El abordaje del trastorno esquizofrénico y de las fases precoces de los trastornos psicóticos exige una elección cuidadosa de los diferentes tipos de intervenciones disponibles, su adecuada articulación, así como la opción de ámbito de intervención más adecuada.
En esta línea se han desarrollado estudios como el de Falloon orientados a la implementación de tratamientos integrados con evidencia científica71. Según este autor, toda persona con un trastorno esquizofrénico debería ser atendida con una combinación de tratamiento antipsicótico óptimo, estrategias educativas dirigidas al paciente y su entorno, y estrategias cognitivas conductuales para mejorar objetivos laborales y sociales, reducción de síntomas residuales y atención asertiva domiciliaria.
Presentamos, a continuación, el análisis de los distintos tipos de intervención, así como un estudio de los diferentes ámbitos asistenciales en la comunidad.
Los tratamientos farmacológicos son un elemento habitualmente indispensable tanto en el tratamiento de los pacientes con esquizofrenia como en los primeros episodios psicóticos. Las medicaciones se utilizan para el tratamiento de los episodios agudos, para la prevención de futuros episodios y para la mejoría de los síntomas entre episodios. Los fármacos antipsicóticos son el principal tratamiento farmacológico de estos pacientes. Sin embargo, otros medicamentos, como los estabilizantes del estado de ánimo y otras medicaciones coadyuvantes, también resultan útiles en determinados subgrupos de pacientes2-4,72.
La medicación principal en el tratamiento de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos está constituida por los fármacos antipsicóticos, introducidos en la práctica clínica desde los años cincuenta del pasado siglo. Por sus características, efectos sobre los síntomas psicóticos y por sus perfiles de efectos adversos, se los ha clasificado en dos grandes grupos: antipsicóticos de primera generación o convencionales, y antipsicóticos de segunda generación o atípicos. En el análisis de ambos grupos, que se presenta a continuación, se han tenido en cuenta las consideraciones sobre los tratamientos farmacológicos contenidas en las diferentes guías de práctica clínica examinadas, así como las que aparecen en la Guía de prescripción terapéutica (GPT) con información de medicamentos autorizados en España, adaptación española del British National Formulary, publicada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (2006)b. La GPT se ha tenido especialmente en cuenta en lo tocante a la posología de los diferentes fármacos contemplados, tanto en la redacción del texto como en las diferentes tablas de prescripción y en las tablas comparativas que se han elaborado. En este sentido, y en relación a la recomendación sobre las dosis superiores al límite alto indicado, se recoge que «salvo especificación contraria, las dosis indicadas son las autorizadas; es decir, ninguna dosis superior está autorizada»73.
Los fármacos antipsicóticos de primera generación agrupan a un conjunto de especialidades farmacéuticas que se caracterizan por actuar frente a los síntomas psicóticos. Los actualmente autorizados en España son los siguientes: clorpromazina, clotiapina, haloperidol, levomepromazina, perfenazina, periciazina, pimozida, sulpirida, tioproperazina, trifluoperazina y zuclopentixol.
Se clasifican en tres grupos según su potencia antipsicótica: a) alta potencia (como haloperidol); b) potencia intermedia (como perfenazina); c) baja potencia (como clorpromazina).
Son eficaces para reducir la mayor parte de los síntomas positivos de la esquizofrenia (alucinaciones, delirios, conductas extrañas), y en menor medida los síntomas negativos (apatía, embotamiento afectivo, alogia, abulia), frente a los que son relativamente ineficaces.
Poseen un margen terapéutico de seguridad muy elevado por lo que las sobredosis rara vez son mortales si no se complican con problemas médicos preexistentes o por el consumo simultáneo de alcohol u otras medicaciones. En caso de sobredosis, la depresión respiratoria y la hipotensión son las que presentan mayor riesgo.
Se pueden utilizar en forma oral, intramuscular de acción rápida o en depot de acción prolongada; la preparación intramuscular de acción breve es la que alcanza antes la concentración máxima. Las medicaciones depot son de especial utilidad en la fase de mantenimiento (tabla 3, anexo 2).
La dosis eficaz de una medicación antipsicótica está estrechamente relacionada con su afinidad por los receptores dopaminérgicos (especialmente los D2) y con su tendencia a causar efectos adversos extrapiramidales.
Las medicaciones de alta potencia tienen una mayor afinidad por los receptores dopaminérgicos que la que presentan las de baja potencia, y precisan dosis mucho más bajas. Las de alta potencia se prescriben con mayor frecuencia que las de baja potencia (aunque tienen mayor tendencia a producir efectos adversos extrapiramidales), y se administran de manera más segura por vía intramuscular ya que rara vez producen hipotensión74. Se puede alcanzar la dosis adecuada en dos días. Se ha comprobado que dosis altas de antipsicóticos de alta potencia no son más eficaces ni tienen acción más rápida que dosis moderadas y se asocian a una mayor incidencia de efectos adversos74.
Las de baja potencia producen sedación e hipotensión ortostática y se debe aumentar la dosis de forma gradual. Pueden causar una amplia gama de efectos adversos, muchos de ellos consecuencia de efectos farmacológicos sobre sistemas de neurotransmisores en regiones distintas del lugar donde se pretende que la medicación ejerza sus efectos terapéuticos.
Recogemos, seguidamente, un breve comentario de cada uno de los antipsicóticos de primera generación, conforme a las características y usos recogidos en la GPT. Las pautas de posología se recogen en la tabla 4, anexo 2. Asimismo, se ha elaborado un cuadro comparativo de intervalos de posología habitual para adultos según recomendaciones de la GPT73, así como un cuadro comparativo de intervalos de posología habitual para adultos según recomendaciones de la GPT73, las GPC de la APA4, y la Canadian Psychiatric Association (CPG)2, las recomendadas por la World Federation of Societies of Biological Psychiatry (WFSBP)75,76 y PORT40 y, finalmente, las de dos publicaciones de consulta en el ámbito español: RTM-III77 y el libro de Chinchilla78 (tabla 5, anexo 2).
A continuación, se expone de forma individualizada una serie de efectos adversos según las recoge la GPC de la APA4:
Convulsiones: Los antipsicóticos de primera generación pueden reducir el umbral de convulsión y originar la aparición de convulsiones tonicoclónicas generalizadas. La baja potencia de estos antipsicóticos se asocia con un riesgo mayor. En el caso de los antipsicóticos de baja potencia, la frecuencia de las convulsiones se relaciona con las dosis, y las dosis más altas están asociadas a un riesgo mayor. A las dosis habituales, el porcentaje de convulsiones es inferior al 1%, aunque en el caso de los pacientes con antecedentes de convulsiones idiopáticas o inducidas por la medicación el riesgo es más elevado.
Efectos alérgicos y dermatológicos: Las reacciones alérgicas cutáneas son bastante frecuentes con los antipsicóticos de primera generación. Para remitir estos síntomas suele ser eficaz interrumpir el tratamiento farmacológico o administrar un antihistamínico.
Efectos hepáticos: Con este tipo de medicamentos también se produce elevación de la concentración de las enzimas hepáticas e ictericia colestásica. Se ha observado aparición de ictericia entre el 0,1 y el 0,5% de los pacientes que toman clorpromazina. Este efecto secundario suele producirse durante el primer mes tras el inicio del tratamiento, y generalmente requiere la interrupción de éste.
Efectos oftalmológicos: Pueden aparecer retinopatías pigmentarias y opacidades corneales con la administración crónica de medicamentos de baja potencia, como la clorpromazina, en particular en dosis altas (p. ej. más de 800 mg/día de tioridazina -ya retirada del mercado-). Por esta razón, los pacientes mantenidos con estos medicamentos deberían someterse a exámenes oftalmológicos periódicos.
Efectos hematológicos: La administración de medicamentos antipsicóticos puede causar efectos hematológicos, como la inhibición de la leucopoyesis. Este tipo de efectos incluye leucopenia benigna y agranulocitosis, que es más grave. La clorpromazina es la causante de la leucopenia benigna en más del 10% de los pacientes y de agranulocitosis en el 0,32% de ellos.
Efectos cardiovasculares: entre los efectos cardiovasculares destacan la hipotensión ortostática, la taquicardia y la prolongación del intervalo QT con haloperidol.
Aumento de peso: el incremento de peso se produce con la mayor parte de antipsicóticos; hasta un 40% de los pacientes tratados suben de peso.
Evitar el aumento de peso debería ser una prioridad, ya que muchos pacientes tienen dificultades para adelgazar. Cuando se observe que el afectado ha ganado peso, hay que señalarle la necesidad de ponerse a dieta y hacer ejercicio, o de derivarle a un dietista.
Efectos sobre la función sexual: La disfunción eréctil aparece en el 23-54% de los hombres. Otros efectos consisten en alteraciones en la eyaculación en el hombre y en pérdidas de la libido o anorgasmia en ambos sexos. Además, con determinados antipsicóticos se ha observado eyaculación retrógrada, debida probablemente a los efectos antiadrenérgicos y antiserotoninérgicos. La reducción de la dosis o la interrupción del tratamiento normalmente conllevan una reducción o desaparición de los síntomas. Si no puede reducir la dosis ni es posible administrar un fármaco alternativo, puede recurrirse a la yohimbina o la ciproheptadina.
Pueden producirse numerosas interacciones farmacológicas que tengan efectos clínicos importantes en los pacientes que reciben tratamiento con medicación antipsicótica. Determinados antidepresivos heterocíclicos, la mayor parte de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), algunos beta-bloqueantes y la cimetidina pueden aumentar la concentración plasmática de antipsicóticos e incrementar los efectos adversos. Por otro lado, los barbitúricos y la carbamazepina disminuyen la concentración plasmática al actuar sobre las enzimas del citocromo P-4504.
En la actualidad están autorizados en el Estado español los siguientes antipsicóticos de segunda generación: clozapina, risperidona, olanzapina, paliperidona, sertindol, quetiapina, ziprasidona, amisulpride y aripiprazol.
En este apartado se ha procedido a describir cada uno de los antipsicóticos de segunda generación. Asimismo, se han incluido las pautas de posología que se recogen en la GPT (tabla 6, anexo 2)73, así como un cuadro comparativo de intervalos de posología habitual para adultos según recomendaciones de la GPT73, las GPC de la APA4 y la CPG2, las recomendadas por la WFSBP75,76 y PORT40 y, finalmente, las de dos publicaciones de consulta en el ámbito español: RTM-III77 y el libro de Chinchilla78 (tabla 7, anexo 2).
En lo referente a los efectos adversos de los antipsicóticos atípicos (EAAA) la GPT recoge que comprenden el aumento de peso, los mareos, la hipotensión postural (sobre todo, durante el ajuste inicial de la dosis) que puede asociarse con síncope o taquicardia reflejos de algunos pacientes, los síntomas extrapiramidales (en general, leves y pasajeros, que responden al descenso de la dosis o a un antimuscarínico) y, a veces, la discinesia tardía tras el tratamiento prolongado (hay que suspender la medicación cuando aparezcan los primeros signos). La hiperglucemia y, en ocasiones, la diabetes pueden ocurrir, sobre todo con la clozapina y la olanzapina; la monitorización del peso y de la glucosa plasmática permite detectar la hiperglucemia. Rara vez se ha descrito el síndrome neuroléptico maligno.
Síndrome metabólico
Se denomina síndrome metabólico al conjunto de obesidad, hiperglucemia e hipertrigliceridemia, normalmente asociado a resistencia a la insulina. Estos factores pueden conducir a cardiopatía isquémica, diabetes y enfermedades por sobrepeso91.
El síndrome metabólico para ser diagnosticado como tal debe cumplir tres de las siguientes alteraciones: a) obesidad abdominal (perímetro abdominal > 102 cm en varones y > 88 cm. en mujeres), b) hipertrigliceridemia (triglicéridos sericos > = 150 mg/dl), c) concentración baja de colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad (HDLc < 40 mg/dl en varones y < 50 mg/dl en mujeres), d) presión arterial elevada (130/85 mmHg) o e) glicemia en ayunas elevada (110 mg/dl)92.
Se ha documentado que algunos antipsicóticos de segunda generación, especialmente clozapina y olanzapina, provocan aumentos de peso significativos93,94 y en algún caso riesgo de diabetes,95-97 que es de por sí mayor en esquizofrénicos que en la población general,98 con la posibilidad de factores de riesgo previos al tratamiento antipsicótico99,100.
Todo ello hace altamente aconsejable la realización de controles físicos: Tensión arterial, glicemias, perímetro abdominal y determinaciones de colesterol y triglicéridos en sangre de forma periódica91,96,101.
Los efectos anticolinérgicos sedantes, hipotensores y el aumento de peso son frecuentes con todos los antipsicóticos atípicos. La clozapina se asocia a una elevada incidencia de efectos anticolinérgicos y sedantes, y puede producir convulsiones y agranulocitosis. La clozapina y la olanzapina producen más aumento de peso e hiperglucemia, la risperidona tiene más efectos extrapiramidales y produce más aumento de prolactina y quizá alargamiento del QT, y la quetiapina y el sertindol podrían alargar más el intervalo QT102.
Por otro lado, un estudio retrospectivo, ha advertido que el alargamiento del intervalo QT y la muerte súbita de origen cardíaco pueden ser producidas tanto por los antipsicóticos típicos como por los atípicos, y tienen relación con las dosis103. La incidencia del alargamiento del intervalo QT según los resultados del ensayo clínico CATIE (Clinical Antipsychotic Trials of Intervention) sería aproximadamente del 3%, y la de la muerte súbita en pacientes tratados con antipsicóticos sería, según este nuevo estudio, del 3 por 1.000.
Si bien la GPC del APA (2004) recoge la utilización de otros medicamentos para potenciar la eficacia terapéutica de los antipsicóticos y para tratar los síntomas residuales, incluyendo los positivos, negativos y afectivos, se discute la eficacia de estos tratamientos en pacientes con esquizofrenia.
La literatura médica internacional107-114 se viene ocupando extensamente de los tratamientos con fármacos antipsicóticos, particularmente de la evaluación de su eficacia, efectividad y efectos adversos; tanto de cada uno de ellos como de forma comparativa, particularmente entre los antipsicóticos de primera y segunda generación. Todo ello con la finalidad de poder efectuar recomendaciones para su utilización.
Una cuestión principal para las recomendaciones referidas al uso de los tratamientos antipsicóticos es la elección de los mismos, particularmente cuando se trata de un primer episodio psicótico o de esquizofrenia. En la elección, pueden concurrir diferentes criterios como son el grado de respuesta de los síntomas, los efectos adversos que puedan generarse, las preferencias del paciente y la vía de administración. Todos ellos deben ser tenidos en cuenta.
De la comparación entre las GPC seleccionadas se extraen las siguientes recomendaciones de carácter general. Para la GPC de la APA, los antipsicóticos de segunda generación deberían ser los medicamentos de elección en la fase aguda, principalmente porque el riesgo de provocar efectos adversos extrapiramidales y discinesia tardía es menor106. La GPC del NICE concluye que la evidencia considerada sugiere que los antipsicóticos de segunda generación son, por lo menos, tan eficaces como los medicamentos tradicionales en términos de tasas de respuesta general. También hay evidencias que sugieren que pueden variar en sus efectos relativos sobre síntomas positivos y negativos y tasas de recaídas. Sin embargo, no se dispone de datos adecuados para poder diferenciar la evaluación del impacto global de cada atípico para personas con esquizofrenia. Asimismo, recoge que las conclusiones que pueden extraerse de la mayoría de los estudios son limitadas debido a la ausencia de seguimientos a largo plazo3,115. La GPC del RANZCP1 considera que hay una evidencia mínima de que los antipsicóticos de segunda generación sean más eficaces que los de primera generación en el tratamiento agudo de los síntomas positivos, aunque parecen ser más efectivos en la prevención de recaídas. Se manejan datos que sugieren, pero que no demuestran, mayor eficacia para los síntomas negativos y neurocognitivos. Se da mayor importancia al hecho de que los nuevos antipsicóticos sean mucho mejor tolerados y produzcan menos efectos adversos motores, incluyendo discinesia tardía.
La GPC de la Canadian Psychiatric Association2 establece que no existen diferencias claras y consistentes entre los antipsicóticos de primera y de segunda generación en relación con la respuesta terapéutica frente a los síntomas positivos, con excepción de la clozapina para el tratamiento de pacientes resistentes.
Los medicamentos de segunda generación poseen un mayor espectro de efectos terapéuticos, con un efecto pequeño pero significativo sobre los síntomas negativos y la disminución cognitiva. Considera también las diferencias significativas entre antipsicóticos de primera y de segunda generación en los perfiles de efectos adversos. Los de segunda generación inducen menos efectos adversos neurológicos, tanto efectos adversos extrapiramidales como discinesia tardía, pero pueden tener una mayor propensión a causar efectos adversos metabólicos (incremento de peso, diabetes, dislipidemia o síndrome metabólico), aunque la evidencia se basa sobre todo en la experiencia clínica y en la publicación de estudios no aleatorizados2. De ello se deriva, finalmente, una recomendación del uso de los antipsicóticos de segunda generación, particula rmente en el inicio de intervenciones farmacológicas.
Entre los principios generales de los tratamientos medicamentosos de la CPG canadiense se incluirían los siguientes2:
Moore, a partir del estudio de cinco guías, algoritmos y consensos de expertos norteamericanos que incluyen la GPC de la APA, el Expert Consensus Guideline on Treatment of Schizophrenia, el Texas Medication Algorithm Project (TMAP) Schizophrenia Algorithm, PORT y el Schizophrenia Algorithm del International Psychopharmacology Algorithm Project recogen algunas recomendaciones generales comunes a casi todas ellas, y que coinciden con las GPC utilizadas en este documento116:
El estudio desarrollado por el grupo CATIE considera que la relativa eficacia de los antipsicóticos de segunda generación (atípicos) en comparación con fármacos más antiguos no se ha tratado en profundidad, aunque los nuevos fármacos se están utilizando con mucha más frecuencia. Se comparó un antipsicótico de primera generación, perfenacina, con varios fármacos más recientes en un ensayo a doble ciego. Participaron en este estudio 1.493 pacientes con esquizofrenia de 57 centros de Estados Unidos que fueron asignados aleatoriamente para recibir olanzapina (de 7,5 a 30 mg al día), perfenacina (de 8 a 32 mg al día), quetiapina (de 200 a 800 mg al día) o risperidona (de 1,5 a 6,0 mg al día) durante un período máximo de 18 meses. Una vez aprobada por la FDA, se incluyó también ziprasidona (de 40 a 160 mg al día). El objetivo principal consistió en definir las diferencias en la eficacia global entre estos cinco tratamientos. Como conclusiones, se observó que la mayoría de los pacientes en todos los grupos abandonaron el tratamiento asignado por falta de eficacia, efectos adversos intolerables u otros motivos. La olanzapina se asoció a tasas de abandono más bajas. La eficacia de la perfenacina fue, aparentemente, similar a las de quetiapina, risperidona y ziprasidona. La olanzapina se asoció a un mayor aumento de peso y a un mayor aumento de las determinaciones metabólicas de la glucosa y los lípidos117.
En otro estudio vinculado al proyecto CATIE se concluyó que, después de dos meses de tratamiento antipsicótico en pacientes con esquizofrenia asignados aleatoriamente a un tratamiento farmacológico con olanzapina, perfenazina, quetiapina o risperidona, todos los grupos obtuvieron una pequeña pero significativa mejoría en la neurocognición118. No se apreciaron diferencias entre ningún par de agentes incluido el antipsicótico atípico perfenazina.
Los antipsicóticos de segunda generación son percibidos como más efectivos, con menos efectos adversos y parecen ser preferidos por los pacientes. Sin embargo, la mayoría de la evidencia científica al respecto proviene de ensayos clínicos sobre la eficacia a corto plazo sobre los síntomas. Por esta razón, el grupo de investigación CUtLASS (Cost Utility of the Latest Antipsychotic Drugs in Schizophrenia Study) diseñó un ensayo controlado y aleatorizado con el objetivo de comprobar la hipótesis de que en pacientes con esquizofrenia que requieren cambios de tratamiento, los antipsicóticos de segunda generación, al margen de la clozapina, se asocian con mejoras en la calidad de vida al año en comparación con los antipsicóticos de primera generación119. Este ensayo pragmático y multicéntrico que no recibió financiación con intereses comerciales realizó valoraciones a los pacientes a las 12, 26 y 56 semanas basándose en el análisis por intención de tratar. La hipótesis principal de mejoras significativas en la calidad de vida tras un año de seguimiento fue refutada. Los participantes en el grupo que recibió antipsicóticos de primera generación mostraron una tendencia a una mayor mejoría en calidad de vida y sintomatología. Los participantes no señalaron ninguna preferencia por ningún grupo de fármacos; los costes fueron similares. En conclusión, las personas con esquizofrenia que han cambiado de medicación por motivos clínicos, no tienen desventajas a lo largo de un año en términos de calidad de vida, síntomas o costes asociados a los cuidados en la utilización de antipsicóticos de primera generación ante los de segunda generación que no sean clozapina.
Lewis y colaboradores elaboraron la segunda parte del estudio anteriormente mencionado CUtLASS2120. El diseño del trabajo incluyó un ensayo controlado y aleatorizado a la vez que prágmático, abierto y multicéntrico y se centró en la efectividad de la clozapina frente a otros antipsicóticos de segunda generación en el tratamiento de la esquizofrenia. Los evaluadores fueron ciegos a la condición de tratamiento, el seguimiento de la muestra se hizo durante un año y no se obtuvo financiación de la industria farmacéutica. El ensayo se centró en la relativa eficacia clínica de los antipsicóticos de segunda generación que no fueran de la clase de la clozapina antes que en la eficacia individual de los fármacos, ya que éstos por lo general se agrupan conjuntamente en las guías clínicas. Los autores llegaron a la conclusión de que en pacientes con esquizofrenia con una respuesta pobre al tratamiento con dos o más fármacos antipsicóticos, hay evidencia científica que apoya el inicio del tratamiento con clozapina antes que con otros fármacos antipsicóticos de segunda generación desde el punto de vista de la mejoría de síntomas a lo largo de un año.
Los resultados fueron los mismos en los estudios CATIE y CUtLASS, y sorprendieron a los dos grupos de investigadores. En ambos ensayos, la hipótesis principal fue refutada y los antipsicóticos de segunda generación no fueron más efectivos (con la excepción de la olanzapina en el estudio CATIE. Además, estos fármacos no provocaron menos efectos adversos extrapiramidales. En ambos ensayos, la clozapina fue el agente más efectivo para pacientes resistentes al tratamiento120.
También se ha publicado recientemente un metanálisis de 150 estudios a doble ciego (la mayoría a corto plazo) con un total 21.533 pacientes con esquizofrenia, para comparar la eficacia entre los diferentes antipsicóticos respecto al haloperidol85. Dadas las incertidumbres acerca de la supuesta superioridad de los antipsicóticos de segunda generación sobre los de primera, se realizó un metanálisis de ensayos clínicos con el fin de comparar los efectos de estos dos tipos de fármacos en pacientes con esquizofrenia. Se compararon nueve fármacos antipsicóticos de segunda generación con antipsicóticos de primera en diversas variables: eficacia global (variable principal), síntomas positivos, síntomas negativos, síntomas depresivos, recaídas, calidad de vida, efectos extrapiramidales, aumento de peso y sedación. Se concluyó que los antipsicóticos de segunda generación difieren entre ellos en muchas propiedades, y no son un grupo homogéneo. Este metanálisis proporciona información para individualizar el tratamiento según la eficacia, los efectos indeseados y el coste.
Por otra parte, cuando la investigación se centra en primeros episodios psicóticos se observa cierta ventaja a corto plazo en cuanto a la efectividad de los antipsicóticos de segunda generación frente a los de primera, como se recoge a continuación.
Un ensayo clínico aleatorizado doble ciego comparó la eficacia en fase aguda de la olanzapina frente al haloperidol en pacientes con un primer episodio psicótico112. A las 12 semanas de tratamiento, se tomaron medidas psicopatológicas, psicosociales, neurocognitivas y de la morfología y funcionamiento cerebral. Tal y como se había observado en otros estudios, la olanzapina y el haloperidol fueron ambos efectivos en la reducción de la sintomatología psicopatológica aguda de los primeros episodios psicóticos. Sin embargo, la olanzapina presentó varias ventajas en su respuesta terapéutica. Concretamente, los pacientes tratados con olanzapina mostraron una reducción mayor de la gravedad sintomatológica y una menor tasa de parquinsonismo y acatisia inducidos por el tratamiento. Además, la continuidad en el estudio fue mayor con la olanzapina. Cabe señalar que la continuidad en el tratamiento de este tipo de población es importante debido a su elevado riesgo de recaídas. Los autores señalaron la necesidad de resultados a largo plazo para poder determinar si efectivamente los resultados con antipsicóticos atípicos son superiores en un primer episodio psicótico.
Siguiendo esta línea, en el año 2005, Schooler y colaboradores realizaron un estudio sobre la eficacia a largo plazo de la risperidona frente al haloperidol en pacientes con un primer episodio psicótico121. Para ello diseñaron un estudio aleatorizado doble ciego formado por una muestra de 555 pacientes a los que se administró dosis flexibles de los fármacos mencionados. Los autores observaron que dosis relativamente bajas de fármacos antipsicóticos condujeron a la mayoría de pacientes con un primer episodio psicótico a mejorías sintomáticas significativas. A largo plazo, la risperidona evitó recaídas en más pacientes y por un período de tiempo superior y, además, provocó menos movimientos anormales que el haloperidol.
Posteriormente, McEvoy y colaboradores llevaron a cabo un estudio para evaluar la efectividad de la olanzapina, la quetiapina y la risperidona en pacientes en una fase temprana de psicosis122. Los pacientes fueron asignados aleatoriamente a una de las condiciones de tratamiento farmacológico siguientes: 1) olanzapina, 2) quetiapina y 3) risperidona. Los autores estudiaron las tasas de interrupción del tratamiento durante un período superior a 52 semanas y concluyeron que la olanzapina, la quetiapina y la risperidona mostraban una eficacia comparable en pacientes con un trastorno psicótico incipiente, tal y como evidenciaron unas tasas de interrupción del tratamiento similares en las diferentes condiciones de estudio.
Schooler realizó una revisión sistemática de la literatura publicada entre los años 1975 y 2006 sobre la eficacia a corto y largo plazo de los fármacos antipsicóticos convencionales y atípicos en pacientes con un primer episodio de esquizofrenia con el objetivo de determinar estrategias para mejorar la adherencia a la medicación de esta población123. Se seleccionaron un total de 17 estudios que cumplieron los criterios de inclusión establecidos y, tras la revisión, la autora concluyó que los fármacos antipsicóticos atípicos presentan ventajas en el manejo a largo plazo de un primer episodio de esquizofrenia. Además, se acentuó que los antipsicóticos atípicos de larga duración podrían ser considerados como una estrategia nueva en pacientes con un primer episodio de esquizofrenia.
Más recientemente, Opjordem y colaboradores elaboraron un estudio naturalístico con el objetivo de comparar la tasas de interrupción del tratamiento con antipsicóticos de primera generación frente a los de segunda en pacientes con un primer episodio psicótico124. Para ello, consideraron la prescripción de estos fármacos en 301 pacientes con un primer episodio psicótico procedentes de cuatro áreas de captación. Durante el primer año de estudio, la primera opción farmacológica fueron los antipsicóticos de primera generación en dosis bajas. A partir del segundo año, se consideraron como primera opción los antipsicóticos de segunda generación. Se permitió el cambio de tratamiento cuando cualquiera de las medicaciones fue valorada como inefectiva o desencadenó efectos adversos importantes. Este cambio fue más frecuente en el grupo tratado con antipsicóticos de primera generación en dosis bajas que en el grupo tratado con antipsicóticos de segunda generación. La falta de efecto terapéutico y la presencia de efectos adversos fueron las causas más habituales para el cambio de tratamiento en el grupo de pacientes que recibió antipsicóticos de primera generación. Además, este grupo de pacientes señaló con más frecuencia la presencia de acatisia, parkinsonismo, discinesia, distonía y disforia. Por su parte, los pacientes que recibieron antipsicóticos de segunda generación destacaron más frecuentemente el incremento de peso y la sedación. Los resultados apuntaron a una mejor adherencia y tolerancia a los antipsicóticos de segunda generación frente a los antipsicóticos de primera generación en dosis bajas.
Como conclusión, se puede afirmar que la toma de decisiones sobre el uso de medicación antipsicótica parece condicionada por tres factores principales. En primer lugar, la similitud de los efectos terapéuticos de los dos grupos de antipsicóticos frente a los síntomas positivos, que son los que habitualmente conducen al inicio de un tratamiento farmacológico. En segundo lugar, los diferentes perfiles de efectos adversos que pueden producir a los que se atribuye ser la causa principal de la falta de adherencia al tratamiento. Y finalmente, las preferencias del paciente hacia un fármaco o presentación determinados. Todo ello confirma la necesidad de individualizar el tratamiento antipsicótico.
Sobre esta base, a continuación se presenta un conjunto de recomendaciones sobre las intervenciones farmacológicas con antipsicóticos que se acompaña de un Algoritmo de intervención farmacológica (anexo 2).
| A | La medicación antipsicótica debería ser prescrita siempre que sea posible de una manera no coercitiva en combinación con intervenciones psicosociales que incluyan estrategias de promoción de la adherencia1. |
| A | Las medicaciones antipsicóticas están indicadas para casi todos los pacientes que experimentan una recaída aguda; la elección de la medicación debería guiarse por las características individuales de cada paciente2. |
| C | El peso y el índice de masa corporal deben ser medidos al inicio del tratamiento, después mensualmente durante seis meses y, a partir de entonces, cada tres meses. La consulta con un dietista es aconsejable así como el fomentar la realización de ejercicio físico regular. También podría ser necesario considerar una medicación con un menor riesgo de incremento de peso si éste no se modifica o es notable. Deberían tratarse con el paciente los pros y los contras, y proporcionarle apoyo psicosocial1. |
| C | La glucemia plasmática en ayunas y los perfiles lipídicos deberían medirse al inicio, así como a intervalos regulares durante su curso1. |
| C | Una valoración inicial óptima debería incluir una resonancia magnética, una valoración neurocognitiva, un examen neurológico de trastornos neurológicos y motores, un electrocardiograma, medición de la altura y el peso (índice de masa corporal), pruebas de detección de sustancias ilegales, perfiles lipídicos y glucemia plasmática en ayunas (y/o HbA1c)1. |
| A | Los tratamientos farmacológicos deberían ser instaurados con extrema precaución en los pacientes que no se han sometido a ningún tratamiento previo, bajo el principio básico de producir el mínimo daño posible, al tiempo que se alcanza el máximo beneficio. Esto significa la introducción gradual, con una explicación cuidadosa, de dosis bajas de medicación antipsicótica junto con medicación antimaníaca o antidepresiva cuando estos síndromes estén presentes1. |
| A | En pacientes que inician tratamiento por primera vez, se recomienda la elección de medicación antipsicótica de segunda generación, puesto que está justificada por tener una mejor tolerancia y un menor riesgo de discinesia tardía1. |
| A | Se recomienda el uso de la medicación de segunda generación oral como la risperidona, olanzapina, quetiapina, amisulpiride y aripiprazol como primera y segunda línea de tratamiento en el primer episodio de psicosis. Las dosis iniciales deben ser bajas e incrementarse poco a poco en intervalos espaciados sólo si la respuesta es baja o incompleta. El malestar secundario, el insomnio y la agitación deberían ser tratados inicialmente con benzodiacepinas. Otros síntomas como la manía y la depresión grave requieren de tratamiento específico con estabilizadores del humor y antidepresivos1. |
| C | Probablemente, estas dosis no tendrán un efecto temprano (durante los primeros días) en el malestar, el insomnio y los trastornos conductuales secundarios a la psicosis, por lo que resultarán componentes esenciales provisionalmente en el manejo de una atención de enfermería especializada, un contexto seguro y de apoyo, y unas dosis regulares y suficientes de benzodiacepinas1. |
| C | Debería reconsiderarse una medicación alternativa antipsicótica de primera o segunda generación cuando la relación riesgo-beneficio pueda cambiar para algunos pacientes, por ejemplo, si hay aumento de peso, alteración de la tolerancia a la glucosa o efectos adversos sexuales asociados al desarrollo de los agentes de segunda generación1. |
| C | Se recomienda, en las situaciones de emergencia, evitar el uso de primera elección de fármacos propensos a socavar la futura adherencia al tratamiento por la producción de efectos indeseados que generen un efecto subjetivo aversivo. Los fármacos de primera generación deberían ser utilizados sólo como última opción en estas circunstancias, particularmente el haloperidol, dado que producen rigidez más que sedación1. |
| C | Si en un primer episodio de psicosis no afectiva se presentan efectos adversos, como por ejemplo aumento de peso o el síndrome metabólico, se recomienda el uso de un antipsicótico convencional. Si la respuesta es insuficiente, hay que valorar las causas. Si no se producen efectos adversos, incrementar las dosis. Si la adherencia es pobre, analizar los motivos, optimizar la dosis y ofrecer terapia de cumplimiento terapéutico1. |
| A | Se recomienda el mantenimiento de la farmacoterapia para la prevención de recaídas en las fases estable y de estabilización, con dosis siempre dentro del intervalo de tratamiento recomendado para los antipsicóticos de primera y segunda generación2. |
| B | La medicación antipsicótica para el tratamiento de un primer episodio de psicosis debería mantenerse durante un mínimo de dos años después de la primera recuperación de los síntomas2. |
| B | En un primer episodio de psicosis, la dosificación debe ser iniciada en la mitad inferior del rango del tratamiento; los antipsicóticos de segunda generación están indicados debido al menor riesgo a corto y largo plazo de efectos adversos extrapiramidales2. |
| B | Se recomienda el uso de clozapina en casos de agresividad persistente2. |
| B | La administración de múltiples medicamentos antipsicóticos, tales como la combinación de fármacos de primera generación y de segunda, no debería utilizarse excepto durante los períodos de transición de un cambio de medicación1. |
| C | Las medicaciones antipsicóticas, de segunda generación o de primera, no deberían ser prescritas simultáneamente, excepto por cortos períodos de tiempo durante una transición3. |
| C | No se recomienda la combinación de un antipsicótico con otro, ya que podría incrementar el riesgo de efectos adversos e interacciones farmacocinéticas3. |
| C | La recomendación de combinar un medicamento antipsicótico, un estabilizador del humor y una benzodiacepina o un antidepresivo podría estar totalmente justificada por las características de los síntomas comórbidos, que son extremadamente comunes en los trastornos psicóticos1. |
| C | Si el tratamiento parenteral se considerada necesario, la vía intramuscular es preferible a la intravenosa, desde el punto de vista de la seguridad. La administración intravenosa debería ser utilizada sólo en circunstancias excepcionales3. |
| C | Las constantes vitales deberían ser controladas después de una administración parenteral del tratamiento. La presión sanguínea, el pulso, la temperatura y la frecuencia respiratoria deberían ser registrados en intervalos regulares, establecidos por el equipo multidisciplinar, hasta que el paciente vuelva a estar nuevamente activo. Si éste está dormido o parece estarlo, se requiere una monitorización más intensiva3. |
| C | La medicación depot debería reservarse para dos grupos. En primer lugar, para aquellos que optan clara y voluntariamente por esta vía de administración. Los medicamentos inyectables de segunda generación son preferibles debido a su mejor tolerabilidad y un menor riesgo de discinesia tardía. En segundo lugar, para aquellos que, a pesar de una serie de intervenciones psicosociales integrales destinadas a promover la adaptación y la adherencia, repetidamente fracasan en adherirse a la medicación necesaria y presentan recaídas frecuentes. Esto resulta aún más urgente cuando las consecuencias de las recaídas son graves e implican un riesgo sustancial tanto para el paciente como para otros1. |
| A | Los pacientes que están recibiendo medicación antipsicótica de primera generación y en los que persisten los síntomas positivos o negativos, o quienes experimentan efectos adversos de malestar, deberían cambiar a medicación antipsicótica de segunda generación oral bajo la estrecha supervisión de un especialista1. |
| A | Si el riesgo de suicidio es elevado o persistente a pesar del tratamiento para la depresión, si tal tratamiento resulta ineficaz, o si la depresión no es grave, debería contemplarse el uso inmediato de la clozapina1. |
| A | Se recomienda medicación de segunda generación para los pacientes que recaen a pesar de una buena adherencia a la medicación antipsicótica de primera generación, aunque deban tenerse en cuenta otras causas reversibles de las recaídas1. |
| A | La clozapina debe ser introducida con garantías de seguridad en la primera ocasión en caso de resistencia al tratamiento1. |
| A | Ante la falta de respuesta al tratamiento con una administración adecuada de antipsicóticos de dos tipos diferentes, se recomienda el uso de clozapina2. |
| B | La medicación antipsicótica depot debería ser tenida en cuenta para aquellos pacientes que presentan una pobre adherencia a la medicación2. |
| C | Si los síntomas de la esquizofrenia no responden a los antipsicóticos de primera generación, puede considerarse el uso de un antipsicótico de segunda generación previamente a un diagnóstico de esquizofrenia resistente al tratamiento y a la introducción de la clozapina. En estos casos, podría valorarse la introducción de olanzapina o risperidona. Se recomienda informar a los pacientes3. |
| C | La adición de un segundo antipsicótico a la clozapina podría tenerse en cuenta en personas resistentes al tratamiento en las que la clozapina por sí sola no se ha mostrado suficientemente efectiva3. |
| B | Es posible añadir antidepresivos como complemento de los antipsicóticos cuando los síntomas depresivos cumplen los criterios sindrómicos del trastorno por depresión mayor o son graves, causando un malestar significativo o interfiriendo con la funcionalidad del paciente4. |
| B | Un episodio de depresión mayor en la fase estable de la esquizofrenia es una indicación de tratamiento con un fármaco antidepresivo2. |
bSe han tenido en cuenta, asimismo actualizaciones en su página web en 2008.
cAunque su eficacia para estos síntomas no ha sido tan claramente demostrada87.

Última actualización: mayo 2009

