Las preguntas que se van a responder son:
La diabetes está asociada con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular. De cara a adoptar decisiones terapéuticas o intensificar el tratamiento (control glucémico, antiagregación, hipolipemiantes, etc.) es importante conocer qué grupos de pacientes presentan mayor riesgo cardiovascular (RCV) y podrían beneficiarse más de los citados tratamientos.
Existen diferentes ECA que nos proporcionan evidencias sobre las intervenciones eficaces en diabéticos con factores de riesgo individuales, como la HTA o la presencia de microalbuminuria.
Para los pacientes que no presentan ninguno de estos factores de riesgo existen distintas aproximaciones. Una corriente de opinión propone que la diabetes sea tratada como una enfermedad cardiovascular (prevención secundaria). Esta asunción se debería fundamentar en estudios sobre pronóstico que comparen el riesgo de eventos cardiovasculares en los pacientes con DM 2 frente al de los pacientes que han sufrido un infarto agudo de miocardio (IAM).
Otra opción es la de utilizar ecuaciones o tablas de riesgo cardiovascular o coronario para seleccionar a los pacientes que más pueden beneficiarse de intervenciones en prevención primaria cardiovascular.
En cualquier caso, estas aproximaciones deberían ir acompañadas de ensayos clínicos que avalen la eficacia de las distintas intervenciones (antiagregación, estatinas, etc.) en la disminución de eventos cardiovasculares en pacientes con DM 2.
Se han encontrado 15 estudios de cohorte (155-169) que valoran el riesgo de eventos coronarios de pacientes diabéticos frente al de pacientes con antecedentes de cardiopatía isquémica y frente a población general. Todos los estudios muestran un mayor riesgo coronario del paciente diabético respecto a la población general. Sin embargo, los resultados comparativos de mortalidad coronaria entre población diabética y población con antecedente de cardiopatía isquémica son contradictorios. Las diferencias en los resultados podrían explicarse por múltiples causas: diferencias en los criterios de inclusión, falta de uniformidad en la definición de diabetes y de cardiopatía isquémica, forma de recoger los datos, inclusión de casos incidentes o prevalentes, características de los pacientes (grupos de edad, sexo, años de evolución de la diabetes), o aspectos metodológicos (diferencia en los factores de confusión considerados, cohortes tomadas de base poblacional o no, distintas variables de resultado, pérdidas de seguimiento, etc.).
Los estudios que analizan los resultados en función del sexo coinciden en apuntar que la diabetes en mujeres supone un mayor riesgo relativo para enfermedad coronaria que en los hombres diabéticos (155-157; 159) y en algunos casos este riesgo es igual (155; 157) o incluso mayor (155; 158) al de las mujeres con antecedentes de cardiopatía isquémica.
Algunos estudios han valorado la duración de la DM y concluyen que es un factor de riesgo independiente (22) y que, a partir de 15 años de evolución de la enfermedad, el riesgo coronario se iguala con los que tienen antecedentes de cardiopatía isquémica (22; 159; 160).
Por lo tanto, concluir que el riesgo es igual en ambas poblaciones y trasladar todas las intervenciones probadas a través de ECA en prevención secundaria cardiovascular a la prevención primaria de todos los pacientes diabéticos es una afirmación que no puede realizarse en base a la evidencia revisada.
Parece necesario entonces utilizar otros criterios para la selección de los pacientes. La evolución mayor de 15 años de diabetes puede ser uno de ellos.
Como se ha comentado previamente, otra herramienta ampliamente utilizada para clasificar a los pacientes diabéticos ha sido las tablas de riesgo cardiovascular o coronario. Las tablas de riesgo cardiovascular o coronario difieren entre sí según los acontecimientos considerados.
La tabla de riesgo original de Framingham y sus adaptaciones consideran sólo el riesgo coronario que incluye el IAM no fatal (sintomático y silente), la angina y el IAM fatal. Las tablas que calculan el riesgo cardiovascular total suman al riesgo coronario el riesgo de padecer enfermedad cerebrovascular fatal y no fatal.
Ambas estiman la probabilidad de presentar eventos cardiovasculares o coronarios en un tiempo determinado en función de la presencia o ausencia de distintos factores de riesgo. Los riesgos se construyen en base a un tipo especial de estudio de cohorte: las reglas de predicción clínica (RPC).
La validez y aplicabilidad de una RPC para una determinada población requiere en primer lugar la construcción de la misma en una cohorte mediante un análisis multivariante y posteriormente un proceso de validación, primero en la población de origen y a continuación en diferentes poblaciones en las que se quiere aplicar la regla (170). En la actualidad se dispone de la ecuación REGICOR (llamada también Framingham calibrada), que es la regla que cuenta con una mayor validación en nuestra población (171-173).
Existe una función de riesgo exclusiva para pacientes diabéticos basada en los resultados del estudio UKPDS (174). Tiene la ventaja de considerar los años de evolución de la diabetes y los niveles de HbA1c como factores de riesgo independientes y proporcionar, además del riesgo coronario, el riesgo de ACV. Cuando esté validada en nuestra población (175; 176) puede constituir una herramienta muy útil para la educación y la prevención cardiovascular.
El estudio VERIFICA (173), realizado sobre 5.732 pacientes, de los cuales 941 (16,4%) eran diabéticos, no encontró diferencias significativas entre la tasa de eventos esperados por la ecuación calibrada de Framingham con los realmente observados en el seguimiento de la cohorte en las diferentes categorías de riesgo. La población del estudio era relativamente joven (media de 56,3 años) por lo que probablemente la diabetes fuera de evolución relativamente corta.
La ecuación REGICOR es la que se recomienda para el cálculo del riesgo coronario en la población diabética en nuestro medio. El anexo 5 recoge las tablas de riesgo REGICOR.
No existen estudios realizados en población general diabética sobre la eficacia del cribado de la cardiopatía isquémica. Se ha localizado un único ECA piloto (177), en población muy seleccionada, que valora la eficacia del cribado de la cardiopatía isquémica en 144 pacientes con DM 2 de alto riesgo, sin enfermedad cardiaca y asintomáticos; de entre 46 y 75 años. Los pacientes presentaban al menos dos factores de riesgo: 1) colesterol total ≥240 mg/dl o HDL <35 mg/dl o tratamiento farmacológico, 2) presión arterial ≥140/90 mmHg o tratamiento farmacológico, 3) fumadores activos, 4) albuminuria ≥30 mg/24 h, 5) historia familiar de cardiopatía isquémica en familiar de primer grado menor, antes de los 55 años en varones y de los 65 años en mujeres. Fueron aleatorizados al grupo de cribado (prueba de esfuerzo y ecocardiografía de estrés con dipiridamol) frente a la no intervención. Durante el periodo de seguimiento (53 meses) se observaron menos eventos cardiacos (infarto, muerte cardiaca y angina) en el grupo asignado al cribado, [OR 0,22 (IC 95%: 0,07-0,93)], a expensas de los eventos mayores (infarto y muerte cardiaca). El estudio tiene algunas limitaciones, como son el pequeño número de pacientes y de eventos, la imposibilidad de realizar la prueba de esfuerzo en bastantes pacientes y la generalización limitada (pacientes de alto riesgo procedentes de un centro especializado). Los autores del estudio proponen el cribado mediante ecocardiografía de estrés, debido a su alta sensibilidad (85%) y especificidad (93%), y a su coste aceptable. La prueba de esfuerzo no puede realizarse en muchos pacientes diabéticos, especialmente en los de riesgo cardiovascular alto, por la presencia de hipertensión grave, retinopatía hemorrágica, enfermedad vascular periférica u obesidad.
Se necesitarían más estudios con mayor número de pacientes para poder realizar una recomendación firme sobre esta cuestión.
La decisión de prescribir ácido acetil salicílico (AAS) en la prevención primaria de pacientes con DM 2 debería tener en cuenta el beneficio del fármaco en la disminución de eventos cardiovasculares y el riesgo de efectos adversos (fundamentalmente, hemorragia digestiva y cerebral).
Los resultados de un metaanálisis de ECA en prevención primaria muestran que el beneficio de la aspirina está claramente relacionado con el RCV basal (178), de forma que los pacientes de mayor RCV basal son los que más se benefician del tratamiento. El metaanálisis incluye cinco ECA en prevención primaria que, a su vez, incluyen una minoría de pacientes diabéticos (entre el 2% y el 17%); los estudios HOT (179) y PPP (180) son los que incluyen más pacientes diabéticos (8% y 17%, respectivamente, frente al 2% en el resto de los estudios). No obstante, el metaanálisis no proporciona datos acerca de la eficacia de aspirina en el subgrupo de pacientes diabéticos.
La guía SIGN, en base a los resultados de este (178) y otro metaanánalisis (181), ha determinado el valor de corte de riesgo cardiovascular superior al 15% para plantearse la prevención primaria con AAS (182).
El único estudio específico sobre AAS en DM es el estudio ETDRS (183), que incluyó 3.711 pacientes con DM tipos 1 y 2 con retinopatía, la mitad de ellos en prevención secundaria. En estos pacientes el tratamiento con aspirina durante siete años no redujo la incidencia de IAM, ACV o muerte cardiovascular.
Un metaanálisis sobre la eficacia de aspirina frente a placebo en prevención primaria (184), incluyó un total de nueve ECA que aportaban datos en pacientes diabéticos. En este subgrupo no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la incidencia de eventos vasculares graves (IAM no fatal, ictus no fatal o muerte de origen vascular), [RRR 7% (IC 95%: -1% a +15%)].
Posteriormente se han publicado dos ECA en prevención primaria que incluyen pacientes diabéticos.
En el análisis del subgrupo de población diabética del PPP (180) (1.031 diabéticos de edad ≥50 años sin enfermedad cardiovascular previa), se observó una pequeña reducción no significativa de eventos vasculares graves [RR 0,90 (IC 95%: 0,50-1,62%)], mucho menor a la observada en la prevención primaria de pacientes con otros factores de riesgo, donde sí se observó una reducción significativa del riesgo (185). Los autores argumentan que, debido a las limitaciones del estudio (abierto y limitado número de pacientes, ya que fue interrumpido prematuramente), los resultados no son concluyentes.
En otro ECA realizado en prevención primaria en mujeres (186), que incluía aproximadamente un 10% de mujeres diabéticas, se observó una reducción de ACV, pero no de IAM ni de la variable principal de eventos cardiovasculares.
Los ECA y metaanálisis son consistentes en cuanto al incremento de riesgo de sangrado con el tratamiento con aspirina (178; 184).
En lo que se refiere a pacientes diabéticos con microalbuminuria —población con mayor mortalidad cardiovascular que la población diabética sin microalbuminuria—, en un ensayo clínico se observó que un tratamiento intensivo, de larga duración y que incluía modificaciones de hábitos y tratamiento plurifarmacológico (AAS y estatinas, entre otros), era beneficioso en estos pacientes (108).
En la evaluación de la evidencia se han considerado tres RS (187-189) y dos ensayos clínicos posteriores (190; 191).
Las revisiones (187; 188) incluyen pacientes no diabéticos y diabéticos y realizan un análisis de subgrupos en estos últimos.
La primera RS (187) incluye cuatro ECA en prevención primaria (AFCAPS, ALLHAT-LLT, HHS, ASCOT-LLA) y dos en poblaciones mixtas (PROSPER y HPS). Encontró una diferencia de riesgos en la variable principal (resultado combinado de mortalidad cardiovascular, infarto, ACV y mortalidad global) favorable al tratamiento con estatinas [RAR -0,03 (IC 95%: -0,04 a -0,01)]. Los resultados están muy influenciados por el estudio HPS, realizado en pacientes de alto riesgo.
La segunda RS (188) incluye los mismos estudios, pero la variable estudiada son eventos coronarios (mortalidad de causa coronaria, infarto de miocardio no fatal o revascularización coronaria), con un efecto favorable al tratamiento con estatinas [RR 0,79 (IC 95%: 0,7-0,89) NNT 37 (24-75) a 4,5 años].
La tercera revisión (189) analiza el efecto de los fibratos exclusivamente y combina ensayos realizados únicamente en diabéticos con otros ensayos que tienen poblaciones mixtas (diabéticos y no diabéticos), si bien realiza análisis de subgrupos en diabéticos. También combina estudios de prevención primaria con estudios de prevención secundaria. El resultado global de la revisión (combinando todos los estudios) es un riesgo relativo para eventos coronarios de 0,84 (IC 95%: 0,74-0,96). Analizando sólo los estudios de prevención primaria, obtiene un HR favorable a los fibratos de 0,79 (NNT 26 a los 10 años), aunque no aporta intervalos de confianza y en uno de los estudios de prevención primaria los diabéticos son un subgrupo.
El estudio FIELD (192), incluido en la revisión sistemática, es el único ensayo clínico realizado con fenofibrato en población diabética tipo 2 en prevención primaria y secundaria, con valores de HDL bajos (38,5 mg/dl) y triglicéridos ligeramente elevados (170 mg/dl). Incluye un 22% de pacientes con enfermedad cardiovascular previa. No se observaron diferencias en la variable principal del estudio (mortalidad coronaria o IAM no fatal), aunque sí en una variable secundaria de eventos cardiovasculares globales totales, a expensas sobre todo de IAM no mortales y procedimientos de revascularización. Estas diferencias en la variable secundaria fueron más evidentes en los pacientes en prevención primaria. Hay que reseñar, no obstante, que el 19,2% de los pacientes asignados al grupo de fenofibrato y el 36% del grupo control comenzaron a tomar estatinas a lo largo del estudio. Por otro lado, se produjo un aumento significativo de efectos adversos, NNH de 250 para embolismo pulmonar y de 330 para pancreatitis.
Los dos ECA posteriores, realizados en pacientes con DM 2 con niveles de colesterol no demasiado elevados (LDL colesterol menor de 160 mg/dl) muestran resultados diferentes (190; 191). El estudio CARDS (190) realizado en prevención primaria se detuvo prematuramente (4) al observarse una disminución en el resultado principal (variable combinada de evento coronario agudo, revascularización coronaria o ACV) favorable a atorvastatina [HR 0,63 (IC 95%: 0,48-0,83); NNT a los 4 años de 27 (IC 95%: 20-62)]. Los pacientes incluidos eran diabéticos entre 40 y 75 años, sin enfermedad cardiovascular previa, con niveles moderados de LDL colesterol, y con al menos uno de los factores de riesgo siguientes: HTA, retinopatía, tabaquismo, o micro- o macroalbuminuria. Es necesario señalar que los resultados de este estudio plantean problemas de aplicabilidad para países como el nuestro, con menor riesgo de enfermedad coronaria, en los que el número necesario de pacientes a tratar para prevenir un evento cardiovascular sería netamente superior (en el estudio CARDS, con una tasa de eventos del 9% en el grupo control, el NNT fue 14; asumiendo una tasa del 4% en nuestro medio, el NNT sería 40).
El segundo ECA presenta sesgos (191) y no permite extraer conclusiones firmes. Fue diseñado inicialmente como prevención secundaria y luego se incluyeron pacientes de prevención primaria. No se encontraron diferencias en el resultado principal entre atorvastatina y placebo.
Por otro lado, el tratamiento con estatinas conlleva un ligero aumento del riesgo de enfermedad hepática (193-195). No obstante, las estatinas son razonablemente seguras a dosis bajas-moderadas. Se consideran dosis moderadas: atorvastatina 10 mg/día, simvastatina 40 mg/día o equivalente.
| 1+/- | No existe suficiente evidencia sobre la eficacia del cribado de la cardiopatía isquémica en la reducción de la morbimortalidad coronaria en la población general diabética. En pacientes de riesgo se requieren estudios adicionales (177). |
| 2+ | La población diabética general tiene mayor riesgo coronario que la población general (22; 156-163; 166), pero dicho riesgo es inferior al de la población con antecedentes de cardiopatía isquémica (156; 158-169). |
| 2+ | La población diabética de más de 15 años de evolución (159; 160; 162; 168) tiende a igualar su riesgo coronario con el de la población con una cardiopatía isquémica previa. El riesgo es mayor para las mujeres (155-159). |
| 2+ | La ecuación de REGICOR es la tabla de riesgo con mayor validación en la población general y diabética española (173). |
| 1+ | El AAS no redujo la incidencia de IAM, ACV o muerte cardiovascular en un ECA en pacientes con DM tipos 1 y 2 con retinopatía, la mitad de ellos en prevención secundaria (183). |
| 1+ | En prevención primaria, el beneficio del AAS depende del riesgo cardiovascular basal (178). En un metaanálisis sobre la eficacia de AAS en prevención primaria (184) no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la morbilidad cardiovascular en el subgrupo de pacientes diabéticos. |
| 1+ | Dos ECA posteriores en prevención primaria (180; 186) muestran resultados contradictorios en el subgrupo de pacientes diabéticos. Sólo el estudio realizado en mujeres (186) mostró resultados favorables en la reducción de ACV, aunque sin diferencias en la enfermedad coronaria ni en el conjunto de eventos cardiovasculares. |
| 1+ | El AAS aumenta el riesgo de sangrado en la población diabética (178; 180; 184; 186). |
| 1+ | En los pacientes diabéticos con microalbuminuria, un ECA observó que un tratamiento intensivo con modificaciones de hábitos, control glucémico estricto y tratamiento agresivo farmacológico (que incluyó AAS y estatinas) redujo la morbimortalidad cardiovascular (108). |
| 1++ | Las estatinas reducen los eventos coronarios (188) y cardiovasculares (190). Atorvastatina a dosis de 10 mg es eficaz en reducir los eventos cardiovasculares en prevención primaria en pacientes diabéticos tipo 2 sin enfermedad CV previa, con colesterol-LDL menor de 160 mg/dl y con un factor de riesgo adicional (equivalente a un riesgo coronario moderado): HTA, retinopatía, micro- o macroalbuminuria o tabaquismo (190). |
| 1+ | En un ECA realizado con fenofibrato en pacientes con DM 2 en prevención primaria y secundaria con cifras de c-HDL bajas y triglicéridos ligeramente elevados no se observaron diferencias en la variable principal del estudio (mortalidad coronaria e IAM no mortal) ni en la supervivencia global, aunque sí en una variable secundaria de eventos cardiovasculares totales (sobre todo a expensas de procedimientos de revascularización) (189). |
| D | La evidencia localizada no permite realizar una recomendación a favor del cribado de la cardiopatía isquémica en la población diabética general asintomática. Se requieren más estudios en poblaciones seleccionadas de alto riesgo. |
| C | No se recomienda tratar a la población diabética general con las mismas medidas que a la población que ha sufrido un IAM. |
| C | Cuando sea necesario utilizar una tabla de riesgo para el cálculo del riesgo coronario en pacientes diabéticos, se recomienda utilizar las tablas del proyecto REGICOR. |
| C | En pacientes diabéticos de más de 15 años de evolución, especialmente si son mujeres, se recomienda considerar un tratamiento con AAS y estatinas, debido a su alto RCV. |
| B | Se recomienda el tratamiento con estatinas en diabéticos con riesgo coronario ≥10% según la tabla REGICOR. |
| D | Se puede considerar el tratamiento con aspirina en diabéticos con riesgo coronario ≥10% según la tabla REGICOR. |
| B | En pacientes diabéticos tipo 2 con riesgo cardiovascular ≥10% en la tabla REGICOR y en los que las estatinas estén contraindicadas o no se toleren, puede considerarse la administración de fibratos. |
La GPC NICE sobre nefropatía diabética recomienda cifras de presión arterial (PA) de 140/80 mmHg para la población diabética general. Múltiples GPC sobre el área cardiovascular discrepan de estas cifras y recomiendan cifras que oscilan entre 130-140 mmHg para la PAS y 80-90 mmHg para la PAD. Esta variabilidad puede explicarse por la diferente evaluación e interpretación de la limitada evidencia sobre este tema.
No existen ensayos de calidad con un diseño específico y elección de variables de resultado adecuadas para responder de forma clara a esta cuestión. Los dos principales estudios que se citan habitualmente por GPC y consensos son el estudio UKPDS 38 (196) y el HOT (179). El equipo redactor de esta GPC no ha considerado el estudio ABCD (197) por su baja calidad. En el estudio UKPDS 38, los pacientes asignados a un control estricto de la PA (objetivo: <150/85 mmHg; alcanzado: 144/82 mmHg) presentan menos riesgo de padecer cualquier evento relacionado con la diabetes [RR 0,76 (IC 95%: 0,62-0,92)] y una menor mortalidad relacionada con la diabetes [RR 0,68 (IC 95%: 0,49-0,94)] que los pacientes asignados a un control menos estricto de la PA (objetivo: <180/105 mmHg; alcanzado: 154/87 mmHg). Un análisis no preespecificado de los pacientes diabéticos del ensayo HOT muestra que hay diferencias en el subgrupo asignado a una PA diastólica objetivo inferior a 80 mmHg (valor alcanzado 81 mmHg en la población general) frente al subgrupo asignado a una PA diastólica objetivo inferior a 90 mmHg. Aunque no hay diferencias en la mortalidad total, los pacientes con un objetivo de control menos estricto de la PA tienen un riesgo aumentado de mortalidad cardiovascular [RR 3,0 (IC 95%: 1,28-7,08)].
Un metaanálisis (198) sugiere que hay evidencia limitada de que el control intensivo de la PA frente a un control menos intensivo puede ser más beneficioso en la población diabética que en la no diabética.
En una revisión reciente (199) se concluye que la evidencia es escasa para recomendar una cifra concreta y los autores se inclinan por cifras de 140 mmHg de PAS y de 80 mmHg de PAD.
Las GPC se diseñan para ayudar a profesionales y pacientes en la toma de decisiones. El equipo elaborador de esta GPC está de acuerdo con la necesidad de formular recomendaciones realistas basadas en la mejor evidencia y que puedan conseguirse en la práctica clínica (110). Las evaluaciones sobre el grado de control de las cifras de PA en nuestro medio en pacientes hipertensos con diabetes muestran que menos del 15% de los pacientes alcanzan cifras de PAS y PAD inferiores a 135/80 mmHg (8; 200).
Los beneficios del tratamiento antihipertensivo observados en la subpoblación diabética de los grandes ensayos no difieren de los de la población general (198).
El ensayo ALLHAT (201), en el que el análisis de la población diabética estaba previsto al inicio del estudio, es el ensayo que ha incorporado mayor número de diabéticos (13.101 pacientes). No se observaron diferencias entre clortalidona vs. lisinopril o clortalidona vs. amlodipino en la variable de resultado principal de enfermedad cardiocoronaria. En la única variable donde hubo diferencias significativas fue en la variable secundaria de insuficiencia cardiaca, en la que clortalidona fue superior a amlodipino [RR 1,39 (IC 95%: 1,22-1,59)] y a lisinopril [RR 1,15 (IC 95%:1,00-1,32)].
Para los antagonistas del calcio disponemos, además del estudio ALLHAT, de algunos estudios pequeños y de baja calidad (202; 203), realizados en población exclusivamente diabética, en los que éstos presentan resultados desfavorables en morbimortalidad cardiovascular comparados con los IECA.
En el análisis del subgrupo de diabéticos del ensayo INSIGHT (204) no hubo diferencias entre el diurético (hidroclorotiazida/amilorida) y nifedipino GITS en la variable de resultado principal de morbimortalidad cardiovascular. Por otra parte, los resultados de dos metaanálisis (198; 205) si bien de baja calidad, son consistentes en cuanto a resultados desfavorables de antagonistas del calcio en la variable de resultado de insuficiencia cardiaca frente a tratamiento convencional (diurético/betabloqueante) [OR 1,33 (IC 95 %: 1,17- 1,50)] o IECA/ARA II [OR 1,43 (IC 95 %:1,10-1,84)] (205).
En cuanto a los ARA II, las evidencias se derivan del subgrupo de diabéticos del ensayo LIFE (206), realizado en pacientes con hipertrofia del ventrículo izquierdo (HVI) y alto riesgo cardiovascular, en el que losartán redujo la morbimortalidad cardiovascular en mayor medida que atenolol, aunque este fármaco no era el comparador más adecuado a la luz de las evidencias actuales (207). Resulta difícil extraer conclusiones prácticas del estudio más allá de que losartán es preferible a atenolol en estos pacientes.
Recientemente se ha publicado el estudio ONTARGET que incluye un 38% de pacientes diabéticos; telmisartán fue similar a ramipril 10 mg en la prevención de muerte por causas cardiovasculares (208).
Los resultados del ensayo LIFE, junto con las últimas evidencias en forma de revisiones sistemáticas en población general (208), sugieren no recomendar los betabloqueantes como tratamiento de la HTA en DM 2 a no ser que haya otras indicaciones firmes para su uso, como la presencia de cardiopatía isquémica o de insuficiencia cardiaca.
La asociación de perindopril con indapamida redujo la incidencia de eventos (variable agregada de eventos micro- y macrovasculares) en pacientes con DM 2 (209).
Por último, el ensayo HOPE muestra que añadir ramipril 10 mg al tratamiento convencional de pacientes diabéticos mayores de 55 años con otro factor de riesgo cardiovascular, incluida la HTA, reduce la morbimortalidad cardiovascular (210).
En cuanto a resultados renales, la lenta progresión de la enfermedad renal requeriría de ensayos a largo plazo con gran número de pacientes para poder identificar los beneficios clínicos, de ahí que normalmente se utilicen variables de resultado intermedias, como el paso de microalbuminuria a macroalbuminuria o la duplicación de la creatinina sérica, para valorar la progresión de la nefropatía. La mayoría de los pacientes diabéticos tipo 2 con microalbuminuria o o sin ella fallecerán antes por causas cardiovasculares que por causas renales. De hecho, el mayor beneficio de tratar a estos pacientes se obtiene de la reducción de eventos cardiovasculares (211).
Una revisión Cochrane (212) concluye que sólo los IECA han demostrado prevenir el desarrollo de microalbuminuria (NNT 25), si bien no está claro que existan efectos diferenciadores con otros antihipertensivos, a excepción de los antagonistas del calcio, que en esta revisión se muestran inferiores a los IECA.
Por otra parte, los efectos nefroprotectores independientes de IECA o ARA II, más allá de la reducción de PA, han sido cuestionados por un metaanálisis reciente (213). Tampoco en el ensayo ALLHAT, tras un seguimiento de 4,9 años, se observaron diferencias entre lisinopril, amlodipino y clortalidona en las variables de resultado renales, con las limitaciones de que la nefropatía no era el objetivo principal del estudio y que los pacientes fueron seleccionados por presentar un riesgo cardiovascular alto (214).
| 1+ | Hay evidencia limitada de que un control intensivo de PA sea más beneficioso en población diabética que en población no diabética (179; 196). |
| 1+ | En el subgrupo de pacientes hipertensos con DM 2, disminuir la PA diastólica a menos de 80 mmHg comporta una disminución de la morbimortalidad cardiovascular (179). |
| 1++ | No hay diferencias significativas en mortalidad cardiovascular en diabéticos hipertensos tratados con clortalidona, amlodipino o lisinopril (201). Clortalidona se ha mostrado más eficaz que lisinopril y amlodipino en la prevención de insuficiencia cardiaca. |
| 1+/- | Los IECA se muestran más eficaces que los antagonistas del calcio en la prevención de la morbimortalidad cardiovascular (202; 203). |
| 1+ | Los ARA II no son superiores a los IECA en la reducción de mortalidad CV en personas diabéticas (208). |
| 1++ | En pacientes diabéticos hipertensos de 55-80 años y con signos electrocardiográficos de HVI, losartán reduce en mayor medida la morbimortalidad cardiovascular que atenolol (206). |
| 1++ | En pacientes diabéticos mayores de 55 años con otro factor de riesgo cardiovascular (incluida la HTA), ramipril 10 mg, añadido al tratamiento convencional, reduce la morbimortalidad cardiovascular (210). |
| 1++ | Los IECA son más eficaces que placebo y que los antagonistas del calcio para prevenir la aparición de microalbuminuria(212). |
| B/D | Los pacientes con HTA esencial y DM 2 sin nefropatía deberían recibir tratamiento para bajar su presión arterial (PA) hasta conseguir una presión arterial diastólica (PAD) <80 mmHg (B) y una presión arterial sistólica (PAS) <140 mmHg (D). |
| A | Los pacientes hipertensos con DM 2 sin nefropatía deberían ser tratados en primer lugar con un inhibidor del enzima conversor de la angiotensina (IECA) o una tiazida; o ambos cuando sea necesario para el control de la tensión arterial. Los antagonistas del calcio dihidropiridínicos son el tratamiento alternativo. |
| BGPC | No se recomiendan los betabloqueantes a no ser que haya otra indicación firme para su uso, como la cardiopatía isquémica o la insuficiencia cardiaca. |
Última actualización: 27 de noviembre de 2008

