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Nota: Han transcurrido más de 5 años desde la publicación de esta Guía de Práctica Clínica y está pendiente su actualización. Las recomendaciones que contiene han de ser consideradas con precaución teniendo en cuenta que está pendiente evaluar su vigencia.

APRENDIENDO A CONOCER Y VIVIR CON LA EPOC

¿Cómo respiramos?

Para entender porqué se desarrolla la EPOC es importante saber cómo es el proceso de la respiración y cuál es el papel que realizan los pulmones.

El sistema respiatorio está formado por las vías respiratorias que son las fosas nasales, la faringe, la laringe, la tráquea, los bronquios y los bronquiolos.

La tráquea es un conducto de unos doce centímetros de longitud. Está situada delante del esófago. Los bronquios son los dos tuvos en que se divide la tráquea. Penetran en los pulmones, donde se ramifican multitud de veces, hasta llegar a formar los bronquiolos. Estos termina en minúsculos saquitos de aire, o alvéolos, rodeados de capilares.

Los pulmones son dos órganos esponjosos de color rosado y se encuentran situados a ambos lados del corazón, protegidos por las costillas. Cada pulmón se divide en lóbulos. El pulmón derecho tiene tres lóbulos y el pulmón izquierdo sólo tiene dos, para que quepa el corazón. Están recubiertos por una capa de tejido protector (la pleura) que los protege del roce con las costillas.

La función de los pulmones es la de ayudarle a respirar y para ello hay que tener en cuenta dos actividades. El cuerpo humano está formado por millones de células que para funcionar correctamente necesitan oxígeno. Al coger aire o inspirar, los pulmones transfieren oxígeno a la corriente sanguínea, para que sea enviado a todo el cuerpo. Pero, a su vez, en el torrenge sanguíneo también se encuentra el dióxido de carbono, que es un producto de deshecho del organismo y que debe ser eliminado con regularidad. Cuando expulsamos el aire o exhalamos los pulmones eliminan este deshecho.

El correcto funcionamiento de nuestro organismo requiere que el oxígeno penetre en la sangre y que el dióxido de carbono abandone la sangre a un ritmo regular. Es en los alvéolos donde se realiza este intercambio. Cuando los alvéolos se llenan con el aire inhalado, el oxígeno se difunde hacia la sangre de los capilares, que es bombeada por el corazón hasta todos los tejidos del cuerpo. El dióxido de carbono se difunde desde la sangre a los pulmones, desde donde es exhalado.

Parece complejo pero la respiración se lleva a cabo sin que tengamos que pensar conscientemente acerca de ello. Los alvéolos son elásticos. Cuando respiramos, cada uno de ellos se llena de aire como un globo pequeño. Cuando exhalamos, se desinflan y el aire sale.

 

 

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Última actualización: marzo de 2014

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