El manejo intrahospitalario de un niño o una niña con infección del tracto urinario (ITU) febril ha sido la práctica habitual durante las últimas décadas, fundamentada en una doble vertiente: controlar las complicaciones infecciosas graves y evitar el establecimiento de daño renal permanente. Se partía del postulado de que el tratamiento antibiótico precoz y endovenoso podía representar una ventaja para el rápido control de la infección, disminuyendo el riesgo de complicaciones agudas y de secuelas renales parenquimatosas permanentes.
El ingreso hospitalario de un niño o una niña debe considerarse en aquellas situaciones en que sea estrictamente necesario y suponga un claro beneficio para su salud. No se trata solo de consideraciones económicas de eficiencia, sino de minimizar el impacto psicológico, disminuir la alteración de la dinámica familiar y evitar los riesgos de infecciones nosocomiales asociadas a cualquier ingreso hospitalario en una planta de pediatría. Por tanto, es lógico establecer estrategias de manejo ambulatorio de cualquier patología infantil si el ingreso intrahospitalario no supone un claro beneficio para el paciente.
Diferentes ensayos clínicos han mostrado recientemente que el tratamiento antibiótico oral de un niño o de una niña con infección urinaria febril es tan eficaz como el tratamiento endovenoso en cuanto al control clínico y bacteriológico de la infección en fase aguda y en cuanto a la protección frente a la aparición de cicatrices renales111,122-124. A partir de estos datos, la recomendación del ingreso hospitalario para el control de los pacientes en edad pediátrica con ITU febril se ha ido restringiendo 6,11,41,125.
Para delimitar los criterios de ingreso hospitalario en pacientes pediátricos con infección urinaria febril, el GEG se ha centrado en 3 aspectos básicos: el riesgo de bacteriemia, el riesgo de alteración funcional renal y el riesgo de mal control terapéutico.
| √ | Se recomienda el ingreso hospitalario de un niño o una niña con infección urinaria febril que cumpla con alguno de los siguientes criterios: — Edad menor de 3 meses. — Afectación del estado general, aspecto tóxico. — Vómitos o intolerancia a la vía oral. — Deshidratación, mala perfusión periférica. — malformaciones del sistema urinario: rVU, uropatía obstructiva, displasia renal, riñón único. — Cuidados deficientes o dificultad para el seguimiento. — Inmunodeficiencia primaria o secundaria. — Alteraciones electrolíticas o de la función renal. |
| √ | Puede considerarse el ingreso hospitalario, aunque pueden tratarse de forma ambulatoria bajo vigilancia, los niños y las niñas con infección urinaria febril si presentan alguno de los siguientes factores: — Fiebre elevada (≥ 38,5 ºC) en niños o niñas de 3 a 6 meses de edad. — Persistencia de la fiebre tras 48 horas de tratamiento. — Factores de riesgo de germen no habitual (antibioterapia reciente, hospitalización reciente, cateterismo). — Historia familiar de rVU o ecografia prenatal con hidronefrosis congenita. — Infecciones urinarias febriles de repetición. — Elevación importante de los reactantes de fase aguda. |
| √ | En todos los demás casos se recomienda el manejo ambulatorio del paciente. |
Criterios adaptados de la GPC del NICE sobre manejo y evaluación del niño y niña febril 126.
Última actualización: abril 2012


