en relación a la comida. Los autores consideran también que aumentar la oferta y la variedad de aperitivos y comidas saludables y asequibles en las escuelas y los espacios sociales posibilita que puedan elegir opciones saludables y sabrosas.
Otra RS incluye información procedente de 15 estudios controlados, 11 de ellos aleatorizados y 4 no147. Doce de los estudios fueron realizados en los EE.UU., dos en el Reino Unido y uno en Irlanda. Dada la heterogeneidad de las intervenciones y las maneras de medir los resultados, no se hizo un metanálisis. No hubo diferencias en los efectos entre los estudios, aleatorizados o no.
De los 11 estudios en escolares de primaria, nueve mostraron un aumento significativo del consumo de frutas y verduras, en un intervalo de 0,3 a 1 piezas o raciones al día, mientras que dos estudios no mostraron diferencias. De las cuatro intervenciones en menores de secundaria, sólo una tuvo un efecto positivo, pero exclusivamente en niñas125 y tres no encontraron diferencias con el grupo control144,148,149.
Los componentes que parecían asociados a un mayor impacto, sin implicar orden de importancia, fueron: atención a la fruta y a las verduras más que a la nutrición en general; exposición directa a frutas y verduras (degustación y/o preparación de comida); atención especial a la preparación del profesorado; participación de los alumnos como líderes o uso de personajes de cómic; participación del personal de comedor; implicación de las familias a nivel escolar y de hogar; implicación en la comunidad y duración de la intervención (en general cuanto más prolongada mayor efecto).
Los autores concluyeron que existen pruebas a favor de las intervenciones multidisciplinares para promocionar el consumo de fruta y verduras en niños y niñas.
Una RS (8.156 escolares, siete estudios de los cuales sólo tres fueron ECA) tenía como objetivos evaluar si las intervenciones en el medio escolar podían ser eficaces en el consumo de frutas y verduras y si el efecto de estas intervenciones se modificaba por la dosis, la duración y/o el tipo de intervención150.
En el metanálisis se encontró una diferencia de 0,38 (IC 95%, 0,31 a 0,44) raciones de fruta o verduras de más los alumnos que recibieron alguna intervención frente a los controles, al combinar el efecto de estudios individuales. Disponían de datos individuales y su análisis agregado encontró un efecto ligeramente mayor (0,45 raciones más), también estadísticamente significativo. El metanálisis de los siete estudios mostró que el cambio neto relativo en la ingesta de frutas y verduras era de un incremento del 12% en los alumnos incluidos en el grupo de intervención, mientras que había disminuido un 6% en los controles, resultado estadísticamente significativo.
En el análisis de covariables observaron que tanto el mayor nivel de curso al inicio del estudio (a mayor edad) como la intensidad en el tiempo de la intervención estaban inversamente relacionados con el cambio neto relativo favorable en el consumo de frutas y verduras; es decir, las intervenciones en los más jóvenes y las de menos duración eran más efectivas. Los autores recomiendan precaución al respecto de este último dato porque el análisis está basado sólo en las intervenciones a nivel escolar, sin tener en cuenta la influencia relativa de los otros componentes de las intervenciones (la familia, el comedor, la comunidad o los medios de comunicación).
Otra RS tenía como objetivo aprender de cinco estudios financiados por la Food Standards Agency británica sobre distintas intervenciones para modificar la dieta en escuelas del Reino Unido y reflexionar sobre las variables que pueden influir en que una intervención sea viable y efectiva151. Sólo dos de los estudios eran aleatorizados. A pesar de que tenían enfoques distintos, todos mostraron un aumento moderado en el consumo de frutas y tenían el potencial para ser llevados a la práctica en el ámbito escolar.
Una RS de estudios observacionales152 cuyo objetivo era analizar los factores ambientales relacionados con el consumo de energía, grasa, fruta, verduras, aperitivos, comida rápida y refrescos azucarados en niños y niñas y adolescentes, no identificó ninguna evidencia para apoyar la disponibilidad y el acceso a frutas y verduras en el medio escolar.
Algunos ECA posteriores han evaluado distintas intervenciones ambientales y curriculares y no han mostrado resultados consistentes: tres ECA no presentaron diferencias significativas en el consumo de frutas y verdura153-155, mientras que otro (1.730 escolares, de 5 a 14 años) comparó dos intervenciones durante un curso escolar completo, que se mostraron igualmente eficaces para mejorar el consumo de frutas y verduras156, y el ECA de Bere157 (517 escolares, 11,3 años de media), de 2,1 años de seguimiento, mostró una diferencia estadísticamente significativa en el consumo de frutas y verduras de 0,6 porciones más al día en el grupo de intervención en comparación con el grupo control.
Una RS, cuyo objetivo era revisar la efectividad de las intervenciones educativas, ambientales y multidisciplinares para promocionar la actividad física en niños y niñas y adolescentes, incluyó 47 ECA158.
Los resultados de los estudios no pudieron combinarse dada su heterogeneidad en cuanto a tipo de intervención, población diana o calidad del diseño. La forma de comunicar los resultados era también diversa. Los estudios con resultados significativos fueron variables. Así, en aquellos que encontraron resultados significativos, se constataron incrementos desde 2,6 minutos en las clases de educación física, del 42% en la participación en actividades de ejercicio físico regular, hasta de 83 min/semana en actividad física moderada o intensa.
En la población infantil, solamente se objetivaron resultados, aunque limitados, a favor de las intervenciones en menores de bajo nivel socioeconómico y en las ambientales. En adolescentes se encontraron pruebas evidentes a favor de las intervenciones multidisciplinares y escolares pero con implicación familiar o de la comunidad. Respecto a las demás intervenciones no se observó un efecto positivo.
Un ECA con 2.840 adolescentes de 15 escuelas159,160 comparó los efectos de una intervención de promoción del ejercicio y la dieta saludable (incluyendo actuaciones ambientales y apoyo informático) con la misma intervención con apoyo familiar y un grupo control. A los nueve meses, la actividad física aumentó significativamente en el grupo de intervención con apoyo familiar (6,4 minutos más al día) y en el grupo de intervención solo (4,5 minutos más al día) en comparación con el grupo control. Por otra parte, la actividad física de baja intensidad disminuyó significativamente, 21 minutos al día en el grupo de intervención con apoyo familiar y 57 minutos en el grupo control.
Otros ECA evaluaron intervenciones de educación física en la escuela: uno de ellos161 mostró aumentos en torno al 7% de los menores que van andando a la escuela y del tiempo empleado en realizar actividad física moderada-intensa en clases de educación física, en el grupo de intervención en comparación con el grupo control. Otro ECA162 destacó un aumento del 7% en consumo máximo de oxígeno. Por último, otro ECA163 no halló ningún incremento de la distancia recorrida en nueve minutos en las niñas pero sí un ligero aumento en los niños, en torno al 3%.
Un ECA realizado en los EE.UU. (176 preescolares entre 2,6 y 5,5 años) analizó una intervención consistente en siete sesiones educativas interactivas de 20 minutos, durante seis meses, más materiales complementarios y actividades sugeridas para las clases y las familias164. En el grupo de intervención hubo un descenso de las horas de televisión de 3,1 h/semana, mientras que en el grupo control se observó un aumento de 1,6 h/semana (p=0,02). El porcentaje de preescolares que veían la televisión más de dos horas al día descendió del 33% al 18% en el grupo de intervención, mientras que aumentó en el grupo control del 41% al 47% (p=0,047).
Otro dos ECA122,123 analizaron la intervención Hip-Hop to Health en centros con alto porcentaje de preescolares latinos y afroamericanos, que incluía tres sesiones educativas semanales durante 14 semanas, acompañadas con 20 minutos de actividad aeróbica, y no encontraron diferencias entre los grupos de intervención y control en horas al día ante la televisión.
En un ECA reciente, 70 escolares de cuatro a siete años (IMC≥P75) fueron aleatorizados a un grupo de intervención, en el que se reducía el tiempo de televisión (TV) progresivamente y las familias sugerían actividades alternativas o a un grupo control en el que había acceso libre a la TV165. A los 24 meses se observaron disminuciones significativas en la media de horas de TV en el grupo de intervención (-17,5, desviación estándar [DE] 7,0 por semana frente a -5,2 [11,1] en el grupo control) y en el IMCz en comparación con el grupo control (-0,24 [0,32] frente a -0,13 [0,37]). La ingesta calórica mostró una reducción mayor en el grupo de intervención que en el control, con diferencias significativas desde el inicio a los 18 y 24 meses.
En otro ECA, realizado durante seis meses en los EE.UU, 221 chicas de noveno curso fueron aleatorizadas a una clase de educación física estándar o a una intervención educativa en clase, más refuerzo de actividad física166. La intervención enfatizaba la interdependencia social, los factores ambientales y las habilidades para resolver problemas.
La proporción de chicas que veían la televisión durante tres o más horas los días escolares disminuyó del 22,3% al 17% en el grupo intervención, mientras que se mantuvo en el 26,7% en el grupo control.
Otros tres ECA no han mostrado resultados consistentes: uno de ellos (198 escolares, de 8 a 10 años) con una intervención consistente en 18 lecciones durante siete meses109, mostró una reducción estadísticamente significativa de 5,53 h/ semana (IC 95%, -2,42 a -8,64 h/semana) de televisión, y de 2,54 h/semana (IC 95%, -4,48 a -0,60 h/semana) dedicadas a videojuegos comparados con el grupo control. El ECA del estudio APPLES (Active Programme Promoting Lifestyle in Schools) (634 escolares, de 7 a 11 años) con un programa multidisciplinar de un año no encontró diferencias significativas entre control e intervención en conducta sedentaria, medida como número de horas de televisión en las 24 horas previas (0, IC 95%, -0,1 a 0,1), excepto que era mayor en los escolares con SP en el grupo de intervención en comparación con los controles con SP (0,3, IC 95%, 0,0 a 0,7)128. Por otra parte, el ECA del estudio Planet Health (1295 escolares, de 11 a 12 años) evaluó una intervención multidisciplinar que redujo las horas frente al televisor en las niñas (-0,58 h/día, IC 95%, -0,85 a -0,31 h/día, p=0,001), así como en los niños (-0,4 h/día, IC 95%, -0,56 a -0,24 h/día, p<0,001)125.
Un estudio controlado de 16 semanas de duración, en 312 escolares de una media de 10,2 años (+/- 0,7) de diez escuelas de áreas socialmente desfavorecidas167, analizó la intervención educativa Switch Off-Get Active para aumentar la actividad y disminuir las horas ante la TV. No se encontraron diferencias significativas entre los grupos control e intervención en el tiempo ante la pantalla.
| Intervenciones dietéticas para prevenir la obesidad | |
| 1+ | Las intervenciones en la escuela dirigidas a reducir el consumo de bebidas gaseosas no producen una disminución significativa en el SP o en la OB104,105. |
| Intervenciones de actividad física para prevenir la obesidad | |
| 1- | En estudios a partir de un año de duración, las intervenciones escolares dirigidas a fomentar el ejercicio físico reglado en preescolares son moderadamente eficaces para prevenir la OB, durante el tiempo que dura la intervención106. Las realizadas en escolares de primaria han mostrado resultados inconsistentes: un ECA no mostró cambios en el IMC107 y otro ECA, sí108. En estudios de duración inferior a un año, las intervenciones en la escuela dirigidas a la actividad física únicamente no muestran una variación significativa en el IMC109,110,114-121. |
| Intervenciones dietéticas y de actividad física para prevenir la obesidad | |
| 1+ | Las intervenciones multidisciplinares para prevenir la OB, en las que se incluye la promoción de la actividad física, mejora en la dieta, reducción de las conductas sedentarias y participación familiar no producen disminuciones significativas en el IMC, aunque mejoran significativamente el consumo de frutas y verduras122-133,136-140. No hay estudios que hayan analizado la población española. |
| 1+ | Las intervenciones multidisciplinares para prevenir la OB en la escuela tienen mayor efecto en las niñas125,133, y podrían ser más efectivas en los grupos de nivel socioeconómico alto127. |
| Intervenciones para mejorar la dieta | |
| 1- | Las intervenciones multidisciplinares mejoran el consumo de verduras y frutas y la ingesta alimentaria128-130,132,139. |
| POBLACIÓN INFANTIL | |
| 1++ | La información proveniente de varias RS141,147 muestra efectos positivos en la dieta con intervenciones multidisciplinares que incluyen actividades en la clase y en el conjunto del centro, combinadas con alguna intervención en el ámbito familiar o en la comunidad. Las intervenciones que producen mayores efectos positivos son las asociadas a progenitores con factores de riesgo cardiovascular, y las que se centran expresamente en el consumo de frutas o verduras, sin incluir otros aspectos como el ejercicio o la reducción del consumo de sal o grasas. Las intervenciones unicomponente por separado no parecen ser efectivas. Son más efectivas las intervenciones que no ponen el acento en los aspectos de salud, sino en el placer por la comida, y se constata que resulta más fácil aumentar el consumo de frutas que el de verduras. |
| POBLACIÓN ADOLESCENTE | |
| 1+ | Las intervenciones multidisciplinares que incluyen actividades en la clase, en el conjunto del centro, en la familia y en la comunidad pueden ser efectivas para mejorar la dieta, aunque el efecto tiende a variar según la edad y el sexo142. |
| Intervenciones para aumentar la actividad física | |
| 1++ | Una RS158 muestra que algunas intervenciones educativas, ambientales y multidisciplinares son efectivas para promover la actividad física en niños y niñas y adolescentes. Estas intervenciones lograron aumentos en la actividad física desde 2,6 hasta 83 minutos de actividad física global semanal. En intervenciones en escolares sólo hay evidencia limitada a favor de las intervenciones en niños y niñas de bajo nivel socioeconómico y en las ambientales. En adolescentes, las pruebas son más firmes a favor de las intervenciones basadas en la escuela pero con un componente añadido de implicación familiar. |
| Intervenciones para disminuir el sedentarismo | |
| 1+ | Las intervenciones para disminuir la inactividad física en preescolares y escolares de primaria no muestran resultados consistentes109,122,123,125,128,164-166. |
| B | La escuela debe promover la educación física y la actividad deportiva, dentro y fuera de ésta. |
| C | Las escuelas deberían incluir programas educativos orientados a la mejora de la dieta, la actividad física y la disminución del sedentarismo, que incluyan a la familia y al personal académico. |
| C | Las intervenciones escolares deben ser mantenidas en el tiempo, a lo largo de los cursos escolares y continuadas fuera del ámbito escolar. |
| B | La ingesta alimentaria en la escuela debe ser saludable, incluyendo variedad de frutas y verduras y comidas pobres en grasa y azúcares. |
| B | Se recomienda la implementación de intervenciones multidisciplinares de emplazamiento en el colegio y en el instituto para fomentar el consumo de frutas y verduras en población infantil y adolescente. |
| √ | En la escuela es necesario crear un entorno dietético saludable, disminuyendo la accesibilidad a alimentos de elevado contenido calórico (máquinas expendedoras) y facilitando el consumo de alimentos saludables. |
| B | Se recomienda la promoción de la práctica de actividad física en la población infantil y adolescente mediante intervenciones dirigidas a más de un ámbito (escuela, familia, comunidad), e incluyendo intervenciones ambientales. |
| √ | Tanto las familias como los profesionales que trabajan en la escuela deben estar incluidos en los programas escolares de educación sanitaria. Se recomienda fomentar actividades en el ámbito escolar dirigidas a disminuir el tiempo destinado a ver la televisión, jugar con videojuegos, el ordenador o el teléfono móvil. |
En la población infantil y adolescente con normopeso:
La identificación de los niños y niñas y adolescentes con SP o con alto riesgo de desarrollo de OB es una de las actividades que pueden desarrollarse en los servicios sanitarios. En nuestro contexto estas actividades se desarrollan básicamente en los servicios sanitarios de atención primaria, tanto por pediatras como por personal de enfermería. En estas consultas también se puede explorar y detectar conductas alimentarias inadecuadas y de sedentarismo, identificar a los menores con mayor riesgo de desarrollo de SP e iniciar intervenciones, con ellos y sus familiares, para prevenirlo.
En este apartado se sintetiza la información disponible sobre las intervenciones llevadas a cabo en el ámbito sanitario para prevenir la OB infantojuvenil.
La medición del peso y talla en menores por los servicios sanitarios, mediante técnicas estandarizadas y con herramientas bien calibradas, puede hacerse tanto de manera rutinaria como oportunista en los menores que acuden a la consulta por otra razón diferente a las revisiones periódicas. Las medidas encontradas deberán ser comparadas con los percentiles estándares específicos para su sexo y edad de una población de referencia (ver apartado Definición de SP y OB).
Una RS que tenía el objetivo de evaluar la efectividad de la monitorización y el cribado para el SP y la OB en menores168, no identificó estudios controlados que compararan la medición del peso y la talla con la no realización de estas mediciones para la detección y el tratamiento de la OB infantojuvenil. Se identificaron 11 estudios sobre distintas pruebas diagnósticas del SP y la OB en menores pero no incluyeron ninguna información acerca de la utilidad a largo plazo. No se han identificado otros estudios que evalúen la efectividad de la medición del peso y la talla para la prevención y el tratamiento de la OB infantojuvenil.
Se identificaron dos RS168,169 que no encontraron información directa que muestre que el cribado del SP o la OB en niños y niñas y adolescentes (y la correspondiente intervención en los casos necesarios) mejore los comportamientos relacionados con la alimentación o el ejercicio, las medidas fisiológicas (IMC o la grasa corporal), o los resultados en salud.
La primera de ellas169, que sirvió de base para las recomendaciones de la US Preventive Services Task Force sobre cribado e intervenciones en la OB infantil, revisó la información disponible para saber qué pruebas diagnósticas de cribado del SP en niños y niñas son fiables y válidas para predecir la OB en la edad adulta.
Identificaron 19 estudios de cohorte de buena calidad metodológica sobre el IMC y otras medidas del peso en la infancia y la edad adulta, y confirmaron que las medidas del IMC muestran una correlación a lo largo de la vida, tan buena o mejor que otras medidas de SP (como el índice ponderal o las medidas del pliegue cutáneo). Las medidas aisladas del IMC en la infancia o la adolescencia (de 6 a 18 años) se asemejan a las del IMC en la edad adulta temprana (de 20 a 37 años), observándose correlaciones moderadas en los estudios de seguimiento entre las medidas del IMC en la infancia y en la edad adulta.
La segunda RS168 evaluó la fiabilidad y la validez de las pruebas diagnósticas de cribado del sobrepeso en la población infantil para predecir resultados en la edad adulta.
Esta RS identificó 11 estudios observacionales realizados en los EE.UU. que examinaron los riesgos asociados con el SP infantil y sus repercusiones en la edad adulta, incluyendo resultados socioeconómicos, tasas de mortalidad y una serie de enfermedades y factores de riesgo cardiovascular y otras. Estos estudios raramente controlaban por el IMC en edad adulta, un factor de confusión crítico. En el que sí lo hizo, la aparente asociación entre el IMC a los 10 años y distintos factores de riesgo cardiovasculares elevados (colesterol total, LDL, niveles de insulina, presión arterial), desaparecía en el análisis.
El Grupo de Trabajo sobre Obesidad Infantil de la US Preventive Services Task Force170 considera que, aunque el IMC es una medida sencilla, conveniente y ampliamente recomendada para identificar la OB, no está claro cuáles son los valores de IMC que se correlacionan con una buena salud en el futuro. El IMC en menores parece corresponder con el IMC al llegar a la etapa adulta, aunque la predicción es pobre en edades tempranas, mejorando principalmente a partir de edades cercanas a la adolescencia. Otros factores de riesgo, como los genéticos, la buena forma física, la etnia o el sexo, pueden afectar de manera significativa a los resultados en la salud, de manera que el riesgo a largo plazo pudiera ser mayor para los menores con peso «normal» que para los clasificados de SP únicamente por su IMC.
Por lo que respecta a un posible impacto negativo del cribado, no se han localizado estudios específicos que analicen posibles daños derivados de un programa de detección de SP u OB en niños y niñas y adolescentes.
Entre los efectos negativos potenciales se han mencionado los siguientes169,171:
No se ha localizado ningún ECA específico en niños y niñas o adolescentes de intervenciones exclusivamente sobre la dieta para la prevención de la OB desde los servicios sanitarios. En el siguiente apartado se revisa el efecto de la lactancia materna.
Cuatro RS han analizado la información disponible sobre el efecto de la lactancia materna en la OB infantil172-175, e incluyen únicamente estudios observacionales.
La RS de Arenz172 concluyó que la lactancia materna tiene un efecto protector pequeño pero consistente sobre la OB infantil (OR 0,78, IC 95%, 0,71 a 0,85). Así mismo, se observó una relación dosis-efecto, siendo menor el riesgo de OB a mayor duración del período de lactancia.
La RS de Harder173, que analizó expresamente la relación entre la duración de la lactancia y la OB, confirmó también una relación inversa entre el tiempo de lactancia materna y el riesgo de OB que sería menor cuanto mayor sea la duración del período de lactancia. Por cada mes de lactancia materna habría una disminución del 4% en el riesgo de OB. Este efecto se produciría hasta los nueve meses de lactancia materna y sería independiente de la definición del SP y de la edad del seguimiento.
La RS de Owen174, que analizó el efecto en la OB posterior, tanto en la niñez como en edades adultas, mostró que la media del IMC fue ligeramente inferior en personas que habían recibido lactancia materna (-0,04, IC 95%, -0,05 a -0,02). No obstante, los autores consideraron que la diferencia es pequeña y que puede estar influenciada de manera importante por un sesgo de publicación y otros factores de confusión. El análisis ajustado por nivel socioeconómico, consumo de tabaco por la madre en el embarazo e IMC en la madre, mostró que el efecto desaparecía en muchos de los estudios.
Una última RS175 mostró que es más improbable que las personas que haban recibido leche materna puedan ser catalogadas con criterios de OB o SP (OR 0,78, IC 95%, 0,72 a 0,84), sin modificaciones del efecto por grupo de edad, duración de la lactancia y control de las variables de confusión (estatus socioeconómico y antropometría de los progenitores).
Por lo que respecta a la promoción de la lactancia materna para prevenir el SP u OB, se han identificado varias RS Cochrane que analizan el efecto de distintas intervenciones para la promoción de la lactancia materna pero ninguna de ellas evalúa el posible efecto en la prevención de la OB infantil o en el IMC de los niños y las niñas176-179. Otras revisiones sistemáticas o narrativas analizan intervenciones para promover la lactancia materna en distintos ámbitos pero tampoco evalúan el efecto en la prevención de la OB180-182.
Un único ECA por grupos (clusters), analizó el efecto de la promoción de la lactancia materna en la prevención de la OB infantil (Promotion of Breastfeeding Intervention Trial, PROBIT)183. En este estudio se analizó el efecto de una intervención para promover la lactancia materna exclusiva prolongada sobre la talla, el peso, la adiposidad y la presión arterial a los 6,5 años, en comparación con las directrices que estuvieran en marcha sobre lactancia materna en los hospitales del grupo control. No se observaron diferencias significativas en ninguna de estas variables entre los menores del grupo intervención y los del grupo control.
La Organización Mundial de la Salud184, a partir de una serie de RS175, recomienda que siempre que sea posible, los recién nacidos sean alimentados exclusivamente con leche materna hasta los seis meses de edad, dado que existen pruebas concluyentes de los beneficios de la lactancia materna para la salud a corto y largo plazo de las madres y los recién nacidos. Entre éstos se encuentran los siguientes178:
Una revisión narrativa sobre las intervenciones para promover la actividad física en niños y niñas y adolescentes185 localizó tres estudios en atención primaria: uno en España186, otro en Irlanda187 y uno en los EE.UU.188.
Se localizaron dos estudios de baja calidad. El más reciente es un estudio piloto188 realizado en 28 familias afroamericanas con nivel de ingresos bajos, y menores entre 7 y 12 años. Tanto el grupo control como el de intervención recibieron una sesión familiar de cinco a diez minutos de consejo y un folleto sobre los riesgos del exceso de tiempo viendo la televisión, pero el grupo intervención recibió una sesión extra de 20 minutos para explicar el tiempo admisible, y un dispositivo electrónico para gestionar el tiempo de televisión. A las cuatro semanas, encontraron un aumento significativo en el grupo intervención de la participación en actividades deportivas organizadas (2,5 horas más por semana) y en el tiempo de juegos al aire libre (1 hora más por semana).
El estudio Irish Galway Health Project187, no controlado, se dirigió a escolares (de 8 a 15 años) en centros de atención primaria. La intervención, de diez minutos de duración, consistía en una entrevista con el médico o el personal de enfermería y la entrega de folletos educativos. Al año no se observaron cambios significativos en la realización de ejercicio.
Se identificó un ECA realizado en España, con 448 adolescentes entre 12 y 21 años, seguidos durante un año186. En el grupo de intervención los médicos les daban tres sesiones de consejos de diez minutos sobre la realización de actividad física y en el grupo control no se hacía ninguna intervención. Con datos de 392 adolescentes que terminaron el estudio, en el grupo intervención se produjo un aumento en la actividad física a los 6 y a los 12 meses, con incrementos de 36 y 48 min/semana, respectivamente, mientras que en el grupo control hubo una disminución de 28 y 36 min/semana.
El Grupo de Trabajo sobre Obesidad Infantil de la US Preventive Services Task Force170 señala que aunque el consejo sanitario intensivo realizado en clínicas especializadas en OB, aplicado en grupos seleccionados de niños y niñas consigue descensos mantenidos del SP de entre el 7% y el 25%, no encontraron pruebas sobre intervenciones realizadas en servicios de pediatría de atención primaria de salud. De manera similar, aunque se han identificado intervenciones comunitarias que pueden contribuir al desarrollo de estilos de vida saludables, se sabe poco acerca de si los profesionales de atención primaria pueden ser efectivos en derivar y hacer de enlaces entre los pacientes y sus familias y esos servicios comunitarios.
Así mismo, tampoco se dispone de información sobre la efectividad de las intervenciones en pediatría o atención primaria ni de su efecto en las familias. Excepto en los niños y niñas de mayor edad, las intervenciones deberían tener como objetivo a toda la familia.
Se han localizado tres ECA en adolescentes sobre esta área189-191. Un ECA realizado en el Reino Unido190 en 1.516 adolescentes de 14 a 16 años, reclutados en los registros de atención primaria, analizó una intervención de profesionales de enfermería, de 20 minutos de duración, de consejo sobre comportamientos saludables, incluyendo la alimentación y el ejercicio. No se identificaron cambios significativos en la actividad física a los tres meses ni a los doce meses. Muchos más adolescentes del grupo de intervención documentaron variaciones positivas en relación con la dieta y el ejercicio a los tres meses, pero las diferencias con el grupo control no se objetivaron a los doce meses de la intervención.
El primer estudio PACE+ (Patient-centered Assessment and Counselling for Exercise + Nutrition)189, fue realizado en los EE.UU. en 117 adolescentes de 11 a 18 años, en atención primaria de salud. A cada participante se le hacía una evaluación asistida por ordenador sobre sus hábitos de ejercicio y dieta, y elegía el área o comportamiento que quería modificar (actividad física moderada, actividad física vigorosa, ingesta de grasa e ingesta de fruta y verduras). A continuación, se establecía un plan y unos objetivos de cambio que eran aprobados por el profesional sanitario, que le proporcionaba consejos específicos. Los participantes eran entonces aleatorizados a no tener contacto con el profesional o a recibir más consejos del profesional, por correo o llamadas telefónicas. A los cuatro meses, se encontraron mejoras en todas las áreas objetivo, excepto en la de actividad física vigorosa. No se observaron diferencias significativas de resultados entre quienes habían sido o no aleatorizados a tener más contacto con los profesionales.
El segundo estudio PACE+191, realizado en 878 niños y niñas y adolescentes de 11 a 15 años, incluía como control a un grupo que recibía consejo sobre protección a la exposición solar. El grupo de intervención incluía los elementos PACE del estudio anterior más 12 meses de consejo por correo o teléfono.
No se encontraron diferencias entre los dos grupos en relación con el IMC, pero los del grupo de intervención redujeron de manera significativa el comportamiento sedentario, en torno a una hora al día, mientras que en el grupo control se mantuvo o aumentó en 0,2 horas al día. También hubo un incremento significativo en la media de días activos a la semana (+0,3) en los chicos del grupo de intervención, y en el consumo de frutas y verduras en las chicas, con 0,3 piezas más al día que en el grupo control. En el grupo de intervención era significativamente mayor el porcentaje de adolescentes que cumplían las recomendaciones sobre consumo de grasas saturadas en chicas y de días por semana con actividad física en los chicos.
Un estudio controlado no aleatorizado evaluó la eficacia de la entrevista motivacional para prevenir la OB infantil192. Quince pediatras y cinco dietistas fueron asignados al grupo control, grupo de intervención mínima (una sola entrevista con pediatra) o grupo de intervención intensiva (dos entrevistas con pediatra y dietista). Los profesionales de los grupos de intervención recibieron formación sobre la entrevista motivacional. Se incluyeron 91 menores (de 3 a 7 años, con IMC P85-P95 o un familiar con IMC>30) que acudieron al pediatra para una visita de seguimiento y a los seis meses del seguimiento hubo descensos en los percentiles IMC de los tres grupos, sin diferencias significativas, aunque el 94% de las familias comentaron que la intervención les hizo reflexionar sobre sus estilos de vida.
La guía NICE45 proporciona evidencia indirecta sobre estudios de prevención en el ámbito sanitario, realizados en personas adultas, con las siguientes conclusiones:
Respecto a la implementación de las intervenciones, y siempre en la población adulta, llegan a las siguientes conclusiones:
| Medición del peso y la talla | |
| 2- | Se desconoce con certeza si la medición del peso y la talla disminuyen la incidencia del SP y la OB168. |
| Programas de cribado | |
| 2- | Se desconoce el efecto del cribado del SP u OB en niños y niñas y adolescentes (y la correspondiente intervención en los casos necesarios) sobre los comportamientos relacionados con la alimentación o el ejercicio, las medidas fisiológicas (IMC o grasa corporal), o los resultados de salud168,169. |
| Actividad física | |
| 1- | El consejo sobre la realización de actividad física puede contribuir al aumento moderado de esta actividad (entre 36-48 min/semana en adolescentes y 2,5 h/ semana en niños y niñas)186,188. |
| Intervenciones combinadas | |
| 1+ | El consejo sobre la alimentación saludable y la realización de actividad física en adolescentes es moderadamente efectivo para mejorar la alimentación y aumentar la actividad física, especialmente si se utilizan diversas vías para facilitar el consejo como el correo electrónico, el teléfono y la consulta189-191. |
| Lactancia materna | |
| 2+ | La lactancia materna podría tener un moderado efecto protector de la OB infantojuvenil172-175, aunque se desconoce la eficacia de la promoción de aquélla para prevenir el SP y la OB. |
| 1- | Un ECA no mostró diferencias significativas en el peso y la adiposidad entre menores sometidos a una intervención para promover la lactancia materna y menores que no habían sido sometidos a ésta, a los seis años y medio de vida183. |
| 1+ | La lactancia materna exclusiva durante seis meses es beneficiosa para la salud de los bebés, a corto y a largo plazo175. |
| B | En las visitas de seguimiento de salud infantil se recomienda incluir el consejo nutricional y de fomento de la actividad física adecuado a la edad. |
| √ | En las consultas de pediatría y medicina general se recomienda promover los hábitos alimentarios y de ejercicio de niños y niñas y de toda la familia. Se debe implicar a todos los profesionales del equipo de atención primaria en la asunción y difusión de mensajes acerca de alimentación saludable y el ejercicio físico. |
| √ | Las intervenciones para promover una alimentación saludable y fomentar la actividad física deben favorecer una imagen positiva del propio cuerpo y ayudar a construir y reforzar la autoestima de los menores. Se recomienda prestar especial cuidado para evitar la estigmatización y la culpabilización de los menores con sobrepeso o de sus familiares. |
| √ | En los mensajes a los menores se debe enfatizar los aspectos lúdicos y enriquecedores de la actividad física y de una alimentación variada (diversión, placer, nuevos sabores, bienestar, disfrute con compañeros...), prestando atención a sus preferencias, dejando en un segundo término los mensajes relacionados con la salud y la enfermedad. |
| √ | Para apoyar la labor educativa del personal sanitario, los servicios sanitarios públicos deben facilitar materiales escritos o audiovisuales de apoyo para los profesionales y las familias, con contenidos no discriminatorios y adaptados culturalmente a distintos colectivos sociales. |
| √ | Las actividades y los mensajes deben adaptarse a las características concretas de cada menor y su familia, teniendo en cuenta sus necesidades y preferencias. Estrategias o técnicas como las entrevistas motivacionales pueden ser adecuadas en esos procesos. |
| A | Se recomienda la lactancia materna exclusiva durante seis meses por los numerosos beneficios para la salud de los menores. |
En la población infantil y adolescente con normopeso:
Varios ECA publicados han analizado las intervenciones en el medio comunitario, es decir fuera de los colegios o centros sanitarios, para la prevención de la OB infantil. Salvo excepciones, muchos de los estudios se han sido realizado en los EE.UU., en general son de pequeño tamaño y duración inferior a un año, y varios de ellos se han realizado en colectivos socialmente desfavorecidos. Casi todos encuentran mejoras modestas en los comportamientos relacionados con la alimentación y el ejercicio físico.
No se han identificado estudios que evaluaran intervenciones a un nivel comunitario más amplio o de política sanitaria.
Un ECA analizó una intervención dirigida a reducir el consumo de bebidas azucaradas en 103 jóvenes (de 13 a 18 años) que tomaban al menos una dosis de ese tipo de bebidas al día193. El grupo de intervención recibió semanalmente en su domicilio y de forma gratuita durante 25 semanas bebidas con bajo componente calórico (agua u otros refrescos) y consejos para que no consumieran bebidas con más calorías. El consumo de bebidas azucaradas disminuyó en un 80% en el grupo de intervención y no cambió en el grupo control.
El cambio en el IMC no fue estadísticamente significativo. En el análisis por subgrupos, según el nivel de IMC al comienzo del estudio, las diferencias sí eran significativas en el grupo con IMC del tercio superior antes de comenzar el estudio, con una diferencia de -0,75±0,34 kg/m2 respecto al grupo control.
Un ECA realizado en 953 menores de 12 años con una duración de 4 años, tenía como objetivo modificar la actitud hacia la actividad física, promover apoyo social por parte de familias y personal educativo y proveer condiciones ambientales e institucionales, para que los menores utilizaran los conocimientos y las habilidades para cambiar sus hábitos194. A los menores de las escuelas aleatorizadas al grupo de intervención se les ofrecieron oportunidades para realizar actividad física durante los recreos, las horas de comida y después de clase.
A los cuatro años se obtuvieron resultados para 732 participantes y se observaron pequeñas disminuciones significativas del IMC del grupo intervención (diferencia entre grupos -0,25 (IC 95%, -0,51 a 0,01). Los estudiantes sin SP presentaron un menor aumento del índice de masa graso y en los casos con SP los resultados no se mantuvieron en el tiempo. Así mismo, se observaron aumentos en la actividad física y una reducción en el tiempo dedicado a ver televisión, independientemente del peso inicial.
Un ECA195 evaluó la eficacia de un programa de fútbol en equipo al finalizar el horario escolar para prevenir la OB en 21 menores americanos de 9 a 10 años, con SP (IMC≥P85), de nivel socioeconómico bajo y pertenecientes a una minoría racial. Los menores fueron aleatorizados al programa de fútbol durante seis meses o a una intervención de educación sanitaria. Comparando con el grupo control, los participantes en el programa de fútbol tuvieron descensos significativos en el IMCz (diferencia -0,08 estadísticamente significativa en comparación con el grupo control) e incrementos significativos en la actividad física, siendo una intervención aceptable en ese colectivo.
Se han identificado tres estudios controlados, no aleatorizados, llevados a cabo en la comunidad con intervenciones de actividad física. El primero de ellos196 incluyó a 28 niños y niñas de 8 a 11 años de edad incluyendo la actividad física después de la escuela e incorporando ejercicios de fuerza y resistencia muscular. La duración de las actividades fue de hasta una hora por día, dependiendo de la tarea, tres veces a la semana durante diez semanas. No hubo cambios en la grasa corporal medida con pliegues al final del tratamiento.
Otro estudio197 se realizó con 22 familias (23 menores) de 6 a 16 años de edad. Evaluó actividades educativas y físicas con menores y familiares, incluyendo ejercicios aeróbicos, refrigerios saludables y educación nutricional, con una frecuencia de ocho sesiones semanales durante tres meses. No se encontraron diferencias en el IMC, ni cambios en la actividad física, pero sí un menor consumo de grasas saturadas.
Finalmente, otro estudio198 evaluó una intervención en 79 niños y niñas de 7 a 11 años de edad. Se basó en un programa de entrenamiento físico, con incentivo económico, de una frecuencia de 40 minutos por día, cinco días por semana, durante cuatro meses. Se observó una disminución del 2,2% de la grasa corporal y del tejido adiposo subcutáneo abdominal.
El estudio Girls Health Enrichment Multi-site (GEMS) incluye cuatro ECA, que tienen como población objetivo niñas preadolescentes afroamericanas (de 8 a 10 años) y sus familias199-202. Se realizaron en los EE.UU. durante 12 semanas y pretendieron evaluar la aceptabilidad y viabilidad del GEMS.
Los ECA se centraron en cambiar las conductas de alimentación y actividad física y mejorar la autoestima, con un énfasis diferente en cada uno de ellos. Se ofreció a los grupos de control de cada estudio una intervención menos integral (refuerzo de la autoestima y programa de concienciación). Los cuatro tuvieron métodos de recolección de los datos en común al inicio y a las 12 semanas. Los autores reconocieron que el escaso número de participantes no confirió el poder estadístico suficiente para comparar los cambios en el IMC y no se observaron diferencias significativas, aunque todos presentaron tendencias positivas en la antropometría de los grupos de intervención. También se encontraron tendencias en la dirección deseada para los cambios conductuales en todos los estudios, algunos de los cuales fueron significativos.
Un ECA comparó una intervención comunitaria con el control en 730 niños y niñas (de 5 a 12 años), aleatorizándolos por escuelas203. En las escuelas de intervención se facilitaron coordinadores que promovían actividades comunitarias para estimular a los menores a ser físicamente más activos, incrementando actividades no curriculares en los recreos, el tiempo para la comida y la participación en actividades después de la escuela (juegos, tareas de la casa, jardinería, etc.).
En el segundo año se añadieron mensajes sencillos sobre alimentación saludable (reducción del consumo de bebidas azucaradas y aumento del de frutas y verduras), un juego de triatlón mediante cartas y el aumento de equipamiento para realizar actividades recreativas en la escuela. Las puntuaciones z promedio del IMC fueron menores en el grupo de intervención que en el control (con diferencias significativas), tanto al cabo del primer año (diferencia ajustada de -0,09, IC 95%, -0,18 a -0,01) como del segundo (-0,26, IC 95%, -0,32 a -0,21) con cierta relación con la diferencia de peso inicial (los chicos del grupo de intervención eran algo más delgados). El perímetro de la cintura también fue algo menor en el grupo de intervención en las dos mediciones del seguimiento.
Un estudio controlado no aleatorizado, realizado en Australia204, evaluó una intervención multidisciplinar de capacitación comunitaria para promover una alimentación saludable y la actividad física (Be Active Eat Well) en 1.001 menores entre 4 y 12 años. A los tres años los menores del grupo de intervención tuvieron incrementos inferiores que los menores de los grupos de comparación, y estadísticamente significativos (comparando entre grupos), en el peso (media: -0,92 kg, IC 95%, -1,74 a -0,11), cintura (-3,14 cm, -5,07 a -1,22), cintura/altura (-0,02, -0,03 a -0,004) e IMCz (-0,11, -0,21 a 0,01).
Un estudio controlado no aleatorizado205 analizó una intervención comunitaria en 631 menores de 6 a 8 años que iban a escuelas públicas de Massachusetts y utilizaron como controles a 1.065 menores de otras dos ciudades del mismo estado, con parecida composición socioeconómica. En los menores de los tres grupos los porcentajes de individuos con IMC>P85 eran elevados: 44%, 36% y 43%. La intervención era multidisciplinar e incluía diversos aspectos dirigidos a conseguir un balance energético adecuado, aumentando las opciones de actividad física y la accesibilidad a comidas saludables a lo largo del día en todos los entornos: antes, durante y después de la escuela, en el hogar, la escuela y en la comunidad. Requería la participación e implicación de numerosos agentes: menores, familias, profesorado, personal del comedor escolar, departamentos municipales, personal sanitario, programas extraescolares, restaurantes y medios de comunicación.
El principal resultado medido fue el IMCz y al primer año de la intervención mostró mejor resultado en el grupo intervención, con una diferencia frente a los grupos control de -0,1005 (IC 95%, -0,1151 a -0,0859, p=0,001).
El estudio KidFIT206, de comparación antes-después, sin grupo control, evaluó la eficacia de una intervención de seis semanas con múltiples componentes para fomentar la actividad física y la alimentación saludable, en 120 niños y niñas de 6 a 12 años de edad. Pertenecían a colectivos sociales desfavorecidos en Houston y con altos porcentajes de SP (54%) o de riesgo de SP (71% con IMC≥P85).
Al finalizar el estudio hubo una disminución en el peso en los menores con SP (0,3 ± 0,2 kg [error estándar]) y en el IMC (0,1 ± 0,1 kg/m2). En los menores con normopeso antes del estudio aumentaban tanto el peso (0,4 ±0,1 kg) como el IMC (0,2 ± 0,1 kg/m2). También se observaron mejoras estadísticamente significativas en todos los menores en flexibilidad, resistencia y fuerza muscular.
| Intervención dietética | |
| 1- | La disminución en el consumo de bebidas azucaradas en jóvenes de 13 a 18 años incluidos en un programa comunitario mostró discretas disminuciones en el IMC, especialmente en quienes tienen IMC más elevados193. |
| Intervención de actividad física | |
| 1+ | Un programa multidisciplinar con la implicación de familias, educadores y estrategias institucionales y ambientales mostró discretos cambios en el IMC, un aumento de la actividad física y una reducción en el tiempo de televisión194. |
| 1- | Un programa de fútbol fuera del horario escolar mostró una ligera disminución en el IMC y fue efectivo para aumentar la actividad física195. |
| Intervención de dieta y actividad física | |
| 1- | Los programas de promoción de dieta saludable y ejercicio físico en el ámbito comunitario han presentado resultados inconsistentes: cuatro ECA en niñas afroamericanas de 12 semanas de duración no fueron eficaces para reducir el IMC199-202 y un ECA de dos años de duración en niños y niñas australianas mostró disminuciones moderadas del IMC203. |
| B | En la población infantil y adolescente se recomienda la restricción de bebidas azucaradas y el fomento de programas comunitarios que favorezcan su reducción y contribuyan al consumo de agua. |
| √ | Se recomienda la toma de medidas por parte de las autoridades competentes para restringir la oferta y la promoción de productos alimentarios con alto contenido en grasas insalubres o en azúcares (bebidas azucaradas, bollerías, productos de charcutería, etc.). |
| √ | Se recomienda fomentar la producción y la accesibilidad a frutas y verduras por medio de políticas fiscales o subvenciones. |
| √ | Se recomienda el control de la publicidad dirigida a los menores de productos con alto contenido en grasas insalubres o azúcares. |
| √ | Se recomienda la obligación de etiquetar los alimentos procesados con información nutricional y sobre los potenciales efectos dañinos para la salud. |
| B | En la población infantil y adolescente se recomienda la instauración de programas de actividad física fuera del horario escolar, adaptados a la edad y sus preferencias. |
| B | En la población infantil y adolescente se recomienda la instauración de programas comunitarios orientados a fomentar un estilo de vida saludable, una alimentación sana y la práctica de actividad física. |
| √ | Se recomienda la creación de espacios seguros y agradables, así como de infraestructuras adecuadas para el juego y el deporte en espacios públicos, para los menores y los adolescentes. |
| √ | Se recomienda impulsar actuaciones específicas (gratuidad, ayudas...) para facilitar el acceso a instalaciones deportivas municipales para niños y niñas, adolescentes y familiares de colectivos socialmente desfavorecidos. |
En la población infantil y adolescente con normopeso:
La distinción entre intervenciones en el ámbito comunitario y familiar es muy compleja, ya que la familia suele estar implicada en muchas de las intervenciones llevadas a cabo, tanto en la comunidad como en las escuelas y centros sanitarios. Aun así, en este apartado se describen algunos ECA, todos ellos realizados en los EE.UU., que analizan distintas intervenciones dirigidas fundamentalmente a las familias. Estos estudios son, por lo general, de pequeño tamaño, realizados varios de ellos en colectivos con condiciones socioeconómicas desfavorables, que muestran que diversas intervenciones en esos grupos tienen efectos positivos en la promoción de conductas saludables relacionadas con la alimentación y el ejercicio de los niños y las niñas.
Una intervención familiar que consistía en andar 2.000 pasos extras al día y consumir cereales en 105 familias con menores (de 8 a 12 años) con SP o con riesgo de SP, fue evaluada en un ECA de 13 semanas de duración207. La intervención fue eficaz tanto en la disminución del IMC y de la grasa corporal de los menores, como en el peso, el IMC y el porcentaje de grasa corporal de sus familiares, en comparación con el grupo control. Un análisis por subgrupos demostró que los efectos positivos de la intervención se producían principalmente en las niñas y en las madres.
Otro ECA (192 familias)208 evaluó el efecto de andar 2.000 pasos extras al día y disminuir el consumo de 100 Kcal al día, reemplazando el azúcar de la dieta por un edulcorante no calórico. Al grupo de control se le pidió que usara podómetros, pero no se le marcaron objetivos de ejercicio ni de dieta. A los seis meses, los menores de ambos grupos mostraron descensos significativos del IMC para su edad, pero los resultados en el grupo con objetivos a conseguir eran mejores con relación al porcentaje de menores que mantenían o bajaban el IMC. En los familiares de ambos grupos no hubo aumentos significativos del IMC en el período del estudio.
Un ECA aleatorizó 87 familias en tres grupos: uso de podómetro y consejos educativos, podómetro sólo y grupo control209. A los que recibían un podómetro se les animaba a andar 10.000 pasos al día durante 12 semanas. Al final del estudio se observaron ligeros descensos en el peso de los menores y sus familiares y aumentos en el nivel de actividad, similares en ambos grupos asignados a utilizar un podómetro. No obstante, la mayoría se mostraron poco dispuestos a continuar con el uso del podómetro tras la finalización del estudio.
En un ECA 43 madres indias americanas con preescolares (de 9 meses a 3 años) fueron aleatorizadas a una intervención educativa o a un grupo control (programa habitual de crianza) durante 16 semanas210. El 54% de los menores eran varones y las madres tenían un IMC>25. El porcentaje de menores clasificados como obesos (OB definida como la puntuación z del peso para la altura>P95) fue del 3% en el grupo de intervención y del 5% en los controles. Al final de la intervención, el IMC materno y la prevalencia de la OB no fueron significativamente diferentes, pero la ingesta calórica disminuyó en el grupo de intervención y aumentó en los controles en las madres y los menores.
Otro ECA analizó una intervención centrada en progenitores con OB, cuyos hijos e hijas no la presentaban, para modificar su conducta aumentando el consumo de frutas y verduras o disminuyendo el de comidas con gran contenido en grasas y azúcares211. Los resultados al año de seguimiento mostraron mejoras en el consumo de alimentos más saludables y un descenso en los menos saludables, tanto en los familiares como en los menores, y se redujo el porcentaje de personas adultas con SP.
Un estudio piloto controlado no aleatorizado212 evaluó una intervención de un año de duración para promover hábitos saludables en las familias de preescolares, consistente en atender sesiones educativas grupales y visitas con una nutricionista. Se observaron efectos positivos estadísticamente significativos (en comparación con el grupo control) en la frecuencia de oferta de agua a los menores en lugar de bebidas azucaradas y en las veces en que se implicaban en actividades de juego activo con los menores.
| 1- | Las intervenciones dirigidas a padres y madres para mejorar la dieta y aumentar la actividad física muestran ligeros cambios en el IMC de los menores y discretas mejoras en la dieta y en la actividad física de toda la familia207-211. |
| B | Es necesario implicar a padres y madres en los programas orientados a mejorar la dieta y aumentar la actividad física para prevenir la obesidad. |
| √ | Se requieren programas educativos dirigidos a la familia para fomentar un estilo de vida saludable, incidiendo en la alimentación sana, la formación para la comprensión de la información nutricional en el etiquetado de los alimentos y la promoción del ocio activo. |
| √ | Se recomienda implicar a los niños y las niñas en la compra de los alimentos y el fomento de técnicas culinarias simples. |
| √ | Se recomienda que los niños y las niñas realicen comidas regulares, con la presencia de la familia y sin elementos de distracción (como la televisión). |

Última actualización: mayo de 2010


