La prevención primaria del ictus está orientada a la actuación sobre los factores de riesgo vascular modificables. A pesar de ello, los factores de riesgo no modificables identifican a aquellos sujetos que tienen un riesgo más elevado de padecer un ictus y que pueden beneficiarse de un control más riguroso de los factores modificables.
La edad es el principal factor de riesgo no modificable para el ictus. Aunque las cifras varían considerablemente, incluso dentro de una misma región, la incidencia de ictus se duplica aproximadamente cada 10 años a partir de los 55 años37-39. A partir de los 75 años, las tasas específicas de mortalidad vascular por grupo de edad (década) se sitúan en la primera causa de muerte40.
Las muertes por enfermedad vascular en España son más numerosas en mujeres que en hombres, aunque la tasa ajustada por edad y tipo de enfermedad vascular es superior en los hombres. Esta tendencia es similar en otros entornos40-42. Puede parecer potencialmente paradójico, pero tiene un origen bien conocido: en primer lugar, un mayor riesgo vascular de los hombres para una misma edad y, en segundo lugar, la enfermedad vascular es mucho más frecuente en edades avanzadas de la vida, cuando el número de mujeres es superior al de los hombres y, por tanto, las muertes atribuibles por ictus son más numerosas en las mujeres43.
En diversos estudios observacionales desarrollados en Estados Unidos se ha visto que las personas de origen afroamericano e hispanoamericano presentan una mayor incidencia y mortalidad por ictus44-47. En concreto, un estudio mostró que la incidencia de ictus en población negra fue un 38% superior que en población blanca48. Una de las explicaciones que se han sugerido a este fenómeno es la mayor prevalencia de factores de riesgo como la hipertensión o la diabetes entre la población negra, aunque es improbable que estos factores puedan explicar el exceso de carga en ciertas razas. En nuestro entorno, un estudio de casos y controles no mostró diferencias significativas para los principales factores de riesgo entre población española y noreuropea que habían sufrido un ictus, excepto para la hipertensión, que fue más frecuente en población española49.
El factor de la raza parece influir igualmente en la respuesta al tratamiento. Así, la respuesta a los antiagregantes podría ser distinta entre diferentes razas o etnias50. De modo parecido, una RS mostró resultados diferentes para la prevención de eventos vasculares con los tratamientos antihipertensivos en población blanca, negra o asiática51.
La presencia de antecedentes familiares de ictus se ha asociado con un riesgo más elevado de ictus52. Eso podría deberse a la transmisión hereditaria de los factores de riesgo clásicos, la transmisión hereditaria de una mayor susceptibilidad a esos factores, el hecho de compartir determinados factores ambientales o estilos de vida y a la interacción entre todos ellos53.
Una RS de 53 estudios observacionales mostró que los gemelos y las personas con antecedentes familiares de ictus presentaban un riesgo más elevado de padecer un ictus según fueran estudios de cohortes o casos control (odds ratio [OR]: 1,30; IC 95%: 1,2 a 1,5 y OR: 1,76; IC 95%: 1,7 a 1,9 respectivamente) en comparación con la población general. Además, los gemelos homocigóticos mostraron una historia de ictus más concordante que los gemelos heterocigóticos. La mayoría de los estudios incluidos en esta revisión no diferenciaron los tipos de ictus en isquémicos o hemorrágicos, de modo que resulta de difícil interpretación el hecho de que entidades patológicas tan diferenciadas pueden compartir un mismo sustrato genético. La revisión mostró una relación para los ictus isquémicos de vaso pequeño y grande, pero no para los de tipo cardioembólico54.

Última actualización: mayo 2009

